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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 26/02/2026 17:05
La sonrisa que se dibuja en su rostro es la expresión más genuina de lo que está viviendo: con el correr de los días, lejos de apagarse, se vuelve cada vez más amplia. Ante cada pregunta, Tomás Etcheverry hace una pausa, respira hondo y piensa la respuesta, como si necesitara volver a sumergirse en el instante exacto de la consagración. Regresa mentalmente a ese punto, aunque hayan pasado apenas un puñado de días, a ese momento con el que soñó tantas veces. Porque en el tenis, donde la recompensa es escasa y la derrota es moneda corriente, cada logro se siente como algo irrepetible. Cuando la pelota picó afuera sentí alegría y angustia a la vez, admite en una calurosa charla con Infobae el flamante campeón del ATP 500 de Río, donde el último domingo alcanzó el primer título ATP de su carrera. Me tiré al piso, me dejé caer y no podía parar de llorar. Pude sacarme una mochila que tenía de hace tiempo. Se me vinieron todos los recuerdos, todo el esfuerzo que hay detrás, el trabajo, el entrenamiento. Lo venía buscando hace mucho, mucho tiempo, reconoce. No era para menos. Antes de la conquista en Brasil, el platense había perdido las tres finales que había disputado: Santiago y Houston en 2023, y Lyon en 2024, todas sobre polvo de ladrillo, su superficie natural. La última, incluso, se le escapó con match point a favor. Fueron momentos muy dolorosos en mi carrera donde tuve que aprender a sobreponerme, reconoce. A veces decís: ¿por qué tanto sufrimiento o cuándo se va a dar?. Y uno se empieza a replantear un poco todo. La respuesta llegó en Brasil, después de una semana extenuante: trece horas y 46 minutos en cancha, con un promedio de dos horas y 45 por partido. La semifinal comenzó el sábado y terminó el domingo, atravesada por todos los climas posibles: lluvia, calor extremo y una suspensión de más de una hora por la ley de calor. Ese mismo domingo, horas después, tuvo que salir nuevamente a la cancha para disputar la final. Arranqué con mucho cansancio, cuenta sobre el partido decisivo. Pero a medida que fue pasando empecé a sentirme cada vez mejor y con más energía. Me conecté más con la gente, empecé a alentarme más. Del otro lado, su rival comenzó a decaer. Yo arranqué de menor a mayor y él de mayor a menor. Llegó un momento donde pude sobreponerme y mi tenis creció. Ya en el tercer set sentía que iba a ser mi día. SIMULADOR Juega y simula el camino de las selecciones hasta la final del Mundial Ese momento tuvo una carga simbólica especial. Porque Etcheverry sabe lo que es esperar. Su debut absoluto en el ATP Tour fue el 10 de octubre de 2020, cuando cayó en la primera ronda de la clasificación del ATP 250 de Cerdeña ante el serbio Danilo Petrovic. De aquella derrota inicial a levantar el trofeo en Río pasaron años de construcción silenciosa. Trabajé mucho la parte mental este último tiempo para dar un salto de calidad, subraya. La mente es muy, muy importante. Si a uno le gusta y en serio lo quiere, las cosas llegan. Pero para eso hay que trabajar y esforzarse mucho. Cuando se le pregunta si este título marca un antes y un después, no duda. Cien por ciento. Se me venía negando mucho y esto tenía que suceder para poder voltear una pared, por así decirlo, y encarar de otra forma lo que viene. ¿Y qué fue lo primero que pensó cuando se tiró al piso? No necesita demasiado tiempo para responder. En la gloria. Siempre me repetía eso. Estar ahí arriba. Resiliencia también. Lo intenté, lo intenté, lo intenté. No paré de intentarlo. Intenté tanto que en la vida no tengo otro remedio que dármelo. Ahora mira hacia adelante. Quiere más. Uno de mis objetivos es estar en el Top 20 para Roland Garros. Es ambicioso, pero tengo muchas ganas de lograrlo. Y empezar a hacer grandes papeles en los Masters 1000. La mochila ya no está. Quedó tirada en el polvo de ladrillo de Río, junto a la marca de su cuerpo sobre la cancha. En ese lugar donde, por fin, la angustia se transformó en alegría.
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