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» La Nacion
Fecha: 25/02/2026 14:14
El desgarrador relato de la hija de David Bowie e Iman: adicciones, tratamientos psiquiátricos y trastornos alimenticios La joven de 25 años compartió un video de 20 minutos en el que relata la presión de crecer en un entorno permanente de exposición mediática - 5 minutos de lectura' Alexandria Zahra Jones, la única hija del matrimonio entre David Bowie e Iman, rompió el silencio acerca de algunos de los capítulos más oscuros de su vida. La joven de 25 años, conocida en su entorno como Lexi, habló en un video de 20 minutos sobre sus problemas con las adicciones, los trastornos alimenticios y los prolongados tratamientos psiquiátricos a los que se sometió. A diez años de la muerte de su padre, la hija del ícono del rock sorprendió con un relato desgarrador en el que cuenta cómo transitó su infancia y adolescencia expuesta a la fama de ambas estrellas. Algunos me conocen por escribir mucho, otros por componer música, otros personalmente, pero hay una parte de mí que la mayoría desconoce, experiencias que moldearon casi todo lo que soy, expresa primero la joven cantante, pintora e ilustradora en una publicación en Instagram. Desde el inicio, Lexi deja en claro que su historia no es únicamente la de una heredera privilegiada, sino la de una persona que creció bajo distintas presiones. Desde muy chica sentí que era la hija de. La gente proyectaba constantemente cosas en mí y yo sentía que ya estaba definida antes de tener la oportunidad de que me conocieran, apunta. Aunque reconoce que tuvo una infancia bastante feliz y que fue querida y cuidada, explica que el peso de la popularidad de sus padres marcó sus vínculos. La presión comenzó a pasarle factura ya a los 10 años, momento en que empezó a asistir a terapia. Me autolesionaba, confiesa sin rodeos. Y profundiza: No sabía por qué me sentía así, solo que era miserable, estúpida, incompetente, inútil, que no era digna de ser amada. Y tener padres exitosos solo lo empeoraba. No podía entender cómo prosperaban en todos los aspectos y yo fracasaba en todo, comparte. A los 12 sufrió su primer ataque de ansiedad y comenzó a desarrollar bulimia. Pasé mucho tiempo preguntándome si yo era el problema o si el verdadero problema reside en cómo el mundo responde al dolor, que fue lo que me llevó a hacer tratamientos más de una vez. El diagnóstico de cáncer de Bowie marcó otro punto de quiebre. En ese momento yo estaba al borde del colapso. Apenas tenía 14 años y fue entonces cuando recurrí a las drogas y al alcohol. Todos a mi alrededor experimentaban con las sustancias, pero para mí no se trataba de diversión, yo estaba escapando de mí misma. La joven reconoce que, mientras otros adolescentes probaban drogas de manera ocasional, en su caso se convirtió en una vía de escape. Cuando la fiesta terminó para todos los demás, yo seguí bebiendo y me drogaba sola. Me sentía libre, pero hice todo lo que suponía que no debía hacer, comparte. Las adicciones la convirtieron en una persona violenta y cruel en esa etapa, confiesa, y eso llevó a su familia a tomar decisiones. Una mañana ya me había preparado para ir al colegio y mi madre me llamó: estaban con mi papá y mi madrina de pie, y él me leyó una carta que me había escrito; no recuerdo bien qué decía, pero sí la última frase: Lo siento, tenemos que hacer esto, recuerda la joven. Poco después, personal sanitario ingresó a la casa con la intención de trasladarla a un centro de rehabilitación. Sentí que me habían sacado el derecho a seguir con mi vida, me subieron a una camioneta a empujones, relata Jones en el video. Al llegar a la clínica de internación, las condiciones eran estrictas: rutinas, ausencia de espejos y sin televisión. Solo nos podíamos comunicar con el exterior a través de cartas una vez a la semana, relata. Lexi define esa experiencia como deshumanizadora y añade: No elegí estar allí. Puede que necesitara ayuda, pero ese no era lugar para niños. No abusaron de mí físicamente, pero sufrí manipulación mental y emocional. Es algo que nunca olvidaré y no puedo fingir que no ocurrió, comparte. Tras esos 90 días, fue trasladada a otro centro donde permaneció 13 meses internada. Tenía seguridad todo el día vigilándome. Después de besar a una chica, me mandaron de nuevo a una zona de control donde no podía hablar con nadie. La terapia fue intensa y dolorosa, no estaba preparada. En paralelo, la salud de Bowie empeoraba. Mi padre murió y yo no estuve ahí. Pude hablar con él dos días antes, en su cumpleaños, y le dije que lo quería y él me lo dijo a mí, recuerda. El dolor por no haberse podido despedir como hubiera querido aún la acompaña. Toda la familia estaba ahí, menos yo. A veces desearía que las cosas hubiesen sido diferentes, reconoce. A los 16 años regresó a su casa, pero el reencuentro con el día a día no fue sencillo. No sabía ni quién era ni qué quería. Empecé a vivir la vida de manera rápida para recuperar los años que había perdido, dice. El proceso incluyó nuevas terapias. Tenía que adaptarme a un lugar en el que no quería estar y pasé por muchas cosas que los niños no tendrían que atravesar, suma. Hoy, con 25 años, Jones asegura que su identidad se construyó también a partir de esas experiencias. No es solo una historia de trauma; me siento orgullosa de lo lejos que llegué, asegura. La gente asume que ser la hija de significa tener una infancia perfecta, protegida y mágica, y partes de ella lo fueron. Me amaron, me cuidaron, tuve oportunidades que la mayoría de la gente nunca tiene y estoy sinceramente agradecida por eso y siempre lo estaré. Pero lo que no entienden es que ser extraordinario no significa que la vida sea emocionalmente simple, señala. Otras noticias de David Bowie Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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