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  • Quién fue Darío Lopérfido, el exfuncionario que murió a los 61 años

    » TN

    Fecha: 27/02/2026 11:37

    Darío Lopérfido murió este viernes, a los 61 años, en Madrid. Padecía Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una enfermedad neurodegenerativa que afecta a las neuronas motoras en el cerebro y la médula espinal. Lopérfido nació el 5 de junio de 1964 en Villa Urquiza, se definía políticamente como liberal y tuvo un amplio recorrido en el escenario político argentino, que combinó periodismo y gestión cultural. Fue secretario de Cultura y Medios de Comunicación de la Nación durante la presidencia de Fernando de la Rúa, director artístico del Teatro Colón, presidente de Ópera Latinoamérica y secretario y ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires durante el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta. A este último cargo presentó su renuncia después de seis meses en medio de una polémica tras cuestionar el número de desaparecidos durante la última dictadura, lo que le valió cruces y el repudio de organismos de derechos humanos y de parte del ambiente artístico. Lopérfido también fue columnista en Radio Mitre y en Radio La Red. Respaldó la candidatura de Mauricio Macri a presidente en 2015 y estuvo involucrado en el escándalo conocido como Panamá Papers. Estuvo casado con Esmeralda Mitre desde el 2014 hasta principios de 2018. Un año después, el 25 de mayo de 2019, le dio la bienvenida a su primer y único hijo, Theo, junto a Vinnie Blache Spencer. En julio de 2024 fue diagnosticado con Esclerosis Lateral Amiotrófica y reveló su diagnóstico en julio de 2025 durante una entrevista con Martín Caparrós para su ciclo El hombre rebelde. Hay enfermedades que te matan más rápido. Esta tiene esta cosa de la imposibilidad física, y eso es lo que más duele, expresó en aquel momento. En diciembre de 2025 publicó una columna en Seul que tituló Tener ELA es una mierda en el que aclaró: Mientras pueda escribir y compartir algunas cosas con mi hijo, seguiré acá. Después me voy. Menos de tres meses después, partió. En dicho escrito habló de los padecimientos de su enfermedad, su opinión sobre la religión, el significado de la muerte y su temor por los recuerdos que su hijo pudiera tener de él. La ELA no te deja nada de glamour. Caminás pésimo, la voz se te vuelve de borracho y comés con el riesgo de que se te caiga la baba, expresó y contó: Empezás a querer esconderte. A mí me funcionan bien una mano y una pierna, lo que me permite trabajar, pero en casa, escondido. No creo en Dios y ni siquiera soy agnóstico: soy ateo. No creo en la medicina alternativa ni en los laboratorios que se hacen ricos vendiendo ibuprofeno, y ningún dueño de ningún laboratorio va a vender su yate para investigar la cura de una enfermedad que afecta a poquísimas personas. Los entiendo, la ELA no es una causa popular, escribió. No creo en nada: ni vírgenes milagrosas, ni reiki, ni constelaciones familiares, ni homeopatía. En nada. Todo me da risa y si pruebo algo de eso me tiento al minuto, reveló. Y agregó: Sólo creo en los antidepresivos y en algunas drogas ilegales para mantener el ánimo. La vida después de la muerte no era una posibilidad en sus pensamientos: Creo que cuando morimos sólo desaparecemos bajo la tierra o en cenizas, afirmó. Leé también: Reabren una investigación contra Jorge Macri por la compra de un departamento en el exterior Lopérfido reflexionó sobre el deterioro que le provocaba la enfermedad en sus últimos días: La ELA te convierte en otra persona en la etapa previa a la muerte. No creo ser el mismo ya. Era un buen polemista y ahora no puedo hablar bien, no camino bien, no tengo vida social y todo es raro. También hizo referencia a la eutanasia: Uno no puede decidir nacer, pero puede decidir morir. Vivir no debe ser obligatorio. No he decidido recurrir a ella todavía, pero saber que está a mi disposición me alivia. Por último, habló de su hijo, la razón más importante por la que elegía continuar cada día. Theo tenía cinco años cuando la ELA empezó a interferir en la vida de su papá. Me da mucha bronca pensar que él no se acuerda y que la imagen que tendrá de mí será la de un tipo enfermo con el que compartió cosas de manera limitada, lamentó. De todas las torturas que me depara la enfermedad, ser un padre limitado es la peor y la que no tiene solución. Escribir me calma porque pienso que cuando crezca y yo esté muerto, él podrá leerme, concluyó Lopérfido.

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