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  • La administración Trump: un gobierno de tomadores de riesgos

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 28/02/2026 18:19

    La administración Trump puede describirse como un gobierno de tomadores de riesgos, dirigido por emprendedores políticos que hacen apuestas grandes, rápidas y poco convencionales sobre problemas extremadamente complejos, aceptando riesgos legales, geopolíticos y morales que otros gobiernos intentan evitar, pero logrando una cadena de resultados que ha cambiado el mapa de poder mundial. Irán: una guerra ganada en horas Hoy, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques masivos y coordinados contra las instalaciones nucleares iraníes, sus bases de misiles y centros de mando, mientras varios gobiernos árabes se alineaban públicamente con Washington y Jerusalén, formando un frente unido contra el régimen de Teherán. En cuestión de horas, la capacidad militar estratégica de Irán ha sido llevada a la prehistoria: su opción de salto nuclear, su programa de misiles balísticos y su estructura de mando y control han quedado gravemente degradados, y con ello aumenta de manera notable la probabilidad de caída del régimen islamista. Durante décadas, Teherán ha amenazado con cerrar el estrecho de Ormuz como arma geoeconómica, pero esa amenaza pierde fuerza frente a una coalición que ha demostrado poder golpear en profundidad sin apenas oposición. Irán seguirá siendo capaz de hostigar con misiles, drones o ataques puntuales, pero ya no dispone de la musculatura necesaria para imponer un bloqueo prolongado frente a Estados Unidos, Israel y sus aliados árabes del Golfo. Sunitas, cristianos y judíos juntos Lo que nació como una arquitectura diplomática, los Acuerdos de Abraham, se ha convertido en una alianza militar plenamente operativa. Israel, Arabia Saudí, Emiratos, Bahréin y otros socios coordinan inteligencia, defensa antimisiles, ejercicios conjuntos y ahora participan, de forma directa o indirecta, en una campaña de gran escala contra el corazón del poder iraní. Por primera vez vemos en combate una coalición de sunitas, cristianos y judíos frente a un bloque chiita revolucionario, y lo hace con una superioridad tecnológica abrumadora. La integración de radares, sistemas de alerta temprana, aviación y defensa antiaérea de varios países del Golfo con capacidades israelíes y norteamericanas sitúa a este bloque como la fuerza dominante indiscutible en Oriente Medio. Los Acuerdos de Abraham son ahora una realidad militar: no sólo normalización y fotos, sino interoperabilidad, planificación conjunta y acción coordinada en un teatro de guerra real. El relato de Pedro Sánchez, descolocado En España, el gobierno de Pedro Sánchez y sus socios radicales han construido un relato incansable en el que el islam político aparece como víctima, Israel como estado genocida y Estados Unidos como agresor permanente. Ese discurso se derrumba de forma espectacular cuando el corazón militar y político del mundo musulmán árabe se alinea con Israel y Estados Unidos contra Teherán, el principal régimen chiita revolucionario. Atrapado entre su constante retórica de superioridad moral y la realidad de un Irán que ha promovido guerras por delegación, terrorismo y un programa nuclear clandestino, el Ejecutivo español se queda sin asideros. El viejo eje ideológico de la izquierda española queda intelectualmente hecho trizas al ver a occidentales y árabes moderados combatiendo juntos a la teocracia chiita. ¿Cómo va a sostener Pedro Sánchez la acusación de genocidio cuando los propios países árabes y musulmanes luchan codo a codo con Israel? Iron Dome para todos Una consecuencia inmediata de esta guerra relámpago es la revalorización de la tecnología militar israelí. Después de ver cómo se ha desarrollado esta operación y cómo llevan años protegiendo su territorio frente a cohetes, misiles y drones, muchos países querrán tener un Iron Dome propio. Sistemas como Iron Dome, Davids Sling o Arrow, probados repetidamente en combate, se consolidan como referencia obligada para cualquier Estado que se sienta amenazado por Irán o por actores similares. La paradoja es evidente: los mismos que acusaban a Israel de militarismo y desproporción querrán esa misma tecnología para defender sus ciudades, refinerías y puertos cuando perciban que la guerra puede llamar a su puerta. Un gobierno de tomadores de riesgo Esta operación contra Irán no es un episodio aislado sino la culminación de un patrón. La administración Trump se comporta como un gobierno de emprendedores del poder: identifica problemas aparentemente insolubles, concentra recursos políticos, diplomáticos y militares, y lanza apuestas que muchos expertos consideran temerarias pero que, hasta ahora, le han salido sorprendentemente bien. Gaza: Trump arriesgó su credibilidad personal con un plan de veinte puntos que puso fin a la guerra, liberó rehenes y destruyó la capacidad militar y de gobierno de Hamás como actor efectivo. Argentina: Aceptó un canje de divisas por veinte mil millones de dólares para respaldar las reformas de Javier Milei, evitando un colapso financiero total y además generando beneficios para el contribuyente estadounidense cuando la línea se cerró con ganancia. Venezuela: El tres de enero de dos mil veintiséis autorizó una operación de fuerzas especiales de altísimo riesgo que terminó con la captura de Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York para ser juzgado por narcotráfico y cargos de terrorismo. De la noche a la mañana, una dictadura que había resistido sanciones y presiones cayó por un golpe quirúrgico que muy pocos se habían atrevido siquiera a proponer. México, Canadá y China: Combinó amenazas arancelarias, designaciones de cárteles como organizaciones terroristas y cooperación encubierta hasta forzar la eliminación de El Mencho, líder del cártel Jalisco Nueva Generación. En paralelo, usó aranceles y presión comercial para vincular migración, fentanilo y acceso al mercado norteamericano, arrancando concesiones históricas. Reordenar el mundo como una start up de poder En Panamá, la presión estadounidense ha servido para expulsar o reducir drásticamente la influencia china en concesiones portuarias clave en la zona del Canal, enviando el mensaje de que los principales cuellos de botella del comercio mundial no se ceden a Pekín sin coste. En el mundo árabe, la expansión y consolidación de los Acuerdos de Abraham han creado un bloque de países pro estadounidenses que cooperan entre sí y con Israel como nunca antes, y la guerra contra Irán es la prueba definitiva de esa alianza. Al mismo tiempo, la Casa Blanca ha trabajado para cortar la ayuda rusa, china y mexicana al régimen de Cuba, mientras explora vías para transformar su alineamiento, de nuevo priorizando la orientación geopolítica y económica del régimen sobre su modelo interno. A diferencia de los neoconservadores, Trump no busca la democracia en todas partes; busca regímenes pro estadounidenses dispuestos a comerciar, cooperar en seguridad y respetar las líneas rojas de Washington. La campaña contra Irán sintetiza esa doctrina: aceptar un riesgo de escalada enorme a cambio de la posibilidad de un reseteo estratégico de una generación en Oriente Medio. El mensaje es claro: Estados Unidos vuelve a usar su poder para moldear el entorno a su favor y el de sus aliados, no sólo para gestionarlo simbólicamente. El tiempo dirá si la historia juzga estas apuestas como visionarias o como imprudentes, pero hoy el marcador visible es innegable: un Irán militarmente desarmado en lo estratégico, un Maduro sentado ante un juez en Nueva York, una economía argentina que se salvó in extremis, un mapa de cárteles mexicanos golpeado en su cúspide y un bloque árabe israelí que combate junto a Estados Unidos en el centro del mundo musulmán. Y, mientras tanto, un Pedro Sánchez atrapado en sus dogmas observa cómo la realidad desmiente sus simplificaciones sobre Israel, el islam y el poder occidental en el siglo veintiuno.

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