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» Clarin
Fecha: 25/02/2026 15:53
Antonio Tejero Molina, el teniente coronel de la Guardia Civil de España que se convirtió en el símbolo del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en ese país con su entrada pistola en mano en el hemiciclo del Congreso de los Diputados al grito de ¡quieto todo el mundo!, murió este miércoles en Valencia. Tenía 93 años. El anuncio de su muerte fue adelantado por el abogado de la familia, Luis Felipe Utrera Molina, según publicó el diario español El País en su sitio web. La noticia coincide con la publicación en la página web de La Moncloa de los documentos desclasificados del golpe fallido, procedentes de los archivos de los ministerios de Defensa, Interior y Exteriores. El hombre que en 1981 gritó en pleno hemiciclo del Congreso de los Diputados de España, con una pistola en la mano, ¡Quieto todo el mundo! vivió más de 40 años con el peso de haber sido la cara visible del intento fallido de golpe de Estado que los españoles recuerdan como la mayor conspiración contra la democracia. Aquel 23 de febrero de 1981, a las 18.23, Tejero irrumpió con 200 guardias civiles en la sala donde se celebraba la asunción del presidente Leopoldo Calvo Sotelo, candidato de la Unión de Centro Democrático que gobernó de 1981 a 1982. Gritó, disparó al aire y redujo a los parlamentarios. ¡Por España, todo por España!, justificó el golpe cuando Adolfo Suárez, el jefe del gobierno saliente, le exigía que se retirara. Usted ya no es el presidente de nadie, le respondió Tejero, convencido de que el resto de los militares involucrados en el levantamiento estaban teniendo éxito. El teniente general Jaime Milans del Bosch declaró el estado de excepción en su región militar y sacó los tanques a las calles en Valencia. Los gestos que se sumaron desde otros cuarteles daban por descontado que el rey Juan Carlos I de Borbón, el monarca que el dictador Francisco Franco había elegido a dedo para que asumiera el trono a su muerte, respaldaría el golpe. Pero a la una de la mañana del 24 de febrero, vestido con uniforme de capitán general, el rey habló en cadena nacional. Se dirigió a todos los españoles: Confirmo que he ordenado a las autoridades civiles y a la junta de jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente, dijo Juan Carlos. La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum, agregó el monarca en el acto que marcó la Transición y que toda España recuerda como lo mejor de su reinado. En junio de 1982, en Madrid, el Consejo Supremo de Justicia Militar celebró el juicio por el golpe del 23F. Tejero fue expulsado de la Guardia Civil, inhabilitado y condenado a 30 años de prisión. Cumplió solo la mitad. En 1996 le concedieron la libertad condicional. Fue el último de los procesados del 23F en salir de la cárcel. Tejero, el reincidente Antonio Tejero Molina nació en un pueblo de Málaga, Alhaurín el Grande, en 1932, y a los 19 años ingresó en la Guardia Civil. En 1974 fue ascendido a teniente coronel. Se casó con Carmen Díez Pereira, una maestra hija de otro agente de esa fuerza de seguridad, y tuvo seis hijos. Enviudó en 2022. El del 23 de febrero del 1981 fue su segundo fracaso golpista. En 1978 había integrado la Operación Galaxia, así bautizada por el nombre del bar en el que se gestó la intentona, que consistía en asaltar el Palacio de la Moncloa, durante una reunión de gabinete, aprovechando que el rey Juan Carlos estaba fuera de España, en una visita oficial a México. La Operación Galaxia fue desbaratada antes de que pudiera ver la luz. El teniente general Tejero fue juzgado y condenado pero recibió una pena leve: apenas siete meses de calabozo. La condena por el golpe del 23F fue más severa. Durante esos años de reclusión, Tejero se dedicó a pintar, a escribir, a cultivar un huerto y a cursar algunas materias de la carrera de Geografía e Historia. Cuando quedó en libertad, se instaló con su esposa en un departamento de Torre del Mar, en Málaga, desde donde llevó una vida discreta y lo más anónima posible. Siguió pintando. Dicen que hasta vendió algunas de sus obras por algunos miles de euros. La última vez que apareció en público, vestido de traje y vitoreado, fue en 2019, cuando el primer gobierno del socialdemócrata Pedro Sánchez dispuso que el féretro del dictador Franco fuera desalojado del Valle de los Caídos y trasladado al cementerio de El Pardo Mingorrubio. Aun en su vida retirada siguió la actualidad política de España: en 2012 denunció al entonces presidente catalán, Artur Mas, por conspiración y proposición para la sedición debido a su aspiración a convertir a Cataluña en una república separada del resto de España. En 2023 acusó de traición a la patria a Pedro Sánchez por haber pactado los apoyos necesarios para su reelección con los partidos independentistas catalanes y vascos, a los que definió como asesinos de ETA. El jueves 23 de octubre, varios medios españoles anticiparon la noticia de su fallecimiento, que fue desmentida por sus hijos y por la Guardia Civil, fuerza de la que Tejero fue expulsado en el proceso judicial que se inició casi un año después de que agujereara a balazos el techo del recinto del Congreso y sembrara el pánico entre los diputados durante las 18 horas que mantuvo la toma del Parlamento. Grave, pero lúcido, un Tejero enfurecido por la difusión de una muerte que aún no lo había arrebatado de este mundo, mandó a los suyos a emitir un comunicado: La difusión de la información sobre su muerte no sólo es completamente falsa, sino que constituye una grave e irresponsable vulneración de sus derechos fundamentales, dice el texto que hicieron circular sus abogados. Hoy, los 89 legajos del juicio del 23F siguen depositados en el Tribunal Supremo. El sumario del juicio no verá la luz hasta 2031. La imagen de Tejero, con el brazo en alto y la pistola en la mano, que Manuel Pérez Barriopedro, un fotógrafo de la agencia oficial EFE que aquel día cubría la actividad parlamentaria, logró sacar -y esconder el rollo- fue premio World Press Photo de 1982. En Madrid, aun hoy, las visitas guiadas al Congreso se detienen bajo los agujeros que las balas de Tejero dejaron en el techo. Sobre la firma Newsletter Clarín
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