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» Clarin
Fecha: 25/02/2026 14:39
Un pequeño dinosaurio carnívoro que no superaba los 70 centímetros de largo y pesaba apenas dos kilos acaba de reescribir parte de la historia evolutiva de uno de los grupos más enigmáticos del Mesozoico. El hallazgo y estudio de un nuevo esqueleto de Alnashetri cerropoliciensis, publicado en la revista Nature, redefine el origen, la expansión y la evolución corporal de los alvarezsauroideos, un linaje extraño de los terópodos. El trabajo fue encabezado por el paleontólogo Peter J. Makovicky, de la Universidad de Minnesota, en colaboración con expertos argentinos del Instituto de Investigación en Paleobiología y Geología, de la Universidad Nacional de Río Negro; el Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis; y la Fundación AzaraUniversidad Maimónides, entre otras instituciones internacionales. Los alvarezsauroideos -llamados así en homenaje al historiador neuquino Gregorio Álvarez, ya que la primera especie del grupo fue hallada en Neuquén en la década de 1990- siempre desconcertaron a los científicos. En algún momento se los vinculó con las aves, aunque hoy se sabe que son parientes lejanos. Sus formas más tardías, del Cretácico Superior, halladas sobre todo en Mongolia y Argentina, presentaban brazos extremadamente reducidos con un solo dedo funcional y una garra robusta, dientes diminutos y grandes ojos. Esa anatomía llevó a proponer que excavaban termiteros y se alimentaban de insectos, como una suerte de oso hormiguero. Sin embargo, el nuevo ejemplar de Alnashetri muestra que la historia fue más compleja. El esqueleto, uno de los más completos recuperados para el grupo en Sudamérica, fue hallado en 2014 en el Área Paleontológica La Buitrera, cerca de Cerro Policía, en el noroeste de Río Negro. Este sitio forma parte de la Formación Candeleros, un antiguo desierto fosilizado de unos 95 millones de años de antigüedad, conocido como Kokorkom, donde las dunas petrificadas preservaron con extraordinario detalle restos de pequeños vertebrados. El nuevo espécimen conserva casi todo el esqueleto -solo faltan partes del cráneo, de la cola y del lado derecho- y permitió por primera vez examinar con precisión la dentición y la anatomía craneana de un alvarezsaurio sudamericano temprano. A diferencia de otros terópodos que habitaban el mismo ecosistema, como el Buitreraptor de casi dos metros de largo, Alnashetri era pequeño y esbelto. Su nombre, que en tehuelche significa patas flacas, alude justamente a esa morfología ligera. Tenía un brazo relativamente largo para los estándares del grupo temprano, con un primer dedo engrosado y una garra con quilla, lo que indica cambios significativos en la musculatura de la mano respecto de otros terópodos. Sebastián Apesteguía, investigador del Conicet, contó a Clarín que están trabajando desde año 1999 en el norte de la provincia de Río Negro, en el desierto de Kokorkom, donde se encuentran muchos huesos de dinosaurios fosilizados. Allí encontró en el 2014 este nuevo espécimen que recién ahora presentan, luego de años de estudios.. "Es el más antiguo encontrado en Sudamérica", explica. El hallazgo también revoluciona una concepción que se tenía sobre este especie. Apestiguía descubrió que este ejemplar, a diferencias de sus parientes, tiene brazos normales y dientes grandes, "lo cual explica que el tamaño pequeño que caracteriza a toda esta especie no ocurrió por una adaptación en la alimentación". Otros ramas de la especie tienen dientes pequeños, con lo cual sugiere que eran insectívoros. No sería el caso del animal hallado en Argentina. El análisis histológico, realizado por el paleohistólogo Ignacio Cerda, reveló que el ejemplar tenía al menos cuatro años al morir y que su crecimiento ya se había desacelerado, por lo que estaba cerca de la adultez. Además, la presencia de hueso medular -estructura que se forma en hembras de aves actuales y en algunos dinosaurios terópodos- sugiere que podría tratarse de una hembra. Pero más allá de los detalles anatómicos, el estudio aporta una pieza clave para reconstruir la evolución del grupo. Hasta ahora, la mayoría de los alvarezsauroideos conocidos provenían del Cretácico Superior, unos 70 millones de años atrás, cuando los continentes ya estaban separados. Eso hacía difícil explicar cómo especies similares aparecían en lugares tan distantes como Mongolia y Argentina. El nuevo análisis filogenético ubica a Alnashetri en una posición primitiva dentro del linaje y respalda la hipótesis de que el grupo se originó en el Jurásico Superior, hace unos 150 millones de años, antes de la fragmentación del supercontinente Pangea. De ese modo, distintas líneas evolutivas pudieron dispersarse globalmente antes de que los continentes se separaran y luego evolucionar de manera independiente. Además, el estudio cuestiona una idea instalada durante años: que los alvarezsauroideos se miniaturizaron progresivamente a medida que se especializaban en una dieta insectívora. Alnashetri demuestra que ya eran pequeños antes de desarrollar adaptaciones extremas en las extremidades y el cráneo, lo que indica que el tamaño reducido no fue necesariamente consecuencia de esa especialización alimentaria. Los nuevos datos también permitieron reevaluar fósiles almacenados en museos del mundo que no habían sido reconocidos como alvarezsauroideos. Entre ellos, un pequeño terópodo del Jurásico de Wyoming y el enigmático Calamosaurus foxi, del Cretácico Inferior de la Isla de Wight, en el Reino Unido. La Buitrera, descubierta en 1999, se consolidó en los últimos 25 años como uno de los yacimientos más importantes de la Patagonia. De allí surgieron hallazgos como el velociraptor Buitreraptor, el saurópodo Cathartesaura, cocodrilos terrestres, serpientes con patas como Najash, mamíferos primitivos y una diversidad de reptiles y peces que ayudan a reconstruir la vida en aquel antiguo desierto. Las expediciones fueron realizadas mediante un convenio con la Agencia Cultura del Gobierno de Río Negro. Tras su preparación en los laboratorios de la Fundación Azara en la Universidad Maimónides, el material fue depositado en el Museo Provincial Carlos Ameghino de Cipolletti, donde integra la colección científica. El proyecto contó con apoyo de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, el CONICET, la Fundación Azara y la National Geographic Society, entre otras instituciones. Más de una década después de su hallazgo en el campo, el pequeño Alnashetri no solo aporta información anatómica inédita, sino que obliga a replantear cuándo surgieron los alvarezsauroideos y cómo se dispersaron por un planeta en transformación. Un dinosaurio del tamaño de un gallo que, millones de años después, vuelve para sacudir certezas científicas. AA Newsletter Clarín
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