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  • Por qué te pueden cobrar una multa de hasta USD 1.000 en Nueva York

    » TN

    Fecha: 26/02/2026 18:05

    En Nueva York hay una ley conocida como Puppy Mill Pipeline Act que cambió las reglas del juego: la venta minorista de perros, gatos y conejos en tiendas tradicionales quedó prohibida y las sanciones por ignorar esta norma pueden llegar hasta USD 1.000 por cada infracción. La medida, impulsada por la administración estatal junto con organizaciones de protección animal, responde a un reclamo cada vez más fuerte de la sociedad: terminar con el vínculo entre los comercios que ofrecían animales y los criadores industriales que, a menudo, priorizan la cantidad sobre la salud y el bienestar de los animales. Antes, muchas familias se ilusionaban con llevar a casa un cachorro sano, solo para enfrentarse después a costosas visitas al veterinario por problemas que nunca se les contaron al momento de la compra. Leé también: El piso que es tendencia para los hogares de Estados Unidos Fomentar la adopción El objetivo oficial detrás de esta legislación va más allá de la sanción económica. Las autoridades aseguran que con estas multas buscan fomentar la adopción responsable, reducir las denuncias por maltrato y, sobre todo, cortar de raíz prácticas que históricamente llevaron a animales a vidas precarias. En la visión de quienes promovieron estos cambios, adoptar a través de refugios o de organizaciones especializadas es no solo más ético, sino también más seguro para las familias. En práctica, ¿qué significa para una tienda de mascotas esta nueva normativa? Simple: si una tienda decide vender un perro, un gato o un conejo como si fuera un producto más algo que antes era común en muchos locales ahora se arriesga a pagar una multa significativa por cada animal ofrecido sin el reglaje correspondiente. La sanción está pensada como un freno claro ante prácticas que, según los defensores de la ley, dejarían animales en situaciones de vulnerabilidad y consumidores desprotegidos frente a problemas sanitarios o de origen. Para muchos dueños de tiendas pequeñas, la transición ha sido difícil. Algunos argumentan que siempre quisieron hacer las cosas bien: comprar a criadores responsables, exigir documentación veterinaria, ofrecer garantías. Sin embargo, el carácter indiscriminado de la norma que no distingue entre grandes cadenas y tiendas familiares generó tensiones y llevó a varios comercios a replantear su modelo de negocio o, en algunos casos, anunciar cierres. Leé también: Cambios en el aeropuerto internacional de Miami Pero también hay voces satisfechas. Organizaciones protectoras de animales ven con buenos ojos que el enfoque estatal pase por promover adopciones y supervisar de cerca las transacciones que involucran seres vivos. Para ellos, la convivencia con una mascota debería empezar por una decisión informada, respetuosa y basada en la protección del animal, no en el impulso del momento o el brillo de una vitrina. Este cambio normativo en Nueva York se inscribe en una tendencia que ya han observado otros estados y ciudades de Estados Unidos. Muchos están convencidos de que es posible crear un equilibrio donde los comercios sigan aportando servicios como accesorios, alimentos o actividades relacionadas con el cuidado animal sin que los animales mismos sean vistos como simples mercancías. Al final, la conversación sigue abierta: ¿debería todo el país seguir los pasos de Nueva York? ¿Las multas son suficientes para disuadir prácticas indeseadas, o deberían ir acompañadas de incentivos positivos para adopciones? Por lo pronto, en esta ciudad que siempre avanza rápido, la forma de comprar una mascota ya no es la misma de antes y la multa de hasta USD 1.000 por infringir esa regla es un recordatorio muy claro de ello.

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