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  • La despedida de Gallardo en River fue con lágrimas, una última caricia a los pibes del club y las señales del poco feeling con los jugadores

    » Clarin

    Fecha: 27/02/2026 10:27

    Algunas lágrimas cayeron y mojaron el cemento de las tribunas, pero en el Monumental no solo hubo nostalgia, también rabia. La despedida del ídolo, de la leyenda, tuvo su carga emotiva pero también hubo reproches fuertes a los jugadores. Marcelo Gallardo dirigió su último partido como técnico de River y tras un frustrante segundo ciclo al menos pudo despedirse con una victoria (por 3 a 1 a Banfield) ante su gente, que al final se puso toda de pie para aplaudir y ovacionar al hombre de la estatua. Video Muñeeecooo, Muñeecooo, tronó por última vez en Núñez, mientras bajaban banderas con su figura para rendirle tributo a su líder que tras el pitazo final de Hernán Mastrángelo entró al campo de juego, saludó a los árbitros y se fue caminando solo, levantando los brazos y retribuyendo el saludo a los hinchas que gritaban Gallardo es de River, de River no se va. Detrás suyo, se fueron los jugadores envueltos en una silbatina generalizada y con cánticos hirientes. Ese final fue el resumen de lo que sucedió durante toda la tarde-noche en Núñez. Los fieles riverplatenses despidieron a su guía espiritual, que en su primer ciclo engrandeció más la historia de River, con sus 14 títulos, entre ellos dos Copa Libertadores, con la hazaña de Madrid en la cúspide, cuando el propio Muñeco dijo no hay más nada después de que su equipo venciera a Boca en el Santiago Bernabéu por 3 a 1 y se quedara con el máximo torneo continental en la cara de su eterno rival. Pero el tiempo pasó, la era dorada quedó atrás y hoy la realidad es otra. Este Gallardo, vestido con su habitual traje negro, con el escudo de River en el saco, se despidió haciendo un corte de su segundo ciclo, en el que no obtuvo títulos, no le encontró la vuelta al funcionamiento del equipo y desde septiembre del año pasado a la fecha entró en un tobogán de derrotas que dejaron duros golpes, con registros muy negativos para la estadística histórica. Que la noticia no tape la historia. Gracias eternas, Muñeco, se leía en un trapo blanco con letras rojas colgado en la San Martín Alta. Y no, la noticia jamás tapará la historia del oriundo de Merlo que con su capacidad y sabiduría regó de gloria la institución, a la cual ingresó a los 12 años y forjó un vínculo que es para toda la vida, tal como él lo manifestó y como se plasmó en el video que pasaron en la pantalla gigante del estadio antes del inicio del encuentro. La historia tampoco tiene que tapar la noticia, claro. Porque la mayoría de las imágenes de ese video eran de su primer ciclo, lógicamente. Del segundo capítulo, los triunfos a Boca, en la Bombonera y en el Monumental, lo único positivo, al quedar con el saldo a favor nuevamente (en esta segunda etapa ganó dos Superclásicos y perdió uno). Y después de gastar casi 90 millones de dólares en refuerzos, terminó jugando con nueve jugadores de la cantera del club, con la salvedad de que cinco de ellos (Lucas Martínez Quarta, Rivero, Montiel, Sebastián Driussi y Tomás Galván) fueron incorporaciones que regresaron. Y también se vieron muchos encuentros con la gente de este último tiempo. Esa química y esa mística no se perdió ni siquiera en el cúmulo de derrotas. Nunca paramos de creer, decía la bandera roja y blanca y letras negras, con las figuras de Gallardo y sus principales ayudantes, Matías Biscay y Hernán Buján, que se desplegó en el corazón de la Sívori cuando salió el equipo. Y ahí sonó uno de los Muñecooo, Muñecooo más emotivos de la jornada, en el primer encuentro visual de los fieles con el líder cuando el sol caía en Núñez. El gesto del entrenador era adusto, aunque devolvió el saludo levantando sus manos y la gente le sacó una sonrisa, como así también Pedro Troglio, el técnico de Banfield, con quien se dio un efusivo abrazo. A los 12 minutos, cuando Martínez Quarta convirtió el gol de cabeza, el Muñeco aplaudió, se dio vuelta y se acercó al banco de suplentes para saludar a sus colaboradores. Se dio vuelta cuando el defensor llegó a abrazarlo tras una larga corrida y otros jugadores también se sumaron. Pero la cara del entrenador seguía seria. Diferente fue la secuencia del segundo tanto, en el que, luego de que Driussi empujara la pelota a la red, el Muñeco lo gritó con todo, agitó con el puño y se abrazó con Biscay. Después, recibió el saludo del Gordo, uno de sus preferidos. Ahí volvió a bajar otra ovación para el técnico, que devolvió el gesto saludando a los cuatro costados. Y desde la popular se entonó ole, le, ola, la, Gallardo es de River, de River no se va. Y en el tercer gol, el del pibe Freitas, aplaudió fuerte, como satisfecho por la conversión tras una gran jugada previa. Gracias, por esa alegría de ganarle a Boca, de salir campeón, se cantó, en otra dedicatoria a Gallardo, el padre de los triunfos resonantes de la última década contra el rival de toda la vida, el que cambió la historia del Superclásico. Toda esa pasión y emoción que los hinchas destilaron con el Muñeco llegó después de momentos de rabia y furia con los jugadores, a los que apuntaron como los grandes responsables de esta crisis futbolística que se llevó puesto al ídolo, anticipando su salida. Los silbaron a muchos de ellos (Colidio fue el que más reprobación se llevó y lo siguieron Acuña, Paulo Díaz, Martínez Quarta, Driussi, Castaño, Galoppo, Salas, Bustos y Viña) cuando la voz del estadio anunció la formación. La siguieron con cánticos hirientes mientras hacían el calentamiento previo como el ya clásico pongan más huevos, pongan más corazón y transpiren la camiseta para salir campeón, hubo una silbatina fuerte y generalizada cuando se fueron al vestuario para cambiarse y explotaron con el jugadores, la c...de su madre, antes de que empiece el partido cuando ya estaban formados. En contrapartida, hubo aplausos para los pibes y para Montiel, el único que se salvó de los grandes. El final del partido transcurrió con mucha tranquilidad como hacía tiempo no sucedía en Núñez. La pelota corrió de lado a lado manejada por los de la banda roja. Y tras el pitazo final, no hubo homenajes ni plaquetas adentro de la cancha como así tampoco hubo al inicio. Fue por pedido del propio Gallardo, quien necesitaba que tanto él como los jugadores estuvieran enfocados en conseguir una victoria. Y así fue. Luego, se marchó, solo y con los jugadores a su espalda. Pero con el clamor popular sobre sus hombros. Es que, a pesar de que las cosas no salieron como se esperaban, más allá de las circunstancias, el vínculo del Muñeco con River será eterno. Y nada, ni siquiera los malos resultados de este segundo ciclo, lo harán cambiar. Hay una historia previa que quedó marcada para toda la vida. Sobre la firma Newsletter Clarín

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