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» Clarin
Fecha: 02/03/2026 06:30
Carlos Martínez tiene 88 años y trabaja en una galería en Villa Urquiza desde hace 44. Describe un cambio que, según su mirada, se intensificó en el último tiempo: La gente prefiere arreglar su ropa. Esto es, sacar del placard la ropa que tenían guardada hace 15 o 20 años y actualizarla. Un hábito cultural que resiste el consumo rápido incubado en Shein y Temu. El taller tiene trabajo acumulado. En este momento estoy abarrotado de ropa para arreglar, graficó el jubilado que piensa seguir trabajando hasta donde pueda. Los pedidos van desde ruedos y ensanches de pantalones que quedaron chicos hasta actualizaciones de corte. Vienen para todo, hasta sábanas, aseguró. Para él, la explicación es directa: Quieren comprar, pero no pueden porque la ropa está muy cara. En Recoleta, Héctor Mercado (80) lleva más de la mitad de su vida dedicado a la sastrería. Llegó de Malargüe en los años 60 y terminó detrás del mostrador. Afuera de Peña al 2908, los carteles siguen anunciando Zurcidos, reformas para damas y caballeros. Sobre el presente del rubro, es cauto. Se vino abajo un poco porque la gente ya no tiene el poder adquisitivo que tenía antes, dice. Aun así, mantiene una clientela que identifica como de mayor poder adquisitivo, que viste prendas de mejor calidad y continúa usando trajes. Para Héctor, el arreglo no siempre responde a la necesidad económica. En algunos casos es una forma de preservar prendas valiosas. Es una alegría ayudar a las personas a sentirse bien a la hora de vestirse, resume. Cruzando la calle trabaja Yrina (55), instalada en el barrio desde los 2000. Estudió sastrería, pero hoy realiza más arreglos que confecciones desde cero. Su clientela está compuesta en gran parte por extranjeros y estudiantes. Cuando habla de las prendas actuales, es crítica: Ni la máquina quiere coser esta tela, yo no compraría ni loca esa calidad, es puro plástico. Y marca una diferencia con el pasado: las prendas de hace 20, 30 o 40 años eran de mejor calidad. En su experiencia, muchas personas llevan ropa antigua para adaptarla. La decisión no siempre es nostálgica: a veces es económica. Modelos que crecen y otros que no El comportamiento del sector no es uniforme. Luciana (45) profesionalizó su hobby -la costura a mano- con sus estudios y además trabajó en el negocio siempre. Creó Arreglá tu ropa, que hoy tiene su casa matriz en Devoto, otras tres sucursales de arreglos generales y un atelier destinado a la producción. En nuestro caso la demanda se mantiene", contó a Clarín. En noviembre abrieron una nueva sucursal en Martínez y van por los 10 años con sus puertas abiertas. Atribuyen esa estabilidad a la profesionalización: Somos profesionales en lo que hacemos y la gente nos conoce hace mucho tiempo. Lo que sí cambió, detallan, es el tipo de servicio. Ante la situación económica hay un cambio. A esta altura estamos full vestidos de fiesta y haciéndolos a medida, pero también modificamos vestidos que se compran online afuera. Describen una escena cada vez más frecuente: clientas que compran prendas en el exterior y luego las adaptan. Se los compran más grandes y nosotros los llevamos a la medida, a su gusto y preferencia. Les agregamos o les ponemos lo que les falte. Quizás no se los hacen a medida desde cero, pero sí los transformamos. En su caso reciben muchos vestidos. Lo que más sale es ajuste de moldería por talle. La reparación representa un 30% del trabajo, y en la mayoría de los casos, son prendas rotas. Los pedidos más comunes: entalles de hombros, pinzas de busto, largos y anchos de manga, ajustes de espalda o alto de tiro en pantalones. Arreglá tu ropa da trabajo a 45 personas, el 65% son mujeres y el 35% varones. En Belgrano R funciona -con un nombre similar al anterior- ATR Arreglamos tu ropa, con casa central en San Martín. Claudio, uno de los dueños, dejó su empleo en la pandemia para apostar al emprendimiento familiar, aunque su pareja, Claudia, empezó hace 26 años con arreglos de ropa general en su casa en San Martín. Vemos clientes que traen prendas de valor elevado para hacerle un parche, achicar o recuperar. Si la prenda está en buenas condiciones, la preferencia es adaptarla. El 80% de los clientes de ATR provienen de las redes sociales. Aunque dejan en claro que hay muchos parámetros que contribuyen. Influyen muchos factores, destacan que las redes sociales los catapultaron y las usaron para medir desde dónde se movilizaba la gente antes de decidir abrir una sucursal. Llegaban desde Urquiza, Saavedra, Palermo, contó Claudio. A la apertura de ese local, sumaron el desarrollo de un sistema de trazabilidad del producto que les permite hacer un seguimiento desde que ingresa hasta que es retirado. En este momento de la temporada, el negocio emplea a 10 personas. No todos ven crecimiento. En Retiro, Pablo abrió Tamango Arreglos en plena recesión del 2000 y percibe una baja en la cantidad de clientes. Se nota que si antes venían 30, hoy vienen 20, afirmó. Destaca la fidelidad de su clientela de tres generaciones pero no observa un aumento generalizado. En cambio, hace hincapié en la zona: sus dos sucursales -otra en Recoleta- son barrios distintos a otros barrios porteños, donde se usa más zapato que zapatilla. En los talleres conviven ambas realidades. Hay quienes buscan que sobreviva la ropa buena y quienes simplemente no pueden comprar otra. Hay locales con trabajo acumulado y otros que registran menos clientes que antes. Hay reparación, mantenimiento y también personalización. En todos los casos se repite un gesto: antes de descartar, arreglar. PS Sobre la firma Newsletter Clarín
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