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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 27/02/2026 01:28
Evangelina Anderson decidió hablar sin vueltas y, con su estilo entre filoso y divertido, le puso punto final a uno de los rumores que más se instalaron en las últimas semanas alrededor de su regreso a la televisión. En una charla con Ángel de Brito en LAM (América TV), la modelo se refirió a su presente sentimental, recordó cómo nació el shippeo con Ian Lucas en MasterChef Celebrity (Telefe) y fue contundente al explicar por qué, más allá del juego mediático, no hubo nada real: Desde que me separé estoy sola. Quedé como que no quería saber nada de los hombres. La conversación arrancó con un clima distendido, aplausos en el piso y una primera confesión que sorprendió a todos: Evangelina contó que se operó de las cuerdas vocales. Ahora me tienen que escuchar, lanzó con humor, mientras en el estudio celebraban que se la oía mejor. Con ese tono relajado, de Brito la llevó directo a repasar su vuelta al ruedo y, sobre todo, su paso por MasterChef, un reality que, según admitió, le costó aceptar al principio. Sin embargo, con el programa ya transitado, miró para atrás y se mostró conforme. La modelo afirmó que la pasó súper, que aprendió un montón y que se armó un grupo de amigos que va a perdurar. En ese repaso, Evangelina también habló de lo que significó estar alejada de los medios durante un tiempo. Fui muy feliz. Me gustaba el anonimato, andar por la calle tranquila, que no me conozca ni el loro, y hacer lo que quería y salir despeinada, soltó, entre risas, y hasta contó que la retaban por decirlo. Pero también reconoció algo que les pasa a muchos cuando vuelven: Ahora que volví, le tomé el gustito. Fue en ese ida y vuelta, con chicanas y comentarios al pasar, cuando Ángel de Brito abrió la puerta a su situación amorosa. ¿Y tu novio?, le tiró, y Evangelina respondió con una sutil frase: Presentame a alguien, Ángel. Estoy más sola que el agua. A partir de ahí, inevitablemente apareció el nombre de Ian Lucas, el compañero de MasterChef con el que durante semanas la vincularon, alimentados por el humor del programa, las redes y el entusiasmo del público. ¿Y con Ian qué pasó?, insistió el conductor. Ella, tajante: No, nada, nada. No pasó nada. La explicación, sin embargo, fue más amplia y dejó en claro cómo se construyen ciertas historias en televisión. Evangelina contó que el vínculo surgió en clave de broma desde el inicio del reality: Cuando empezamos hicieron un shippeo, que me tuve que interiorizar en la palabra, pues, vieja, dijo, divertida. Y agregó el detalle que lo resume todo: Me enganché, porque era gracioso, entonces nos enganchamos con el shippeo. En otras palabras, lo vivió como un juego simpático, una dinámica de programa que funciona para el show, pero sin correlato en la vida real. En el estudio, igual, siguieron empujando. ¿Era juego? ¿O pasó un poco?, le preguntaron. Evangelina se mantuvo firme: No pasó nada. Fue parte de MasterChef. Y cuando le marcaron que a él se lo había visto algo molesto en algunas notas, insinuando que tal vez Ian estaba más enganchado, ella eligió hablar desde su perspectiva y, de nuevo, recortó el rumor: Yo te puedo hablar por mí. Para mí no fue así, tampoco de su lado. Ahí apareció la frase que terminó de ordenar el porqué: No estamos en simetría de etapas. Somos diferentes muy distinta. De recorrido, explicó. Y cuando alguien quiso llevarlo al terreno de la edad, ella lo definió con una honestidad que desactiva cualquier fantasía: Es un bombón, pero es muy chiquito. No hubo desprecio, al contrario: lo elogió, dijo que es divino, que es buenísimo, pero fue clara en que hoy su vida va por otro lado. De hecho, en la misma entrevista dejó ver cuál es su prioridad cotidiana. Evangelina habló de sus hijos, de las distintas edades y los distintos quilombos que implica cada etapa. Contó que Bastián está por cumplir 17, que termina la secundaria este año y que está de novio. Pensé que me iba a caer peor, bromeó sobre la novia, pero enseguida remarcó que es muy buena chica, de la familia. También mencionó a Lola, de 13, y a Emma, que cumple 9.
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