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  • Luis Brandoni y Eduardo Blanco: de la química que comparten al sueño de perpetuar Parque Lezama y la preocupación por la vejez

    » La Nacion

    Fecha: 27/02/2026 12:41

    Después de emocionar a más de un millón de espectadores en teatro, la obra dirigida por Juan José Campanella llegó a la pantalla grande y desde el 6 de marzo estará disponible en Netflix - 11 minutos de lectura' Es un final falso, todavía nos queda hacerlo imperecedero en el cine, decían Luis Brandoni y Eduardo Blanco a mediados de 2024 con una mezcla de tristeza, nostalgia y entusiasmo. Es que, si bien por aquel entonces tocaba bajar el telón y despedirse de una obra que protagonizaron durante once años, a lo largo de 1300 funciones, entre Argentina y España, el sueño de inmortalizar esa historia que tantas satisfacciones les había dado estaba cada vez más cerca. Hoy, tan solo un año y medio después de aquella última función en el Politeama, la versión cinematográfica de Parque Lezama ya es un hecho. Fue un sueño cumplido después de mucho trajinar, le confiesa Brandoni a LA NACION sobre esta película que, según cuenta, nació de su propia insistencia por perpetuar esta historia maravillosa más allá del escenario. Así fue como, tras convencer a Juan José Campanella (su director y productor), esta joyita estrenó el pasado 19 de febrero en algunos cines del país y, a partir del 6 de marzo, formará parte del catálogo de Netflix. Inspirada en la pieza estadounidense Im not Rappaport de Herb Gardner, este film retoma el corazón de esta comedia entrañable: la improbable amistad entre un histórico militante del Partido Comunista (Brandoni) y un conformista de manual (Blanco). Dos mundos que, a lo largo de los 115 minutos que dura la película, inevitablemente chocarán, pero que terminarán complementándose. Entre discusiones ideológicas y momentos de profunda ternura, el banco del Parque Lezama será el punto de encuentro entre el humor y la amistad, reivindicando el acto de hablar con extraños. Hablar con alguien que no nos conoce nos libera del rol que ocupamos en nuestras vidas cotidianas y, en ese parque, los personajes se permiten ser quienes desean ser con sus anécdotas heroicas, reflexiona la sinopsis del film. Con la legendaria dupla Brandoni-Blanco a la cabeza, el elenco de esta versión cinematográfica producida por 100 Bares está integrado por Verónica Pelaccini (Clarita Schwartz), Agustín Aristarán (Gonzalo Menéndez Roberts), Manuela Menéndez (Laura), Alan Fernández y Matías Alarcón. Tengo la convicción de que es un espectáculo que la gente no va a olvidar, afirma el protagonista de Nada. ¿Cómo fue llevar esta historia que tanto tiempo protagonizaron sobre las tablas a la pantalla grande? Luis Brandoni: Fue un sueño cumplido después de mucho trajinar, de mucho entusiasmo por momentos, de poco entusiasmo por otros. Filmar esta película no era un hecho corriente, era un verdadero desafío. La idea era perpetuar esta historia maravillosa, de manera que eso fue lo que nos alentó para hincharle la paciencia a Campanella durante mucho tiempo. ¿Entonces se les ocurrió a ustedes hacer la versión cinematográfica? Eduardo Blanco: No, no, a ustedes no. Se le ocurrió a él [lo señala a Brandoni]. Cuando comenzamos con la obra, Beto ya quería hacer la película. Pero recién estrenábamos y a mí también me parecía una idea alocada. A Juan, ¡ni hablar! Y él insistía. Pasaron muchos años hasta que un día Juan decidió ver la obra desde la platea entre la gente porque siempre la había visto desde atrás en el Politeama o desde un palco en el Liceo. Cuando la vio desde la fila 5, dijo: Tenemos que hacer la película. ¿Qué diferencias hay con la obra? Brandoni: Muy poca diferencia. Son pequeñas cosas que se acortaron, pero la verdad es que es prácticamente lo que era el espectáculo en teatro. Blanco: Yo creo que lo que se valoriza acá son los primeros planos; algo que en el teatro no es posible porque es un plano general donde la mirada va destinada a aquel que habla solamente. En cambio, en el cine tenés la posibilidad de ver en pantalla al que está hablando y, por momentos, al que no está hablando, porque también suceden cosas en esa interacción. Dos personajes atractivos Son una dupla legendaria ¿Cómo fue volver a reencontrarse en el set? Blanco: En realidad, no pasó mucho tiempo desde que terminamos con las funciones. Nosotros terminamos el teatro en agosto de 2024 y la película la filmamos en mayo de 2025; o sea que la teníamos superfresca. Hemos hecho 1300 funciones y nos conocemos mucho, tanto con Beto como con Juan, y eso es una maravilla. Más allá de la química que hay entre nosotros, nos hemos ido construyendo a través de cada una de las funciones. ¿Cómo fue para ustedes volver a interpretar a estos personajes tan diferentes, pero necesarios entre sí? Brandoni: Es muy atractiva la relación, o mejor dicho, la no relación de estos personajes [risas]. Yo creo que en el cine va a provocar la misma complicidad entre el público y los actores. La primera atracción es que son distintos. Blanco: Cuando yo me siento en la butaca, yo no quiero ser Antonio Cardozo. Yo quiero ser León Schwartz porque es más florido, pero se hacen necesarios el uno al otro y se van construyendo entre sí a partir del humor; que esa es una distinción de Campanella que nunca falta en sus propuestas. Y al espectador lo van recorriendo por un espacio emocional inevitable porque, en definitiva, todos tenemos esa vulnerabilidad. No solamente por la edad que tienen los personajes, sino a cualquier edad. Uno muchas veces, por las urgencias o por la cotidianeidad (que se hace dura a veces), no la pasa bien. Todos tenemos momentos en la vida. Y de repente, cuando no querés que nada más te raspe o te lastime, no te das cuenta de que estás dejando de vivir. Entonces, cuando aparece un señor que se te sienta al lado y te empieza a molestar, y te cuestiona, pero a la vez te va contagiando de eso que perdiste, te revive. En tu caso, Eduardo, hay una notable caracterización tanto física como gestual y corporal. ¿Cómo fue ese proceso de composición? Blanco: -Por supuesto que fue un proceso, un recorrido, porque los personajes los preparamos para la obra de teatro, más allá de las modificaciones que nos vimos obligados a hacer para la versión cinematográfica. En el momento en que yo estaba preparando este personaje, tenía 55 años y mi padre vivía; tenía Parkinson. Yo tenía que hacer un personaje más vulnerable que el de él [lo señala a Brandoni], que se ve un tipo increíble, un mentiroso serial, un fantasioso maravilloso. Por más que observé a muchos ancianos vulnerables por la calle, inconscientemente terminé haciendo una mezcla entre mi padre y mi abuelo. Fui a trabajar la voz con una fonoaudióloga para no lastimarme y la parte corporal también la trabajé, pero en el cine lo bajé un poco. Yo, por ejemplo, no me maquillaba en el teatro porque la gente ve un plano general, pero la voz y lo corporal eran igual. Acá en la película, al maquillarme ya iba a ser un viejo, entonces a mí me daba miedo tener tantos acentos. Lo hablé con Campanella y él me convenció de que lo bajara un 10 o un 20 por ciento, pero no mucho más que eso. Yo lo hubiera bajado un 50, pero confío tanto en lo que él me dice que así fue. En tu caso, Beto, León tiene una cierta similitud con vos en esto de la militancia política, de defender los derechos del otro, ¿cuánto le pusiste de propio? Brandoni: Sí, yo fui dirigente gremial en mi vida, así que mucho. Tiene mucha familiaridad para mí su discurso y fue muy encantador poder hacerlo y poner toda el alma a favor de esas ideas que defiende León. Lo viejo funciona Esta historia es muy interesante porque intenta revalidar el pasado, los valores perdidos, esta idea de que lo viejo funciona Blanco: Exacto. Esta obra o ahora película se supone que está protagonizada por dos ancianos, pero yo creo que se toma la ancianidad para contar una historia de vida que le llega a todo el mundo. De hecho, en teatro nos ha pasado que tres generaciones de una misma familia nos vengan a ver y para nosotros eso es muy significativo. Brandoni: Esa anécdota es muy graciosa. Al final de una función, un grupo de matrimonios me dice en el estacionamiento: ¡Qué paliza nos diste, Brandoni, hoy!. Y yo les digo: ¿Por qué?. Porque nosotros somos de La Horqueta, barrio al que mi personaje le tiene antipatía. Entonces les pregunto cómo habían llegado a ver la obra y una de las mujeres me cuenta que había ido su mamá a ver el espectáculo. Y dice: Como a ella le gustó mucho, un día invitó a sus ocho nietos y ellos nos mandaron a nosotros. Blanco: O sea, esa espectadora vino sola, después trajo a sus nietos y ellos a sus padres; todas las generaciones de esa familia vieron Parque Lezama. Es magnífico que pase eso. Hay una frase en la película que dice: El tiempo es el villano, el verdadero enemigo. ¿Les preocupa la vejez? Brandoni: No, no me preocupa, pero es una realidad. En mi caso, yo soy mayor que Eduardo y siempre pienso: ¿Hasta cuándo voy a estar en condiciones de subirme a un escenario y llevar adelante un espectáculo?. Por supuesto que eso sí me preocupa. Yo creo que el escenario me va a decir hasta cuándo, pero falta mucho para eso [risas]. ¿Estás bien de salud? Brandoni: Sí, sí, estoy bien de salud. Por suerte, todavía puedo trabajar, recordar la letra y eso es maravilloso. Blanco: Yo creo que el trabajo, el tener la cabeza ocupada es lo que nos salva. Las sociedades no están preparadas para que vivamos tanto; estamos viviendo hasta unas edades que antes no era habitual y no solamente acá, sino que en todo el mundo. Yo recuerdo una anécdota del personaje de Héctor Alterio en El hijo de la novia cuando decide casarse con su mujer por iglesia ya de grande y entonces empieza a llamar a los amigos y conocidos para invitarlos y no queda nadie: uno murió, el otro está internado [risas]. Es muy terrible y graciosa a la vez esa escena. En mi caso, no le tengo temor a la vejez, sino a las enfermedades. Pero si uno llega sano... La realidad de la industria Hoy en día, la mayor cantidad de propuestas laborales llega de la mano de las plataformas, pero, en este caso, además, se estrenó en algunas salas de cine. ¿Cómo viven eso? Brandoni: No, no me gusta esta manera. No se sabe ni en qué cine está, ni qué días. Blanco: Es que no está en todos los cines, ni todos los días, ni todas las funciones. Lógicamente, yo puedo entender y comprender la realidad que vive la industria, pero a nosotros nos gustaría que se estrene en el cine como era antes y después sí que llegue a la plataforma, que también es maravilloso porque es una manera de perdurar y de que se estrene en un montón de países al mismo tiempo. Brandoni: Me acaba de decir Campanella hace un rato que la película se va a estrenar en 190 países. No me da la cabeza para entender eso [risas]. Blanco: ¿Vos conocés la anécdota de Luna de Avellaneda cuando se dio en la Antártida? [le pregunta a Brandoni]. Era el año 2005, abrieron un cineclub allá y lo inauguraban con esa película. Nos invitaron. Yo, por suerte, no pude ir porque fueron en barco desde Ushuaia (dos días de ida y dos de vuelta). El tema es que llegan y, a la hora de la película, ven venir un gomón a motor con coreanos que se habían enterado por Internet que daban la película ahí. Juan pensaba: Si bien la película es con subtítulos, ¿qué van a entender los coreanos de la esencia de Luna de Avellaneda?. Dice que cuando terminó la función lo vinieron a abrazar conmovidos y le dijeron: Igual que en Corea [risas]. Lo que te quiero decir con esto es que nosotros vamos a ir a 190 países y uno piensa que algunas culturas están muy lejanas a nosotros, pero finalmente somos todos humanos y nos pasan las mismas cosas. Más notas de Luis Brandoni Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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