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Fecha: 26/02/2026 08:36
Lo sucedido tomó notoriedad pública en las últimas horas, pese a que ocurrió el pasado 18 de febrero, a raíz de los videos grabados por los propios pasajeros, donde se observa el dramático momento en que el barco queda a merced de vientos intensos y un oleaje violento. El fenómeno meteorológico que afectó la zona fue un ciclón extratropical que impactó el sur de Brasil y el Río de la Plata, con ráfagas que superaron los 100 kilómetros por hora y un mar extremadamente picado. Las imágenes son elocuentes: en restaurantes y buffets, platos, copas y botellas volaron por el aire y estallaron contra el suelo; el agua de las piscinas en las cubiertas superiores se desbordó producto de la inclinación, formando verdaderas cataratas que corrían por pasillos y escaleras. Muchos pasajeros debieron sujetarse de barandas y columnas para no caer debido al ángulo que tomó la nave. Entre quienes atravesaron esa experiencia se encontraba Julieta, una sanducera de 13 años, que viajaba junto a su familia y contó lo vivido. Yo había terminado de cenar, me despedí de mi papá y me fui con mi hermana y mis primos a la discoteca en el piso 4. Salimos del restaurante y era una noche normal, aunque se sentía que se venía la tormenta porque se escuchaban los relámpagos, pero nada fuera de lo normal, relató. Según contó, alrededor de las 23 horas se encontraban fuera de la discoteca, que aún estaba cerrada. Mientras estábamos ahí se sentía mucho el viento. Unos chicos abrieron una puerta que daba a un balcón donde estaban los botes de emergencia y el viento era tan fuerte que la cerró de golpe. En ese momento sentimos que el barco se inclinaba cada vez más, contó. La joven describió el instante en que la preocupación se transformó en miedo: Nos miramos con mis primos y mi hermana. Hasta que se inclinó más y salimos corriendo. En los pasillos, la escena era caótica. Había mujeres mayores corriendo, madres con sus niños asustados llorando y gente por todas partes, recordó la adolescente. En medio del desconcierto, optaron por subir a un ascensor para regresar a sus camarotes. Aunque la opción más inteligente hubiese sido subir por las escaleras, cada uno bajó en su piso y no volvimos a salir, señaló. En tanto, Anaclara, de 12 años, contó que el crucero se empezó a inclinar por el viento de una tormenta que había, entonces subimos a la parte del bar, para ir a la habitación, y se estaban cayendo los vasos, las copas y los platos. Y estaban pasando algo por los altavoces pero con los ruidos de las cosas y por la gente no llegué a escuchar lo que decían. Después cuando estábamos yendo a la habitación una valija que estaba afuera de la habitación porque era de alguien que se bajaba al otro día, se movió por la inclinación del barco, y yo me pegué en la pierna y me caí, y después cuando llegamos a la habitación se habían abierto las puertas de los muebles y una placa del techo que era para la luz se había caído. Pero no pasó nada grave, más que lo material, contó. Como era de esperar, los momentos fueron de gran nerviosismo. Varios pasajeros se colocaron chalecos salvavidas por cuenta propia antes de recibir instrucciones oficiales, temiendo un desenlace peor. Hubo llantos, gritos y personas rezando en las áreas comunes. Desde la compañía Costa Cruceros informaron posteriormente que se activaron todos los protocolos de seguridad y que, pese a lo impactante de las imágenes, la estabilidad del buque nunca estuvo en riesgo real de zozobra. No se reportaron heridos de gravedad, aunque sí algunas contusiones leves producto de caídas o golpes con objetos desplazados por el movimiento. Superado el temporal, el crucero pudo continuar su itinerario una vez que las condiciones meteorológicas mejoraron. Sin embargo, para la familia sanducera y para tantos otros pasajeros la experiencia quedará grabada como un recuerdo imborrable de lo que terminó siendo un susto tan inesperado como estremecedor.
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