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Paraná » Confirmado.ar
Fecha: 01/03/2026 11:48
Los bombardeos lanzados por Israel y Estados Unidos sobre la República Islámica de Irán representan no solo una escalada bélica sin precedentes en la historia reciente del Medio Oriente, sino también un desprecio brutal por las vidas civiles que quedan arrolladas bajo el peso de la lógica geopolítica. - Por AF para Confirmado Misiles sobre aulas: la guerra que mata niñas y se justifica en nombre de la seguridad La muerte de niñas tras el impacto de misiles, la historia de violencia sistemática de los colonos judíos contra el pueblo palestino desde 1948, y el alocado apoyo del gobierno argentino a esta política de intervenciones foráneas ponen en evidencia la crisis de valores que atraviesa el orden global. El 28 de febrero de 2026, Israel e innegablemente Estados Unidos lanzaron una ofensiva conjunta contra Irán en lo que llamaron Operación Furia Épica. Según autoridades iraníes, uno de los impactos más dolorosos ocurrió sobre la escuela primaria de Shajare Tayebé en Minab, donde un misil alcanzó el edificio y mató a más de un centenar de niñas, dejando decenas de heridos en un escenario que debería ser sagrado: un colegio de niñas en pleno horario escolar. El número inicial reportado fue de al menos 51 alumnas muertas, cifra que rápidamente escaló ante la magnitud de la destrucción causada por los ataques coordinados. Estos hechos pese a las declaraciones oficiales de Estados Unidos negando implicación directa en algunos de estos bombardeos no pueden entenderse como daños colaterales aislados: son el producto de una decisión política deliberada de usar poderío militar sobre un país soberano, con pleno conocimiento de las consecuencias humanas que ello acarrea. Las cartas públicas de Washington aducen objetivos de seguridad y neutralización, pero la muerte de decenas de estudiantes indefensas expone, sin matices, la catástrofe moral de estas operaciones. La violencia de ayer: colonos, expulsiones y masacres desde 1948 Esta brutalidad actual no surge de la nada. Desde la fundación del Estado de Israel en 1948, sectores extremistas y colonos vinculados a milicias y fuerzas paramilitares han protagonizado episodios de violencia sistemática contra la población palestina. La masacre de Deir Yassin, en abril de 1948, es uno de los ejemplos más crudos: más de 100 civiles palestinos incluyendo mujeres y niños fueron asesinados por milicianos sionistas de Irgún y Leji mientras la comunidad intentaba huir. Este tipo de ataques no fueron hechos aislados de una guerra necesaria, sino episodios de limpieza, desplazamiento forzado y terror que marcaron el nacimiento de un conflicto que hasta hoy se traduce en muertes cotidianas, expulsiones de sus hogares, confiscación de tierras y constante hostigamiento. La narrativa oficial muchas veces presenta a Israel como víctima única en todos los agravios; la realidad histórica, sin embargo, muestra una expulsión estructural, discriminatoria y profundamente violenta hacia millones de palestinos por parte de fuerzas estatales y colonos radicales. Acciones militares más allá de los límites: Israel y sus vecinos La ofensiva sobre Irán no es una excepción aislada, sino parte de una política exterior recurrente de agresiones de Israel contra países que considera amenazantes. En los últimos meses y años, ataques aéreos, incursiones y operaciones encubiertas han tenido como blanco múltiples estados de la región, con el objetivo declarado de frenar programas nucleares, disuadir fuerzas consideradas hostiles o simplemente proyectar poderío militar. Estos ataques, muchas veces coordinados con potencias como Estados Unidos, han generado una cadena de represalias que intensifica el sufrimiento de poblaciones que no tienen voz en estas decisiones estratégicas. Las consecuencias no se traducen en victorias, sino en más odio, desplazamiento, muertos y destrucción. Esta cadena de lógica armamentista sirve únicamente a intereses de dominación, no garantiza la seguridad humana ni la estabilidad regional. El papel de Estados Unidos: cómplice y ejecutor Calificar a Estados Unidos como un aliado estratégico en este contexto significa ignorar su papel activo en alimentar guerras que cuestan miles de vidas. Washington, pese a negarse a asumir públicamente responsabilidad por cada impacto mortal, provee apoyo logístico, inteligencia, armamento y legitimación política a las acciones de Israel. Esto no ocurre en el vacío: la participación estadounidense en campañas militares de este tipo ha repetido patrones de intervenciones anteriores en Medio Oriente, donde la democracia y la seguridad se han usado como pretextos para operaciones que terminan devastando regiones enteras. Las cifras de muertos, desplazados y destrozos dejan en evidencia que estas medidas no buscan minimizar el sufrimiento, sino servirse de él como herramienta política y estratégica. El apoyo incomprensible desde Buenos Aires Mientras los misiles destruyen escuelas y vidas en Irán, el gobierno argentino decidió apoyar explícitamente los ataques de Estados Unidos e Israel, señalando que estas acciones buscan neutralizar una amenaza desde Teherán. Valorar y apoyar una campaña bélica que deja una estela de muerte y destrucción es, cuando menos, un acto de alineamiento político vergonzoso con potencias extranjeras en un conflicto que no solo es ajeno a la Argentina, sino que tiene consecuencias geopolíticas propias que podrían perjudicar nuestra seguridad internacional y nuestra soberanía diplomática. Decir que se respalda la intervención de ejércitos en un teatro de guerra lejano, ante la caída de niñas y familias completas, solo expone la falta de criterio independiente de nuestra diplomacia, y convierte al país en un eco dócil de las potencias dominantes, sin considerar el impacto ético y humanitario de semejante postura. Una condena moral inevitable No puede haber operaciones audaces sin evaluar las vidas arrasadas en su camino. No puede justificarse un bombardeo sobre una escuela como si se tratase de un simple punto estratégico. No puede obviarse un historial de violencia sectaria y expansión territorial bajo el manto de seguridad. Y, sobre todo, ningún gobierno debería avalar estas acciones desde una tribuna de neutralidad moral cuando la evidencia del desastre humano es incapaz de ocultarse. La historia recordará estos momentos no por los comunicados oficiales que hablaron de amenazas o de objetivos militares, sino por las niñas que murieron en un aula esperando un futuro que nunca llegó. Ese es el costo real de la política belicista que hoy se pretende presentar como inevitable.
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