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» TN
Fecha: 01/03/2026 06:44
Un buen plato de pastas es la perdición de muchos, ya sea que tenga salsa, un buen pesto u otro condimento elegido. También puede ser una salvación cuando queremos comer algo que no lleve mucho tiempo de preparación cuando uno no tiene tiempo para nada, pero no sería beneficioso comer pastas todos los días porque dejaríamos de lado otros alimentos. Si se convierte en el eje casi exclusivo de la dieta, el organismo recibe de forma repetida una carga importante de hidratos de carbono, con el efecto esperado de aportar energía rápida y rellenar glucógeno (el depósito de carbohidratos) en hígado y músculo, señala el nutricionista español Vicente Clemente. Todo ello, según el experto, no es negativo por sí mismo: El problema aparece cuando esa base desplaza sistemáticamente a otros grupos de alimentos que aportan nutrientes que la pasta no cubre bien en cantidad y en variedad, como fibra total, vitaminas, minerales, ácidos grasos esenciales y fitoquímicos de frutas, verduras, legumbres, frutos secos o pescado. Así pues, lo que daña la salud no es comer pasta, sino sostener durante meses un patrón monótono con poca proteína de calidad, pocas verduras y un exceso de calorías derivadas de raciones grandes o salsas muy densas. Según Clemente, esto facilita un aumento del tejido adiposo, una peor saciedad y, en personas predispuestas, un empeoramiento del control glucémico. ¿Cómo afecta el tipo de pasta a la salud? La pasta integral suele aportar más fibra y micronutrientes propios del grano completo, lo que tiende a mejorar la saciedad, el tránsito intestinal y el perfil metabólico cuando se compara con versiones refinadas dentro de un patrón saludable, resalta el nutricionista. Sin embargo, aclara, el factor decisivo es el plato completo: La misma ración de pasta puede comportarse como una comida razonable o como una bomba calórica, según el acompañamiento. En este sentido, si la pasta se presenta con verdura abundante y una proteína clara, la respuesta de glucosa suele ser más moderada y el hambre posterior se reduce. Leé también: Los cuatro consejos de los expertos para mantener el vínculo con los amigos en la adultez En caso de que se acompañe, por ejemplo, de salsas ricas en grasa, queso en exceso, embutidos o aceite sin medida, el impacto cambia. Sube la densidad energética y es fácil superar las necesidades del día sin percibirlo, con consecuencias sobre el peso y el metabolismo, advierte. En el caso del peso corporal, la variable central es el balance energético sostenido. Si la pasta diaria lleva a comer más calorías de las que se gastan, el cuerpo almacenará ese excedente, normalmente en forma de grasa. Si, por el contrario, la ración es adecuada y la comida está bien construida, la pasta puede encajar incluso en estrategias de pérdida de grasa, dice.
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