Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • La vecina perfecta y pantuflas en el jardín

    » Clarin

    Fecha: 25/02/2026 06:54

    Acabo de ver un documental de Netflix sobre un incidente entre vecinas en Florida, Estados Unidos. Susan, blanca, se queja de que los chicos del barrio, en su mayoría afroamericanos, juegan en un terreno pegado a su casa y hacen demasiado ruido. Los insulta, los graba con su celular, llama una y otra vez a la policía para que los eche. Tiene algunos altercados con la madre de cuatro de esos niños, Ajike Owens. Todos en esa cuadra parecen estar de acuerdo en que Susan exagera. También dudan de su salud mental La vecina perfecta título irónico está contado casi íntegramente a través de las cámaras de seguridad del barrio y de las que portan los resignados policías que atienden las llamadas de Susan (son varias a lo largo de un par de años). La acción avanza lentamente y requiere esfuerzo seguir la narración teniendo solo ese material filmado desde ángulos extraños. Hasta que llega el día en que Susan le dispara a Ajike a través de la puerta de su propia casa. Alega que la madre de los niños, que había cruzado la calle para discutir la conducta de Susan hacia ellos, la asustó lo suficiente como para disparar. Ajika muere en el hospital. El resto de la película trata del juicio posterior (Susan fue condenada a 25 años de prisión). No es una película que yo recomendaría, a pesar de que fue nominada a un Oscar al mejor documental. El uso de un único recurso el material de las cámaras policiales y teléfonos de los protagonistas- no solo lo vuelve difícil de seguir sino que dificulta que entendamos quiénes son esas personas, por qué hacen lo que hacen, cuáles son sus historias previas al incidente (así lo llamaron los medios). Pero me hizo pensar en lo poco que conocemos a nuestros vecinos una ignorancia que el documental pone en primer plano, aunque no haga nada con ella-. Confieso que es un tema que siempre me generó ansiedad. ¿Cuánto necesitamos saber de la persona que vive en el departamento de al lado? No estoy hablando de casos extremos, como el de imaginar que un asesino o abusador se acaba de mudar al barrio, algo que, en el tiempo en que viví en Texas era perfectamente posible (el estado estaba obligado a informar a los vecinos mediante una notificación oficial si un ex convicto acababa de fijar residencia en el barrio). Estoy hablando de ese grado perfecto de familiaridad difícil de alcanzar con los vecinos. Entre el anonimato completo y la amistad hay un grado óptimo de conocimiento que hace que dejemos de ser un extraño para el otro sin convertirnos en íntimos y que la relación funcione. Nunca tuve un vecino o vecina que se transformara en amigo. Estoy convencida de que demasiada cercanía va en contra de la amistad: mata el misterio. Una cosa es la amiga a la que ves de vez en cuando en situaciones ideales, otra es la vecina que te ve salir en pantuflas al jardín a regar la plantas o que sabe a qué hora volviste ayer y con quién. De los vecinos solo queremos discreción, amabilidad y, de vez en cuando, sí, quizás una mano en alguna cuestión edilicia, pero la amistad (u otras formas de la intimidad) complica las cosas. Sobre la firma Newsletter Clarín

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por