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» La Nacion
Fecha: 25/02/2026 18:44
Murió Alfredo Goti, polista de una época dorada, poderoso rival de los más grandes y que aborrecía el profesionalismo A los 85 años, el destino, muchas veces cruel, le puso un escollo insalvable al Negro Goti. Le deterioró la salud, implacablemente, y en este miércoles se lo llevó. Lo sacó de la cancha. Justo a él venció. Al gran back de polo que pudo con los delanteros más sagaces, más escurridizos y más veloces en dos décadas del alto handicap, entre mediados de los sesenta y promediando los ochenta. Se cansó el luchador nato. El hombre fuerte y obstinado, que, sobre la base del esfuerzo, construyó una destacada trayectoria, dentro y fuera de las tablas. Alfredo Leonardo Goti, nacido el 22 de noviembre de 1940, fue un apasionado del polo, primero, y del golf después. Siempre defendiendo el espíritu amateur de esas disciplinas. Se inició en el deporte de los caballos y las bochas junto a sus hermanos, Machi y Beto, quienes luego lo ayudarían en la difícil tarea de montarse. Se casó con María Antonieta Moya y tuvo cinco hijos. A todos ellos les transmitió esa pasión por el polo y los caballos, y les inculcó, con éxito, los valores de la práctica deportiva como aficionados, pero no todos sus hijos fueron tan receptivos como él. Alfredo y Facundo son polistas de alma, Ramiro se dedicó al golf, y cierran el quinteto Fátima y Lucía. La descendencia la completan 18 nietos, muchos de los cuales siguen su huella en el polo. Papá siempre decía: Qué bueno que mis hijos no fueron jugadores profesionales. Nos dedicamos al polo pero vendiendo caballos y esas cosas. Yo, viajo por el mundo, con Polo Champagne, organizando torneos divertidos, sin la presión de que si perdés, el patrón te echa, le comentó Alfredo hijo a LA NACIÓN. Es que Alfredo padre, no veía con buenos ojos el hecho de cobrar un sueldo por jugar. En eso discrepaba con muchos de sus amigos, que sí eran profesionales, subraya el polista emprendedor. Los hermanos Goti comenzaron su idilio con el polo en el campo El Malón, ubicado en Chascomús. Y luego se trasladaron a Cerro Pampa, el campo de la familia en Tandil. Papá se hizo cargo del polo allí. Había torneos de 30 goles, iban Juancarlitos y Alfredo Harriott, los Tanoira Todos los que jugaban el Abierto, recuerda Facundo Goti. Hasta que con 45 años, y después de 18, 19 años en el Abierto de Palermo, dejó de jugar. Nunca más se subió a un caballo. Nos regaló la manada y no nos dio bola en cuanto al polo. Ni siquiera venía a vernos. Le aburrió de un día para el otro. Y casi no iba a ver los partidos a Palermo. Era como que le daba caspa el profesionalismo, confiesa Alfredo. El Negro cursó todo el colegio en el Champagnat, con los Heguy, Horacio, Alberto Pedro y Eduardo. Y junto a ellos y Gastón y Marcelo Dorignac, ganó en un par de ocasiones la Copa Santa Paula. Después comenzó a jugar con uno de sus grandes amigos: Gonzalo Tanoira. A mediados de la década del sesenta, iniciaron la aventura de competir en Palermo acompañados por Alec Mihanovich, un poco mayor que ellos, y Juan José Alberdi: los fundadores de Mar del Plata. El mítico equipo de camiseta celeste tuvo varias formaciones a lo largo de casi 20 años de existencia, y el Negro y Gonzalo Tanoira no faltaron nunca. Jugaban en Camet, por eso le pusieron Mar del Plata, explica Alfredo. Y agrega: La camiseta era un color celeste lila. Era como las remeras que se hacían antes en Hurlingham, a la salida de la cancha 2, ahí atrás del club, donde estaba el taller de esos hilos especiales Un buen título para una nota sobre su muerte podría ser: Mar del Plata se juntó en el cielo, ¿no? Terminado el secundario, Goti estudió abogacía en la UBA y se recibió en dos años y medio, señala su hijo mayor. Esa voluntad, ese empeño, esa tenacidad es la que volcó después en la cancha. Porque no me parecía un superdotado. Hacía todo en base al esfuerzo. Goti era un back clásico. No tenía mucha pegada para adelante, sí para atrás, recuerda Alfredo hijo. Benjamín Araya, hoy presidente de la Asociación Argentina de Polo, siempre cuenta que era el back más difícil de pasar, añade Facundo, conocido como Fatura. Era muy fuerte. Cómo sería de fuerte que cuando había lío en el colegio, Pierrou Gassiebayle, decía que se metía atrás del Negro Goti, ja, ja, ja. Su mano era pesada. Tiraba la piedra lejísimos, ganaba en lanzamiento de jabalina. La dedicación y el deseo de superación constante le permitieron alcanzar los 9 goles de handicap. En 1978 tenía 7 goles; al llegar a la final de Palermo 1979, la subcomisión lo premió subiéndolo a 8, y doce meses después, tras disputar una nueva final en la Catedral, ascendió a 9 goles. En las tres oportunidades, la copa viajó a Coronel Suárez, en las dos primeras con el cuarteto más ganador de la historia: Horacio y Alberto Heguy y Juancarlitos y Alfredo Harriott; y en la tercera oportunidad, ante un renovado Suárez por el retiro de Horacio y Juancarlitos, reemplazados por un Benjamín Araya, de 17 años, y Celestino Garrós. Papá llegó a 9 goles por su tenacidad, no por la caballada ni nada de eso. Apenas contaba con trece caballos. Tenía manada, una pequeña cría y todo, pero sus caballos eran muy fuertes y grandotes. Se los compraba a Simón Pereyra Iraola, el abuelo del Tucán (relator de ESPN y director de la revista Polo Today). Y como te dije, sus hermanos lo ayudaban a montarse. Uno de ellos, Beto, que vive, ingresó un año a Mar del Plata, en lugar de Alec Mihanovich. Beto, Alberto Domingo, era muy amigo de Jorge Tanoira y papá de Gonzalo, apunta el creador de Polo Champagne, junto con Hernán Agote. Goti presidió el Club Los Indios y también participó en la fundación de Pilarchico. Los cuatro integrantes del Mar del Plata de ese entonces, Goti, Gonzalo Tanoira y Gonzalo y Alfonso Pieres, compraron el terreno y nació el club pionero de la actual capital del polo: la zona de Pilar y General Rodríguez. Tiempo después, papá le vendió su acción de Pilarchico a Martín Zubía, afirma Alfredo. Y también viajó bastante por el polo, aunque nunca quiso recibir una remuneración a cambio de jugar. Se opuso fervientemente. Facundo lo admite con vehemencia: Se quedó en la línea de los amateurs. En la línea dura, como muchos rugbiers. Él no compartía la decisión de sus amigos que sí cruzaron la frontera y se transformaron en profesionales. De todas maneras, Goti recibía invitaciones para ir al exterior y las aceptaba, pero a la usanza de la época, llevando sus caballos y vendiéndoselos al patrón, sin cobrar un sólo dólar por sus servicios. Jugó mucho en Inglaterra, en Sotogrande Ganó el Abierto Británico en 1968, jugando para el Pimms Polo Team, del Duque de Brecknock, con Julian Hipwood, que tenía 0 gol, y Daniel González. Le ganaron a Martín Tasara, que era chico, y al Príncipe Carlos, hoy rey de Inglaterra. También ganó en Sotogrande. Fue suplente del equipo argentino que jugó la Copa de las Américas, en Palermo, 1979... Me acuerdo que los norteamericanos le pidieron que hiciera de referí en ese partido y en los de Texas, rememora Facundo. Más adelante entran los Pieres a Mar del Plata. Pero no sé si esa fue la mejor formación, hubo varias muy buenas. Con Gonzalo y Alfonso Pieres estuvieron cerca de ganar Palermo. El equipo con Julian Hipwood también era fuerte, y con Jorge Tanoira, coinciden los hermanos. Mar del Plata era un equipo muy querido -remarca Facundo-. La rivalidad fuerte era con los Dorignac, con Santa Ana, y no tanto con Coronel Suárez, porque eran imbatibles. A ellos les tenían admiración. Los duelos en el barro, los River-Boca, eran contra Santa Ana. Alfredo define al Mar del Plata de aquellos tiempos: Era el jogo bonito. Un equipo con charme, swing Tené en cuenta que Gonzalo Tanoira era el lord del polo mundial, un gentleman. Fue un profesional que jamás perdió el señorío. Pensá que al patrón australiano, Kerry Packer, lo tuvo un ratito y se lo pasó a Gonzalo Pieres, y después lo tuvo al norteamericano, Peter Brant, y también se lo pasó a Pieres y a Aguerre. Alfredo Goti ganó el Abierto de Tortugas en cuatro oportunidades (1969, 1079, 1981 y 1982), y el de Hurlingham en dos (1970 y 1980), pero nunca pudo levantar la copa del Abierto Argentino y en varias ocasiones estuvieron cerca. Perdieron varias finales y tres de ellas en chukker suplementario. No se les dió, reconocen los hijos del gran back. Hasta que Mar del Plata se separa, luego de 18 temporadas -comenta Alfredo-. Termina la temporada de 1982 y los Pieres se van a La Toca, del brasileño Alcides Diniz. Ellos eran profesionales y Diniz les ofrece plata para jugar con él. Entonces papá arma un nuevo equipo: Cerro Pampa, con Valerio Zubiaurre, Sergio Boudou y el Chamaco Herrera. Juegan un año y basta. Gonzalo su gran amigo, se había unido a Suárez, para acompañar a Alfredito Harriott, en su última presentación, junto a Luis Lalor y Celestino Garrós, y el viejo ya tenía 45 años, se había dado dos golpes y decidió no jugar más. Entonces se dedicó al golf. Alfredo frena su relato y cuenta una anécdota del boxeador Oscar Bonavena. Ringo era fanático de Mar del Plata. Y en una de las finales de Palermo, contra Suárez, fue al palenque y papá le dio el Tito, un caballo mansísimo de la cría de Simón Pereyra Iraola, y dio toda la vuelta a la cancha. Se bajó y jodiendo le pegó una piña en el brazo a Gonzalo Tanoira y lo dejó como diez minutos con la paralítica, no podía levantar el brazo. Al dejar el polo atrás, adoptó el golf y se fanatizó. Empezó a jugar en Ranelagh y se hizo una canchita, de 9 hoyos, en el campo de Tandil. ¿Sabés quién lo ayudó a diseñarla? Roberto De Vicenzo, de quién fue bastante amigo, apunta Alfredo. Mi hermano Ramiro se dedicó al golf. Jugaba el Canadian Tour, esponsorizado por Gonzalo Pieres y los Miguens, agrega Facundo. El tesón y la voluntad para superar cada obstáculo de la vida no fue suficiente para vencer el escollo del final. Es que lo sorprendió cansado de luchar contra el viejo gladiador. Y el Negro partió. Dejó un legado. Marcó una huella seguida por sus hijos y que continuarán sus nietos. Se fue el back vencedor de los más peligrosos delanteros. Y como expresó su hijo Alfredo: Se fue al cielo A reunirse con el Mar del Plata original. Parece que esta tarde había práctica y necesitaban un cuatro fuerte, decidido, de esos que no que no se entregan fácilmente. Otras noticias de Abierto de Palermo Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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