28/02/2026 07:48
28/02/2026 07:43
28/02/2026 07:43
28/02/2026 07:42
28/02/2026 07:42
28/02/2026 07:42
28/02/2026 07:37
28/02/2026 07:37
28/02/2026 07:36
28/02/2026 07:36
» TN
Fecha: 28/02/2026 05:56
Para muchos, el 6 de enero es el día de los regalos y la ilusión. Para Florencia Rotondale, es el día en el que un hombre le dio una segunda oportunidad. En 1994, en la vereda de España al 500, en Avellaneda, el llanto de una beba envuelta en una manta improvisada rompió el silencio de la noche. Unos chicos que jugaban en la calle lo escucharon y corrieron a avisarle a un vecino. Luis, que entonces tenía 39 años, no siguió de largo. Se involucró, llamó a la policía y la cargó en sus brazos. Hoy, 32 años después, ella lo busca para reconstruir su historia. Mi primera página del libro está en blanco y el primer nombre que aparece es el suyo; él me ayudó a escribir las primeras líneas, le cuenta Florencia a TN. Leé también: Tenía cáncer, pedía un deseo cuando pasaba el tren y se curó: el mensaje en el puente que contagia esperanza Sus padres, que llevaban años en lista de espera para adoptar, recibieron el llamado del juzgado en pleno enero, justo cuando estaban por irse de vacaciones. No lo dudaron: en pocos días, la familia estaba completa. El relato de sus padres sobre su origen fue natural, casi poético. No hubo una charla formal. Tengo grabado estar acostada con mi mamá y que me dijera: Vos sos hija de acá y se señaló el pecho, y no de acá y se señaló la panza. Con eso entendí todo", recuerda. Al hablar de sus padres, la voz de la joven de Banfield se llena de orgullo. Describe a su madre como el ser más bueno de la tierra y una mujer de ternura silenciosa que no hace ruido pero sostiene todo. Su padre, que falleció hace dos años, era quien le aportaba el carácter y las lecciones de vida. Él no me contaba cuentos, me contaba historias de su barrio. Éramos muy compañeros. Soy una mezcla perfecta de los dos: de ella heredé lo amorosa y de él el carácter, dice emocionada. Cuenta que una prima la definió una vez como la más esperada y amada. Ella siente que esa frase resume su infancia mejor que cualquier descripción. Sin embargo, en la adolescencia empezaron las preguntas. A los 16 o 17 años, aprovechó un trabajo práctico de la materia Derecho para indagar cómo había sido su adopción. Su mamá solo respondía lo básico: que la habían abandonado en la calle. No había más detalles. Fue a los 23, después de una jornada electoral, que su papá sintió que ella estaba lista y le entregó la sentencia de adopción. Fue la primera vez que leyó un nombre, una dirección y una hora. Florencia descubrió que su hallazgo no había sido visible o a plena luz del día como ella imaginaba, sino en la soledad de la noche y gracias a la curiosidad de esos chicos que alertaron a Luis. Me encontraron llorando, envuelta en una mantilla (así lo describe la sentencia) y apoyada en el suelo. De ahí me llevan a la seccional policial y después me trasladan al Hospital Fiorito, donde, según las evaluaciones médicas, tenía entre 24 y 48 horas de nacida. También detallan que esa mantilla no correspondía a ningún hospital, que era más como un pañal o una sábana casera, describe. El impacto de conocer el lugar exacto del hallazgo fue tan profundo que decidió grabárselo en la piel: se tatuó las coordenadas de la calle España al 500. Es mi punto de inflexión. Es el primer dato concreto de mi existencia, reflexiona. Y agrega: Tener esas coordenadas tatuadas es reconocer ese inicio que siempre va a formar parte de mí, aunque no tenga todos los detalles previos. Es también reconocer que, gracias a ese momento, se construyó todo lo que vino después: mi familia, mi hogar, mi historia. En 2020, en plena pandemia, con el mundo en pausa, Florencia sintió que era el momento de iniciar su búsqueda. Hubo un disparador inesperado: la serie Anne with an E, la historia de una niña huérfana adoptada que enfrenta muchos prejuicios. Me despertó una incomodidad linda, explica. Publicó su historia en el grupo de Facebook ¿Dónde estás? y en horas, se volvió viral. De Luis sabe poco: nacionalidad uruguaya y 39 años al momento del hallazgo. Nada más. A lo largo de estos años me ha llegado muchísima información que me hace sentir cerca de encontrarlo. Florencia busca a Luis para agradecerle y volver a sentir algo especial: Creo que, si alguna vez me levantó en brazos y hoy llego a repetir ese abrazo, mi cuerpo lo reconocería. Ese calorcito debe estar guardado en algún rincón mío. La joven explica que en la zona donde fue abandonada había conventillos uruguayos: Tal vez él recuerde algo, alguna situación, algún detalle mínimo, que pueda aportar a mi búsqueda. A veces, un dato chiquito puede abrir una puerta enorme. A la par de Luis, Florencia espera encontrar algún dato sobre su familia biológica, pero aclara con firmeza que lo hace lejos del odio y los rencores: Es curiosidad, no reclamo. Quiero entender qué pasó, cuál era el contexto. Si no encuentro nada, al menos me queda la paz de haberlo intentado. A los 32 años, con el apoyo de su madre y el recuerdo de su padre, Florencia sigue caminando las calles de Avellaneda para completar sus páginas en blanco. Es eso, es recuperar piezas que son mías, conocer mi origen y seguir escribiendo mi historia con más verdad, cierra.
Ver noticia original