Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Menos promesas de paraísos y más sentido común

    Crespo » Paralelo 32

    Fecha: 28/02/2026 15:03

    Cuanto más especulan los grandes pensadores sobre cómo se organizará el mundo que viene (que ya comenzó), más nos llevan a la conclusión de que la humanidad que viene no va a encajar dócilmente en los moldes ideológicos del siglo XIX, por más que sigamos usándolos como si fueran cánones religiosos. Si miramos el capitalismo clásico, el que sacraliza la propiedad privada y la iniciativa individual, tiene una virtud que el futuro difícilmente abandone: produce innovación. Es una máquina inquieta, siempre hambrienta de novedad. En un mundo atravesado por la inteligencia artificial, la biotecnología y la automatización, esa capacidad de generar soluciones rápidas y eficaces será decisiva. El problema es conocido y cada vez más visible: cuando la riqueza se despega demasiado del trabajo humano, el sistema tiende a concentrar beneficios en pocas manos y a dejar multitudes al borde de la irrelevancia económica. Un capitalismo sin correcciones, en el futuro, corre el riesgo de convertirse en un club exclusivo con robots de porteros. El socialismo distributivo, en cambio, ofrece algo que el porvenir va a necesitar con urgencia: cohesión social. En sociedades donde el trabajo ya no será el principal organizador de la vida, garantizar vivienda, salud, educación y un ingreso básico puede ser menos una cuestión ideológica que una medida de supervivencia colectiva. El riesgo, también conocido, es otro: si el Estado se vuelve un gran repartidor sin incentivos claros para crear, innovar y mejorar, el sistema puede volverse rígido, burocrático y finalmente pobre, no solo en bienes sino en horizontes.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por