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» Clarin
Fecha: 28/02/2026 16:07
Irán es un país capitalista que utiliza la religión como instrumento de control para mantener una extraordinaria desigualdad social. El principal vigilante del status quo es la Guardia Revolucionaria, columna vertebral del régimen, que no es solo una fuerza militar; es el actor económico más poderoso del país, un conglomerado empresarial central en el riñón petrolero, gasífero y mineral de la teocracia dispuesto a impedir cualquier cambio que dañe ese privilegio de poder. La rebelión de enero que se saldó con una masacre comenzó con una pequeña huelga de los comerciantes del Bazaar, motivada por la disparada de la inflación y la devaluación incesante del rial, la moneda local. También por la carencia irritante de agua potable. Este factor ayuda a comprender la historia de este experimento reaccionario y los errores cometidos por Occidente que pavimentaron el camino a la irrupción de una violenta estructura religiosa. Todo se resumía al dominio del petróleo, el perfil económico de la teocracia. En la primera mitad del siglo pasado, el crudo iraní era controlado en su totalidad por la Anglo-Iranian Oil Company, antes llamada Anglo Persa Oil Company, predecesora de la actual British Petroleum. Como relata Tim Weiner en su notable "Legado de Cenizas", Irán poseía las mayores reservas petrolíferas de la época, clave para el desarrollo y la defensa británicos. Winston Churchill había transformado la Armada Real antes de la Primera Guerra al sustituir el carbón por el petróleo; así, Irán se convirtió en la estación de servicio de esa flota. Pero también fue la mecha de una bomba social. Weiner señala que, mientras los ejecutivos y técnicos petrolíferos británicos disfrutaban de clubes y piscinas privadas, los trabajadores petroleros iraníes vivían en barrios precarios, sin agua corriente, electricidad o alcantarillado. Nacionalización Este panorama incontrolable llevó al Parlamento local y al primer ministro, Mohammad Mosaddegh, a nacionalizar el petróleo. La reacción fue el golpe de 1953, ejecutado por el Reino Unido y la CIA, hecho reconocido con autocrítica por la propia agencia norteamericana en 2013 y 2023. Londres colocó en el trono a un aristócrata de apenas 21 años, Mohammad Reza Pahlaví, el último Sha de Persia y padre del actual Reza Pahlaví, hoy refugiado en EE.UU., quien cuenta con el respaldo israelí para buscar el poder. El Sha, cuya familia se hizo célebre en las portadas de revistas del corazón, gobernó con los mismos rigores de represión actuales, valiéndose de una brutal policía secreta llamada Savak que perseguía cualquier disidencia. Ese maltrato alimentó el descontento, sazonado con una alianza compleja entre el extendido Partido Comunista local de entonces y los fundamentalistas islámicos shíitas. A principios de 1979, el Sha huyó expulsado por huelgas y protestas que el ejército y sus paramilitares no lograron detener. Fue el portal para el regreso del exilio del ayatollah, Ruhollah Khomeini, quien con soberbia afirmaba que Alá hablaba por su boca. Lo que siguió fue una carnicería que eliminó a comunistas y críticos, aplastando cualquier pensamiento alternativo. El inicio de la siguiente y actual tiranía. En el régimen desde sus inicios navega una importante ala moderada con mayor visión histórica que los halcones que han persistido por el ambiente de corrupción que define el lado más oscuro del país persa. Los moderados produjeron dirigentes como el ex presidente Mohammad Khatami, despreciado por Khamenei por su propuesta en la ONU del Diálogo entre Civilizaciones. Y aún más significativo, Hassan Rohani, el ex mandatario que negoció en 2015 con Barack Obama el congelamiento del desarrollo atómico a cambio de un alivio de la economía. Ese acuerdo histórico fue derribado por Donald Trump en su primer mandato, presionado por Israel y por la corona saudita que recelaban del crecimiento de la influencia regional de Irán. Fue un fallido estratégico descomunal que devolvió el poder a los ultras, resignando una oportunidad única para erosionar el formato extremista del régimen. Sobre la firma Newsletter Clarín
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