27/02/2026 12:13
27/02/2026 12:13
27/02/2026 12:13
27/02/2026 12:13
27/02/2026 12:13
27/02/2026 12:13
27/02/2026 12:13
27/02/2026 12:13
27/02/2026 12:13
27/02/2026 12:13
Buenos Aires » Infobae
Fecha: 27/02/2026 10:29
La puerta oxidada cede con un chirrido y los alambrados suelen pasarse durante las noches para evitar a los guardias. Entre escombros, polvo y grafitis, un joven de 24 años, Ian Menéndez, cruza el umbral de uno de los espacios abandonados de Buenos Aires. La linterna recorta figuras extrañas en las paredes descascaradas. Lleva siempre su celular para filmar su recorrido. El objetivo será generar impacto en sus redes sociales. Aquí, donde la ciudad olvida, la exploración urbana se convierte en una búsqueda de historias y vestigios. No hay multitudes ni guías turísticos. Solo el eco de los pasos y la curiosidad como brújula. Siento mucha adrenalina en cada paso que doy, confiesa Ian en diálogo con Infobae. El objetivo de Ian es desafiar las custodias para poder entrar a espacios abandonados. Desde fábricas hasta casas o barcos encallados. Cada incursión es distinta, pero la regla es la misma: entrar, observar y salir sin dejar huella. El origen de una obsesión Menéndez siente que nació para ser urbex. Ya desde chico me encantaba meterme en las casas abandonadas cerca de donde vivía en el conurbano bonaerense, recuerda el joven. Ian y sus amigos planeaban por varios días cómo iban a hacer para entrar. Seguro que habían visto ese tipo de aventuras en alguna serie o película. Y allí iban a la exploración. Creció y, desde la adolescencia, siempre se dedicó a este tipo de incursiones. Al principio lo hacía sin cámara. Solo contaba lo que había vivido en rondas de amigos. Hace cuatro años, a los 20, las cosas cambiaron. Decidí empezar a filmar las incursiones y subirlas a mis redes sociales, explica Menéndez. Lo hice alrededor del mundo y ahora también en Buenos Aires. La comunidad urbex y el túnel más buscado El año pasado, este joven urbex logró algo que generó impacto dentro de la comunidad de exploradores urbanos. Muchos querían entrar y nunca habían podido. Fue medio por casualidad con un amigo que logramos meternos en el túnel del soterramiento del tren Sarmiento, explica Ian. La obra estaba pensada para que este tren que une el oeste del conurbano con la Ciudad de Buenos Aires corra por debajo de tierra desde Haedo hasta su terminal en Once. El proyecto comenzó en el oeste de la Provincia, pero quedó paralizado. Es una de las joyas urbex más preciadas. Además, tiene seguridad y no es fácil de entrar, aporta el joven. Ian había ido con un amigo a Provita, una cerealera abandonada en la zona de Liniers. Un clásico para los urbex este tipo de recorridos por plantas abandonadas. Allí, muchas veces suelen encontrar todavía rastros de las personas que trabajaron allí. Cuando salimos, se me ocurrió ir para el ingreso del soterramiento en los talleres de Haedo del tren Sarmiento. Y fuimos con mi amigo, recuerda el joven. El ingreso al túnel prohibido Los dos exploradores llegaron y no encontraron a nadie cerca del alambrado. Entonces, lo cruzaron por una parte que estaba rota. Caminaron entre vagones abandonados hasta llegar al ingreso al túnel. A la entrada no nos cruzamos con nadie y entramos sin problemas, explica Ian. Los dos jóvenes caminaron unas 10 cuadras a 20 metros de profundidad en las entrañas del oeste del conurbano bonaerense, muy cerca del límite con Buenos Aires. Sólo vimos algunos sapos. No había ni ratas ni cucarachas ni otros insectos, dice. Ian subió el video a su canal de YouTube hace cinco días y ya tiene más de 100 mil vistas. En las imágenes se ve cómo los exploradores planearon la entrada y también se aprecian algunas máquinas tuneladoras abandonadas y oxidadas. A la salida, Menéndez fue descubierto por uno de los guardias del lugar, que lo enfocó con su linterna. Los jóvenes corrieron y volvieron a salir por el alambrado roto sin problemas. Sólo nos agitamos un poco, admite Ian. El valor de lo prohibido Muchos jóvenes del mundo urbex soñaban con entrar a este túnel en las profundidades de la tierra y muy cerca de Buenos Aires. Hay, además, otro espacio porteño que es muy codiciado por estos jóvenes. Ian no quiere revelar cuál es, pero es un espacio céntrico al que ya tiene en mente para una nueva exploración. A Ian también le gusta viajar. El joven trabaja de programador y cada año se hace espacio para llevar sus aventuras a otras partes del mundo. Fui autodidacta. Aprendí a programar solo y hago el trabajo desde mi casa, explica. En los últimos años, Menéndez recorrió un hospital abandonado en una isla de Nueva York a la que llegó en kayak. En ese espacio, se internaban adictos y enfermos mentales. Todavía quedan algunas camas abandonadas y los espacios en los que encerraban a las personas. Ian también durmió en un barco abandonado en Corrientes y viajó de polizón en un tren de carga de Santa Fe a Buenos Aires. Otros de los riesgos que corrió el joven fueron cuando se subió a una grúa en Buenos Aires o recorrió los túneles del subte de Nueva York para buscar una estación abandonada. El registro en redes: una comunidad global Las redes sociales se convirtieron en la principal vitrina para compartir las experiencias. Cada video es una invitación a descubrir un rincón oculto, un pedazo de ciudad que permanece invisible para la mayoría. Ian entiende el lenguaje de la imagen y el suspenso: muestra la entrada, el trayecto, los obstáculos y el hallazgo final. Esa misma comunidad digital funciona como red de apoyo y fuente de información. Los seguidores, muchas veces, envían datos o pistas sobre nuevos lugares. Otros, simplemente, celebran la osadía o preguntan por detalles técnicos: cómo entrar, qué llevar, cómo evitar la vigilancia. El riesgo y el código urbex La exploración urbana tiene reglas no escritas. El respeto por el lugar es fundamental: no romper, no robar, no dejar rastro. La ética urbex marca distancia de los simples vándalos o saqueadores. Si no podés salir sin que nadie note que estuviste, no lo hiciste bien, es una de las máximas de los exploradores. El peligro, sin embargo, está siempre presente. Desde caídas hasta encuentros con guardias o animales, cada recorrido implica una cuota de incertidumbre. Pero esa dosis de riesgo es también parte del atractivo. La adrenalina es lo que te hace volver, afirma Ian. Mientras tanto, el joven sigue programando desde su casa y buscando vuelos baratos para sus próximas aventuras internacionales. Quiero ir a las catacumbas de París y también en algún momento a la zona de Chernobyl, se ilusiona. Ian nunca revela la ubicación exacta de los lugares más sensibles. La discreción es parte del código. Para muchos, la ciudad se termina en el asfalto y las luces. Para Ian, empieza más allá del alambre torcido o la puerta desvencijada. El urbex es una forma de leer el pasado. Las imágenes de Menéndez recorriendo túneles, hospitales y fábricas abandonadas acumulan miles de reproducciones. Cada video es una ventana a lo prohibido. El público comenta, pregunta, sueña con sumarse.
Ver noticia original