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  • Fenómeno Ovni: 35 años después, desclasifican documentos sobre misterioso hecho en la Antártida

    Parana » Uno

    Fecha: 26/02/2026 10:05

    Un episodio ocurrido en 1991 en la Antártida Argentina vuelve a escena tras más de tres décadas. La reciente desclasificación de documentación oficial, gestionada a través de la Ley de Acceso a la Información Pública, reactiva el interés sobre una serie de mediciones inusuales registradas en la Base General San Martín y el testimonio de uno de sus protagonistas: el suboficial meteorólogo Miguel Amaya. La información fue obtenida en el marco de la campaña que impulsa la Comisión de Estudio del Fenómeno Ovni en la República Argentina (Cefora), presidida por la reconocida ufóloga Andrea Pérez Simondini, organización que desde hace años promueve la desclasificación de archivos oficiales vinculados a Fenómenos Aéreos No Identificados (FANI), conocidos internacionalmente como Unidentified Aerial Phenomena (UAP). Fenómeno Ovni: 35 años después, desclasifican documentos sobre misterioso hecho en la Antártida Andrea Pérez Simondini, ufóloga reconocida a nivel mundial y referete del Museo Ovni en Victoria, destacó que finalmente se difunda este tipo de información Esto se da en un contexto en el que el interés por los fenómenos aeroespaciales inusuales ya no se limita a ámbitos marginales. En los últimos años, declaraciones públicas del expresidente de Estados Unidos Barack Obama sobre la existencia de registros oficiales de objetos que no pueden ser identificados, así como medidas adoptadas durante la gestión del presidente actual de ese país, Donald Trump, vinculadas a la desclasificación de información, generaron un efecto dominó en distintos países. Crece el interés por el Fenómeno Ovni En diálogo con UNO, Andrea Pérez Simondini responsable junto a su mamá Silvia del Museo Ovni de Victoria, entidad que se destaca por su labor a nivel mundial, señaló precisamente que el tema cobró renovada relevancia a partir de las declaraciones de Trump, que volvieron a poner en agenda la discusión sobre archivos y desclasificaciones a nivel internacional. Ese contexto generó impacto en muchos países, entre ellos Argentina, y reavivó el interés por seguir investigando, sostuvo. También explicó que el hallazgo no fue casual, sino el resultado de años de insistencia y trabajo sostenido. Estos rollos fueron buscados durante más de 15 años. Lo interesante es que en este caso no se trata de alguien directamente vinculado a nuestras campañas, sino de un ciudadano común que se animó a utilizar la Ley de Acceso a la Información Pública. Eso demuestra que la herramienta funciona y que cualquier persona puede involucrarse, destacó. La directora del Foro remarcó que el objetivo es continuar avanzando en nuevas búsquedas. Ahora vamos a ir tras otros casos vinculados a la Antártida. Cuando se revisa la documentación, aparece el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, porque allí está incluida jurisdiccionalmente todo lo relacionado con el Instituto Antártico. Este es apenas el primer caso testigo que podemos comprobar bajo esta modalidad, y abre expectativas para que se sigan desclasificando otros expedientes, subrayó. Avances Cabe destacar que en Sudamérica, Uruguay avanzó recientemente en un acuerdo entre la Comisión Receptora e Investigadora de Denuncias de Objetos Voladores No Identificados (Cridovni) y la oficina estadounidense All-domain Anomaly Resolution Office (AARO), dependiente del Pentágono, para intercambiar información técnica y metodológica sobre estos eventos, según precisó Pérez Simondini, quien remarcó que en Argentina el camino elegido fue otro: utilizar la Ley 27.275 para solicitar formalmente documentación histórica. En este marco, el caso antártico se reactivó cuando Axel Díaz, colaborador de Cefora, presentó un pedido ante el Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto a través de la Secretaría de Malvinas, Antártida, Política Oceánica y Atlántico Sur solicitando información sobre mediciones realizadas con un riómetro en 1991. La respuesta oficial confirmó la existencia de nueve rollos de papel originales con registros efectuados entre abril de 1991 y enero de 1992. No existe copia digital del material y, según el documento, los rollos pueden consultarse físicamente en el Instituto Antártico Argentino. El dato resulta clave porque coincide con el relato brindado años atrás por el suboficial Miguel Amaya al investigador Carlos Iurchuk, integrante de Cefora. La noche de las señales Sobre este caso de la Antártida, Pérez Simondini recordó que Miguel Amaya cumplía funciones como observador meteorológico y radiosondeísta en la base. Su formación técnica le permitía distinguir con claridad fenómenos atmosféricos convencionales de otros eventos. El hecho ocurrió entre abril y mayo de 1991, durante el inicio de la noche polar. La dotación estaba integrada por 20 personas, entre militares y científicos civiles. Alrededor de la 1.15 de la madrugada, el ingeniero electrónico a cargo de estudios de ionosfera lo llamó para consultarle si había transmisiones radiales activas hacia el continente. Minutos después, comenzaron a registrarse anomalías en un instrumento científico clave: el riómetro. Un riómetro mide variaciones en la absorción ionosférica de ondas de radio cósmico y permite estudiar alteraciones en la ionosfera, especialmente en regiones polares. Según el testimonio, el equipo registrador con tres brazos gráficos independientes comenzó a trazar líneas idénticas de manera simultánea, algo que el ingeniero consideraba técnicamente imposible. Las mediciones se prolongaron durante aproximadamente cuatro horas y media, con picos de intensidad que, según el relato, no tenían antecedentes conocidos. A la mañana siguiente, durante la comunicación semanal con la Dirección General del Antártico, el ingeniero informó a su superior sobre la magnitud de las señales. La respuesta fue contundente: el material no debía transmitirse por radio ni enviarse en vuelos. Debía ser entregado personalmente en febrero, cuando arribara el rompehielos ARA Almirante Irízar. La instrucción incluyó mantener el rollo bajo el brazo y no volver a hablar del tema por frecuencia. Para Cefora, este punto constituye uno de los aspectos más sensibles del caso: la posible intención de restringir la circulación de información científica que no encontraba explicación inmediata. Pero el episodio no concluyó allí. Según Amaya, esa misma noche, uno de los integrantes del laboratorio observó en medio de la nevada y con nubosidad baja un gran círculo luminoso desplazándose lentamente sobre la base en dirección al mar, sin emitir sonido. La experiencia fue relatada en un clima de desconcierto general dentro de la dotación. A partir de la desclasificación, Cefora accedió a la nómina oficial de la dotación 1991 publicada por la Fundación Marambio. Entre el personal civil del Instituto Antártico Argentino figura el ingeniero electricista con orientación electrónica Esteban Lucio González, oriundo de Mar del Plata. Según informó la organización, ya se estableció contacto con él para conocer su versión directa de los hechos. También se analiza la posibilidad de ubicar al resto de los integrantes de aquella campaña antártica. Memoria documental Para Andrea Pérez Simondini, el caso representa algo más que un episodio ufológico: es una muestra del alcance que puede tener la herramienta de acceso a la información pública. Cada documento desclasificado no sólo aporta datos sobre fenómenos aeroespaciales inusuales, sino que fortalece la cultura de transparencia institucional, sostienen desde Cefora. La organización ya logró la apertura de más de diez expedientes históricos en Argentina, entre ellos el denominado Caso Bariloche, que involucró a un avión comercial y a una aeronave sanitaria de fuerzas de seguridad. En cuanto a los nueve rollos recuperados, si bien no constituyen una prueba concluyente de presencia extraterrestre, sí documentan un evento instrumental inusual en una de las regiones más estratégicas del planeta, analizó la especialista. Hoy este registro en papel logró atravesar el tiempo y 35 años después, vuelve a interpelar a investigadores, científicos y ciudadanos por igual. Porque más allá de las hipótesis, lo cierto es que los datos existen. Y ahora, oficialmente, están reconocidos.

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