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  • Remataron en US$35.000 una oficina del edificio de la city donde se movía el dinero del crimen

    » La Nacion

    Fecha: 02/03/2026 06:40

    Es un monoambiente de 30 m² en Florida 520; desde allí, el contador Diego Xavier Lospennato armó la logística financiera de las principales organizaciones narco del país y de la región - 7 minutos de lectura' El aviso sobre la subasta era escueto: El inmueble se ubica en el segundo piso y consiste en un ambiente único con un mueble divisorio-biblioteca; posee dos grandes ventanas al pulmón del edificio y baño completo. Cuenta con un equipo de aire acondicionado instalado. El estado del inmueble es bueno. Se encuentra desocupado y sin uso. Su historia, en cambio, guarda algunos de los más íntimos secretos del crimen organizado de los últimos quince años: esta oficina, de 30 metros cuadrados, vaciada, abandonada, aunque lista para su uso casi inmediato, forma parte del edificio de la peatonal Florida 520, casi Lavalle, a solo ocho cuadras de la Casa Rosada. Desde allí, en el corazón de la City, Diego Xavier Guastini, alias Dolarín, se erigió en el último capo del narcolavado en la Argentina. Recientemente, la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) remató esta oficina, la unidad funcional 82. El inmueble cuenta con entrada tanto por Florida como por Lavalle. Con un precio base de 35.070 dólares, una mujer de alrededor de 39 años, con un solo lance y ante la inexistencia de otras propuestas, se lo terminó quedando por 35.670 dólares, es decir, a razón de 1189 dólares por metro cuadrado. Una oportunidad poco frecuente para el microcentro porteño. El Estado deberá entregárselo en estos días, para su posesión. En carpeta existe otra subasta pública: se trata de la unidad funcional 105, de 62 metros cuadrados, con un precio base de 66.192 dólares. Otra oportunidad para aventurados. La jueza Sabrina Namer, en representación del Tribunal Oral en lo Penal Económico (TOPE) N°1 porteño, ordenó decomisar esos y otros once activos de aquel multifacético arrepentido del narcotráfico internacional al que, según el fallo al que accedió LA NACION, alguien muy poderoso ordenó callarlo para siempre la mañana del 28 de octubre de 2019, a la vuelta de la Municipalidad de Quilmes. Para ese momento, Guastini, caído en desgracia, estaba entregando a quienes lo habían ayudado a llegar a lo más alto: financistas, barrabravas y narcotraficantes, pero también policías, espías y fiscales. Él ya había firmado un juicio abreviado por 3 años de prisión en suspenso. El trato era claro: no pisaría la cárcel, pero aportaría información clave para caer sobre los capomafia del crimen organizado local con todo el peso de la ley. Luego de firmada la sentencia, siguió entregando información. Siempre apuntando hacia arriba. Él mismo sabía que era insostenible salir bien librado de eso. Tan poderoso era quien ordenó asesinarlo en plena vía pública, en el centro de una de las principales ciudades del conurbano, que el sicario contratado actuó a cara descubierta. Testigos aportaron datos para confeccionar un identikit. Las cámaras de seguridad registraron sus movimientos previos y posteriores. Él reía. Sigue riendo en algún lugar. Los detectives nunca pudieron individualizarlo. Y al único que pudieron detener como supuesto cómplice, por haberlo ayudado a escapar de la escena del crimen, lo absolvió un jurado popular en un proceso de poca publicidad. Las otras cuevas Tras esta primera subasta, quedan 9 unidades funcionales a rematar en el edificio de Florida 520; aunque quienes caminaron por esos pasillos dicen que todo el inmueble era de Dolarín. Al principio, allí atendía Walter Perrotta, un empresario de la gastronomía que un día decidió saltar al mundo de las mesas de dinero, los tickets canasta y la compra de saldos de tarjeta de crédito. Tras su muerte, un viejo colaborador suyo, el peruano Miguel Ángel García Ramos, quiso quedar al frente, pero uno de los más jóvenes empleados, Guastini, recién graduado de contador, se impuso a la fuerza: le secuestró a la familia hasta que aflojó. Al final, Dolarín terminó convirtiendo esa vieja financiera en la primera oficina privada de la Argentina al servicio del crimen organizado. La oficina de Florida ofrecía varios servicios: el contrabando de divisas entre América y Europa, con el que se ganó su mejor apodo, Dolarín; el armado de sociedades para lavar activos y la operatoria para cargamentos de cocaína, aunque él decía que solo tocaba plata. Durante una década, y desde esa cueva como base de operaciones, Guastini llegó a trabajar con clanes como los Loza famosos por haber comprado una de las Ferrari de Diego Armando Maradona, el peruano Carlos Atachahua Espinoza y otros del mercado local, y con el clan Nirta una de las familias más importantes de la Ndrangheta, la Oficina de Envigado (el brazo armado de Pablo Escobar y su Cartel de Medellín en los años ochenta). Incluso llegó a viajar en 2012 a Culiacán para conocer a Joaquín Chapo Guzmán, uno de los dos líderes del prácticamente inexistente Cartel de Sinaloa. Desde allí, además, Guastini hizo llegar a la velocidad de la luz el dato para ejecutar, en diciembre de 2013, la operación Leones Blancos y el robo de media tonelada de cocaína que, diez años después, hizo caer al exfiscal de San Isidro Claudio Scapolan. Y, ahora mismo, uno de sus amigos en la bonaerense, el subteniente Adrián Gonzalo Baeta, alias Palermo, enfrenta un pedido de 17 años de prisión por haber tomado parte de esa causa armada. Ese era su cuarto servicio prestado: la venta de información a la Secretaría de Inteligencia (SIDE) y a la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Baeta fue de los primeros en llegar a la escena del crimen de Guastini. En su celular tenía una foto de la lápida. Él siempre negó cualquier relación con el final de su amigo. Los homicidios de la Oficina de Florida El TOPE N°1 también ordenó recuperar dos unidades funcionales de la calle Lavalle 658, a nombre de una mujer, y un departamento en el Hotel Faena, en la avenida Juana Manso 1490, de Puerto Madero, que compró a través de una financiera. Y, por último, la unidad funcional 9, piso 4, de San Martín 543, que era de Hugo Díaz, el financista desaparecido el 9 de marzo de 2015. Si bien los investigadores lo buscaron por todos lados y, recientemente, un juzgado en lo civil y comercial lo declaró ausente con presunción de fallecimiento, LA NACION pudo reconstruir que lo mataron aquel día en alguna de las oficinas de la cueva financiera de Guastini. No fue el único crimen relacionado con la oficina de Florida: se suman el colombiano Alberto Mejía, alias Papo; el argentino Christian Quinteros, alias Gordo Tita, y su mujer, Anabella Blumetti, y el español David Ávila Ramos, alias Maradona, aunque este al otro lado del océano Atlántico, el mediodía del 12 de mayo de 2018, a la salida de la comunión de su hijo en la Iglesia Virgen del Rocío, en San Pedro Alcántara, en la Costa del Sol española. El motivo: los vuelcos de droga así les dicen a los robos de cargamentos contra la Oficina de Envigado. Por las manos de Dolarín pasaron, para sí y para terceros, US$30 millones. Solo contando los activos registrados en los expedientes. Pero, según sus propias palabras como arrepentido, la Oficina de Florida movía entre 5 y 6 millones de euros cada 90 días. Y eso hay que multiplicarlo por los años en los que sirvió. La Argentina ya decomisó 27 propiedades de la oficina de Florida. El proceso de subasta recién empezó. A eso se suman los 1.524.715 euros y 1.443.030 dólares que los valijeros perdieron solo entre diciembre de 2012 y mayo de 2014 en diversos aeropuertos. Son muchos los activos recuperados en favor del Estado. Y aún falta la joya de la corona: Abbott, una quinta con secretos enterrados. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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