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Parana » AnalisisDigital
Fecha: 26/02/2026 17:23
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino. Detrás, el mandatario argentino, Javier Milei. José Luis Lanao Un ojo. Un ojo ciego. Y tanta barbarie. Da la impresión que la alternativa es que alguien ponga su cuerpo y su ojo para que creamos lo que vemos. No deberíamos necesitar víctimas para saberlo. Vamos a seguir estando en la calle, aunque quieran que nos gane el miedo. No se nos juega un ojo sino el futuro de nuestros pibes, que ya tienen un presente de mierda, expresó Lucas Morello, el profesor que perdió un ojo por un disparo de la policía en la concentración del 11 de febrero contra la reforma laboral. Sin embargo, la represión mantiene sus ojos intactos. Ojos de odio. Un odio cada vez más sofisticado, más salvaje. Que cansa, destruye, pero vuelve, siempre vuelve. Las autoridades niegan cualquier tipo de represión. Jorge Macri se alineó con el discurso y el dispositivo. La pregunta es entonces inevitable: ¿cómo se construye la densidad de lo real en un tiempo en que la irrealidad se ha convertido en técnica de gobierno? Hay una diferencia entre un gobierno que miente y un gobierno que trolea. El primero rinde homenaje a la verdad ocultándola; el segundo ha abandonado el juego por completo. Ya ni siquiera pretende decir la verdad. Frente a un poder que gobierna mediante la mentira y la violencia extrema, la única respuesta posible es construir realidad juntos: ciudadanos que graban, que verifican, comunidades que comparten lo que ocurrió. Sin esa cadena, el régimen de irrealidad gana. Se necesita de esa experiencia compartida, de esa comunidad que valida colectivamente lo que ve y lo que vive. Quieren borrar los sitios donde las personas se encuentran como ciudadanas; donde adquieren un lenguaje para pensar mancomunadamente; donde la desigualdad se hace visible como problema político y no como fracaso individual. Cuando esos espacios desaparecen, lo que queda son individuos aislados. Es la desdemocratización. No es la supresión de la democracia formal; es la eliminación de las condiciones materiales y culturales que posibilitan la práctica democrática. Así se construye el perfil internacional de la nueva ultraderecha global, donde la libertad se define por lo que condenas. No necesitan convencer sino vaciar. No necesitan ganar el argumento sino destruir el espacio donde los argumentos alternativos se producen. Censura sin censura. Disciplinamiento sin huella formal. Mientras el mundo se descompone, al otro lado de la aldea global nace un nuevo esperpento: la Junta de Paz. Un entuerto creado por Trump para debilitar la ONU con el apoyo de 30 países (la mayoría dictaduras teocráticas o democracias serviles como la nuestra), y con el sorprendente apoyo de la FIFA. Cabe preguntarse ¿qué hace ahí la FIFA? Cuánto absurdo se puede tolerar. Es como si mañana la Federación Mundial de Curling se asociara con la OTAN. Con la sensibilidad de una ameba, Gianni Infantino presentó el vergonzoso vídeo promocional de minicanchas de fútbol próximos a construir sobre los territorios de niños, hombres y mujeres asesinados en Palestina. Esto lo desacredita de inmediato para presidir el organismo internacional. Pero la sumisión y el miedo es tan atronador en el fútbol internacional, que el silencio otorga. Somos seres esculpidos de tiempo, de lenguaje y de memoria. No siempre comprendemos cuanta fortaleza se necesita para vivir en la solidaridad. Lucas lo sabe. Ha visto de cerca el infierno, y ha vuelto, para seguir luchando ignorando su existencia. Ese ojo perdido, luminoso como un faro, habita en el corazón de todos nosotros. (*) José Luis Lanao es periodista, ex jugador de Vélez, clubes de España y campeón mundial 1979. Esta columna de Opinión fue publicada originalmente en el diario Página/12.
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