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» La Nacion
Fecha: 26/02/2026 18:20
Para la directora de Integración Productiva de Fundar y exministra de Desarrollo Humano y Hábitat de CABA, la falta de oportunidades en las villas y asentamientos condiciona los sueños de miles de adolescentes y jóvenes; un chico que termina cometiendo un delito lo hace, muchas veces, en situaciones de desesperación - 11 minutos de lectura' María Migliore está convencida de que la receta para generar mejores condiciones de vida para quienes crecen atravesados por la pobreza y la desigualdad involucra una verdadera integración social y urbana. Tener una casa cómoda y en un barrio con calles, iluminación, medios de transportes y servicios básicos como agua, gas y energía, dice, inicia una cadena virtuosa que mejora el punto de partida de quienes crecen ahí. Migliore, de 40 años, es directora de Integración Productiva de Fundar, un centro de investigación orientado al diseño de políticas públicas. Antes condujo el Instituto de Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires y después fue ministra de Desarrollo Humano y Hábitat porteño, siempre durante la gestión de Horacio Rodríguez Larreta. Cuenta que empezó a frecuentar los barrios populares hace unas dos décadas, cuando estudiaba Ciencias Políticas en la UCA y hacía trabajo social. Es desde ese entendimiento que le dio estar en el territorio que hoy pide una discusión más profunda sobre algunos temas, como la baja de la edad de imputabilidad. Vale la pena discutir un régimen penal juvenil, pero que vaya mucho más allá de la edad de imputabilidad, sostiene y advierte: Un chico que termina cometiendo un delito lo hace, muchas veces, en situaciones de desesperación. Si hoy camináramos juntas por un barrio popular, ¿qué escenas concretas de desigualdad podríamos ver? Te podría mostrar una casa donde los padres y los chicos duermen en la misma habitación, cosa que es muy normal en las villas. O casas en donde bañarte con agua caliente es un lujo y no es algo cotidiano. Ahí, el miedo cotidiano de una madre es irse a dormir en invierno y tener que elegir entre que su hijo tenga frío o calefaccionarlo, con el riesgo de que su casa se incendie. Hay muchas cosas que quienes estamos en lugares de privilegio tenemos como aseguradas y normalizadas pero que mucha gente no las tiene. ¿Qué pasa con la infraestructura de esos barrios? Probablemente tengas que caminar muchas cuadras para llegar a un colectivo, porque no suelen entrar. O como los pasillos son angostos, que una ambulancia entre para asistir a una emergencia es una odisea. Varía según el barrio, pero seguramente de noche sea más inseguro porque no está iluminado. ¿Recordás alguna historia que te haya impactado especialmente y que muestre esta desigualdad estructural de la que hablamos? Cuando empecé a trabajar en la parroquia Caacupé del barrio 21-24 (también conocido como Zavaleta) habíamos conseguido una entrevista de trabajo para un chico que tenía 18 o 19 años y no había ido. Lo fuimos a buscar a la casa y no nos quería decir por qué no se había presentado. Al final nos cuenta con vergüenza que el hermano se había llevado el único par de zapatillas sano que tenían. ¿Conocés más casos de chicos que logran salir de la pobreza o de chicos que quedan atrapados en ella? Si miro la estadística, son más chicos los que nacen en contextos adversos y no logran salir. Por eso existe a nivel país lo que se llama el núcleo de pobreza estructural, que tiende a repetirse de generación en generación. Son entre el 25% y el 30% de la población, según cómo se mida. No es solo un problema de ingresos: también es desafío educativo, de infraestructura. Se suman muchos factores. ¿Cómo mira la sociedad a los chicos que viven en la pobreza? La pobreza es un estigma para ellos. Cuando trabajábamos en el barrio 31, en Retiro, hicimos un experimento. Armamos cuatro perfiles laborales con las mismas habilidades. Lo único que cambiamos fue el lugar donde vivían. Dos tenían domicilio de Recoleta y dos decían manzana 5, casa 4. Los mandamos a unas 200 búsquedas laborales reales. Los que tenían domicilio en Recoleta tuvieron un 70% más de llamados para entrevistarlos que los otros. Es muy claro el estigma. No te llaman de un trabajo solo por el lugar donde vivís. Ya por eso, quedás afuera. Teniendo en cuenta este panorama, ¿cuáles son las posibilidades de progreso de un chico de 15 años que vive en un barrio popular? Muchas veces está muy amenazado ese recorrido. También la continuidad con la escuela, si tiene una familia que no puede cubrir lo básico. Sin embargo, se dice que la mayor parte de los niños y adolescentes están escolarizados La deserción en la escuela secundaria está hoy subregistrada en la Argentina. Es algo que sale en encuestas que hacemos. Se les pregunta a los chicos si van a la escuela y dicen que sí. Pero cuando les preguntás hace cuánto que no van, te dicen que no fueron las últimas tres semanas. Cuando empieza esa intermitencia, las chances de volver empiezan a complejizarse. ¿Qué pasa con los proyectos a futuro de esos chicos? Se me viene a la cabeza el caso de Nico, un líder social del barrio 1-11-14, del Bajo Flores. Él siempre me dice: Mary, cuando vos nacés en un barrio como el que me tocó nacer a mí, no es que vos a los 5, 6 u 8 años no tenés sueños. Soñás lo mismo que todos. El problema es que te empezás a dar cuenta de muy chico que eso no va a poder ser realidad. Y esto tiene que ver con las condiciones donde te tocó nacer. No es algo que hiciste, no es algo que elegiste, es solo por el hecho de nacer o crecer en un lugar. Eso define muy fuerte tu trayectoria. ¿Qué oportunidades reales tienen esos chicos para revertir eso, para sentir que pueden ir tras esos sueños? Tienen muchas menos oportunidades. Tenemos que preguntarnos desde dónde vamos a reconstruir esas posibilidades. El tejido social está muy lastimado. También hay que hacer una revisión profunda sobre si la manera en la que se está llegando es la más eficaz. La política social todavía está muy atada a la matriz del 2001. Es un momento para frenar un poco y pensar, con todos los cambios que hay en el mundo del trabajo, con la inteligencia artificial, ¿cuáles son las instituciones desde las que se va a reconstruir el tejido social para que las oportunidades vuelvan a ser reales? ¿Cuáles tendrían que ser, según vos, esas instituciones? Para mí son la escuela y los clubes. Yo estoy convencida de que son dos dispositivos que tienen capilaridad. La pregunta es cómo se las fortalece, cómo se trabaja sobre eso en vez de seguir abriendo 80 dispositivos satélites, que no digo que no sirvan, pero creo que se pierde mucho esfuerzo en esa interacción no coordinada. ¿Qué pasa con las escuelas y los clubes cuando el narco se instala en un barrio? Cuando el narco ocupa el lugar que las instituciones no ocupan, es una catástrofe. El narco, muchas veces, es la salida laboral que se tiene a mano y entonces los chicos terminan siendo víctimas de un sistema muy complicado. Hay algo que también me parece muy complejo que es cuando el narco no solo es quien provee lo material sino que empieza a ocupar el lugar de lo aspiracional. Cuando se analiza las trayectorias de los adolescentes que cometen delitos, aparecen historias atravesadas por la pobreza y la desigualdad. ¿Cuánto y cómo influyen la pobreza y la desigualdad para que haya chicos que terminen creyendo que el delito es la única salida? Mucho. Son trayectorias muy golpeadas. Con esto no estoy justificando nada. Creo que cada quien es dueño de su vida y elige. Pero es más complejo: si tenés 12 años, al frente del hogar está solo tu mamá, ella trabaja 12 o 14 horas por día pero no llega a fin de mes, vos tenés que salir a trabajar e igual no alcanza, tus hermanitos quedan solos, muchas veces sos vos el que tenés que cuidarlos... es difícil la expectativa de futuro en ese contexto. Y en algún punto aparece la delincuencia como salida posible. Si se aprueba y se implementa el proyecto de ley de baja de la edad de imputabilidad, ¿cómo va a cambiar la vida de un chico de 14 años que cometa un robo? Para mí no va a cambiar nada, absolutamente nada. La pueden poner en 10 o 12 años y tampoco va a cambiar. Porque la política mira la realidad con lentes equivocados. Si lo que motiva es bajar la inseguridad, cuando vos mirás la estadística, al menos en la provincia de Buenos Aires, que es la más compleja, el 80% de las investigaciones penales iniciadas en los últimos años son a mayores de 18 años. El porcentaje de chicos menores de 18 en conflicto con la ley es muy bajo. El tipo de delitos que cometen son en general contra la propiedad. ¿Y entonces qué habría que hacer con un chico de 14 o 15 años que comete un delito? No digo que no haya que hacer nada. El problema es que en los institutos de menores, una vez que entran, salen peores. Y si los metemos en una cárcel común, no hay una sola persona que te diga que funciona. La tasa de reincidencia baja cuando aparecen organizaciones sociales, como puede ser Justicia Restaurativa o Los Espartanos, que hacen un trabajo que debería hacer el Estado y logran otro tipo de resultados. ¿A ese sistema penal los vamos a meter? No hay una sola discusión sobre qué va a pasar para que esos chicos puedan tener una mejor trayectoria, puedan cambiar, puedan tener oportunidades reales. Hay quienes sostienen que bajar la edad serviría para disuadir a los chicos ante el delito. Yo no lo creo. Un chico que termina cometiendo un delito lo hace, muchas veces, en situaciones de desesperación. De nuevo, con esto no les quiero sacar responsabilidad. Por supuesto que hay que mirar el dolor de las víctimas y de las familias de las víctimas. Vos, concretamente, ¿qué propondrías? Creo que vale la pena discutir un régimen penal juvenil. Pero que vaya mucho más allá de la edad de imputabilidad. Yo pondría el foco en poder escalar a nivel sistémico cosas que funcionan. Lo que hacen Los Espartanos o Justicia Restaurativa funciona. Vos hoy tenés 140.000 personas dentro de las cárceles. No es un universo inabordable. Si eso sucediera, ¿vos estarías de acuerdo en que se baje la edad de imputabilidad a los 14 años? A mí no me convence porque creo que si todo lo otro funcionara bien, el resultado sería distinto. Y hoy no es que si un menor comete un delito no se puede hacer nada. Podés hacer un montón de cosas. Bueno, que se hagan bien esas cosas. Empezaría probando que los institutos de menores funcionen bien, que tengan profesionales, el presupuesto que necesitan, capacidad de intervención y a partir de los resultados de eso discutimos después la baja de la edad de imputabilidad. Vos no pensarías en lugares diferentes, mejorarías los institutos de menores actuales. Sí, creo que al mejorarlos serían muy distintos en las operatorias que tienen hoy. ¿Por qué salen peor de esos espacios? ¿Qué falla? Me parece que es un problema de infraestructura, faltan profesionales dedicados a la reinserción. Las fundaciones que logran mejores resultados pueden construir un aspiracional, pueden reparar, pueden invitar a esa persona a que se haga cargo del dolor que causó. Tiene que pagar por eso, tiene que poder pedir perdón, pero tiene que poder haber un día después. ¿En qué sentido? Lo que pasa hoy en la Argentina es que una persona cumple su condena y no solamente sale peor, sino que probablemente no consigue un trabajo en blanco nunca porque le piden antecedentes penales. Tenemos un sistema judicial que considera que ya cumplió su condena, pero una sociedad que le dice: No, si vos tuviste un antecedente, no te voy a contratar nunca. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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