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Parana » AIM Digital
Fecha: 27/02/2026 16:05
La negociación salarial entre el Gobierno y los gremios docentes volvió a colocar a la educación en el centro del conflicto. Con el calendario escolar a punto de ponerse en marcha, la discusión no es solo de números: es una disputa que impacta en las aulas, en las familias y en una generación que crece entre paros y promesas incumplidas. Los sindicatos docentes entre ellos Agmer rechazaron la oferta oficial y ratificaron el estado de alerta. La propuesta salarial fue considerada insuficiente frente a la inflación acumulada y la pérdida de poder adquisitivo de los últimos años. Desde el Ejecutivo sostienen que el margen fiscal es limitado y que cualquier mejora debe encuadrarse en un esquema de ordenamiento de las cuentas públicas. Pero detrás de la negociación técnica hay algo más profundo. Cada paritaria docente en la Argentina arrastra una escena repetida: guardapolvos blancos esperando el primer día de clases, familias reorganizando rutinas, docentes que no saben si podrán sostener su trabajo sin otro empleo complementario. La discusión salarial no se reduce al porcentaje de aumento, sino a la valoración real de la tarea de enseñar. La tensión no es nueva. Generaciones enteras atravesaron inicios de ciclo marcados por paros, conciliaciones obligatorias y acuerdos de último momento. Para muchos, el recuerdo es el mismo: el aula vacía, el pizarrón limpio y la sensación de que la educación siempre queda en el medio de la disputa política. El deterioro del salario docente es uno de los ejes centrales del conflicto. Los gremios advierten que el ingreso perdió frente a la inflación y que la recomposición ofrecida no alcanza para cubrir el costo de vida. El Gobierno, por su parte, plantea que la prioridad es estabilizar la economía y que las mejoras deben ser graduales. Mientras tanto, el debate excede a los sindicatos y a los funcionarios. Padres y madres miran el calendario con incertidumbre. Los estudiantes, especialmente los que inician un nuevo nivel, esperan reencontrarse con compañeros y maestros. En ese cruce de expectativas y frustraciones, la paritaria docente vuelve a ser algo más que una negociación sectorial: es un termómetro social. La resolución del conflicto marcará no solo el inicio efectivo del ciclo lectivo, sino también el clima político y social de las próximas semanas. En un país donde la educación fue históricamente un símbolo de movilidad social y orgullo colectivo, cada discusión salarial docente reactiva una pregunta incómoda: cuánto vale, en términos reales, enseñar y sostener la escuela pública. De la Redacción de AiM.
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