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  • Sentía que no podía progresar, se fue a España y el impacto más fuerte no fue el esperado: No te enojes con Argentina

    » La Nacion

    Fecha: 25/02/2026 03:49

    Ella tenía una carrera ascendente, él un buen trabajo, pero apenas llegaban a fin de mes y parecían andar en círculos: Sentía que mi vida estaba acotada a lo que se me permitía hacer; no podía desplegar el deseo - 12 minutos de lectura' En un rincón de España, Mechi Montalbetti está sentada en un banco. Sus hijos se encuentran en sus actividades y ella tiene un instante para hacer una pausa, mirar al horizonte y revisar su vida. ¿Cómo sería su existencia si se hubiese quedado en la Argentina? ¿Cómo sería ella sin Madrid? El jardín en La Bota, en el barrio de Villanueva, provincia de Buenos Aires, emerge en sus pensamientos. Puede verse junto a su marido, Tomi, su hija Bruna de tres años, y su bebé, Lolo, de unos pocos meses. Son muy felices con tanto verde alrededor, en especial en los días libres donde disfrutan de ese espacio que conquistaron con tanto esfuerzo. Pero hay algo más, a pesar de las sonrisas, puede ver su propia mirada, está cansada y cargada de tristeza. Lo está porque en los últimos tiempos lo único que hacen con su esposo es hablar de plata; cada charla, cada instante deriva indefectiblemente en una cuestión de dinero. A pesar del buen empleo de Tomi y de sus pacientes, no alcanza y se vislumbra en el colegio que no se puede elegir, el fin de mes que llega apretado y, por supuesto, en el yoga que tanto ama que no puede pagar. También percibe la angustia provocada por su ausencia. Ve a su bebé con la niñera que tuvieron que contratar, así ella puede salir a trabajar, aportar a la familia y no descuidar su carrera laboral como psicopedagoga: Pero la ironía era que mi sueldo se iba en pagarle a la niñera, lo que implicaba que tuviera que estar más tiempo fuera de casa, trabajar más horas para que tenga sentido y podamos hacer la diferencia, cuenta Mechi desde su banco madrileño. ¿Cómo salir de ese círculo vicioso y agotador? En el punto máximo, ella se recuerda dejando el trabajo a las corridas y maldiciendo a la vida por la barrera del tren baja, porque una vez más llegará tarde a buscar a su hijita, Bruna, entonces siente que no cumple como madre, que la vida le roba tiempo precioso y que sus propios deseos no existen. Cuando llegó la cuarentena y tuvimos que parar forzosamente, fue cuando Tomi y yo reflotamos un viejo sueño: vivir afuera. Hay cosas en la vida que son como un clic, caen como una ficha, me pasó igual cuando supe que quería ser madre. Siempre había querido tener hijos, pero un día dije: es ahora. Lo mismo pasó con irnos. La idea siempre había estado dando vueltas, pero cierto día simplemente llegó el: es ahora, es hora de irnos. Y así fue. El enojo con la Argentina: Sentía que mi vida estaba acotada a lo que se me permitía hacer, no podía desplegar el deseo `Estás enojada´, le dijo la terapeuta a Mechi, pocos días antes de dejar Argentina atrás. Era verdad. Los trámites necesarios para poder ingresar con cierta tranquilidad a España parecían infinitos. La ilusión de vivir la aventura de probar suerte en otro país se transformó en una realidad burocrática y en una sucesión de despedidas dolorosas. El velo romántico cayó antes de empezar y, por primera vez, ella se preguntó por qué debía irse, por qué la Argentina no le daba lo suficiente para poder vivir más liviana y más conectada con sus deseos. Antes de la despedida definitiva estaba muy tranquila, segura de que nuestra decisión era la correcta y que todo iba a salir muy bien, me visualizaba a los dos en España, con trabajo y bien, en ese sentido estaba muy segura, y de hecho, así fue. Creo que cuando uno se ve a sí mismo en un futuro de determinada forma, de alguna manera construye el camino para que eso suceda, reflexiona Mechi. El problema fue la despedida de Argentina. Mis hermanas, mis sobrinos... Cuando me di cuenta de todo lo que tenía que dejar: mi familia, mis amigos, mi carrera que amaba mucho, todas esas cosas que tanto nos había costado armar, un poco me enojé: ¿Por qué me tengo que ir? ¿Por qué no podemos vivir una vida en la Argentina en la que los dos podamos transitar nuestra carrera profesional sin tener que sobrecargarnos de trabajo para sostener todo ese dispositivo? ¿Por qué tengo que irme a otro país para poder elegir el colegio de mis hijos? Conocía como psicopedagoga los colegios de la zona, los públicos eran un no rotundo y los privados baratos eran peores. Sentía que mi vida estaba acotada a lo que se me permitía hacer, no podía desplegar el deseo. El deseo era lo último. Por eso me agarró bronca al momento de irnos. Me dije: yo quiero poder estar en Argentina y hacer lo que deseo en Argentina. Ahora a Tomi a veces le digo: bueno, capaz, si nos hubiéramos quedado, ahora podríamos hacer eso que anhelamos, agrega Mechi y se ríe mientras lo dice: Siempre me va a quedar la duda. Vaciarse de identidad: De pronto me sentí muy libre Llegaron con un bebé de un año y medio, una hija de cuatro y una dosis enorme de esperanza. La pandemia aún estaba vigente y debieron hacer una cuarentena, que eligieron transitar en Galicia, en un precioso pueblo donde vivía su hermano, hoy de regreso en Argentina: Fue una manera muy buena de desembarcar en España. Fueron días muy lindos, rememora Mechi. El enojo se había desvanecido para darle paso a un enorme alivio. Con tanta documentación requerida, ella tenía un miedo profundo, casi inexplicable, de que no les permitieran salir de la Argentina. Pero, finalmente, todo halló su sitio y España lo recibió primero con abrazos, y más tarde, cuando lograron asentarse en Madrid, con un vacío de identidad. Un vacío que, a pesar de la incertidumbre, para Mechi fue muy bienvenido. Haber emigrado me encontró con mi parte más real, asegura. Fue como liberarme de expectativas, de cosas impuestas que traía, de vínculos que había que sostener porque tenían historia, entonces había que sostenerlos. De estilos de vida, de actividades. Me encontré desnuda en un lugar donde no conocía a nadie, ni nadie me conocía. Entonces me abrí a un mundo de posibilidades. Me dije: todo lo que yo haga a partir de ahora es nuevo. Todo lo que yo haga a partir de ahora lo puedo elegir. Claro, allá tenía una vida armada y no tenía sentido que lo tire todo por la borda para empezar de cero. Pero esa posibilidad se presentó en España, volver a empezar eligiendo yo mi camino. Ahí me di cuenta de que nunca antes me había planteado realmente lo que quería. No sabía bien lo que quería. De pronto me sentí muy libre y empecé a conectar conmigo. Hubo costumbres que me impactaron en la nueva cultura, sí, pero en realidad fue ese vacío y ese encuentro conmigo la revelación más grande. Pero el costo.... El costo fue muy alto. Había dejado a todos mis seres queridos, pero también una carrera que amaba mucho. Trabajaba con niños desde mis 20 años, chicos con todo tipo de discapacidades. Después me especialicé en dislexia. Dejé Argentina con lista de espera de pacientes, los colegios me conocían, había empezado a trabajar con un pediatra. Llegué a España y nada. Nadie me conocía. Una comunidad española que abraza fuerte: Entendimos que muchos papás de acá estaban tan solos como nosotros Tal como lo había visualizado, el bienestar financiero llegó pronto. Para Tomi, que venía de un buen puesto en IBM y una carrera con lenguaje internacional, llegaron dos ofertas y pudo tomar la de mejores condiciones. Mechi, mientras tanto, aprovechó para pisar el nuevo territorio con calma e intención, aunque nada fue tan sencillo como esperaba. Pensó que había llegado a una cultura similar, con el mismo idioma y una atmósfera semejante. Pero en su odisea por hallar un espacio propio y volver a construir su identidad, se sorprendió al descubrir que le costaba hasta entender cuando le hablaban. En su afán por abrir nuevas puertas, se presentó en un centro cultural para ofrecerse como voluntaria, y si bien regresó a casa con una ocupación en mano, el vocabulario y las formas de los arquitectos y los diseñadores gráficos que conformaban el grupo la habían dejado un tanto apabullada. Yo no les entendía nada y ellos a mí tampoco. Los escuchaba con esfuerzo, preguntaba `¿qué?´ todo el tiempo y después me daban ganas de decirles: `les juro que en mi país soy una persona copada. ¡Hasta divertida!´. Con la llegada de la estabilidad laboral se asentaron en un barrio muy tranquilo en las afueras de Madrid, un lugar en el mundo que le trajo una caricia al corazón de Mechi. Desde el comienzo, los vecinos le dieron la bienvenida, al igual que la comunidad educativa de sus hijos. Yo esperaba gente muy fría, muy distante, me habían dicho que me prepare, que en España no es como en Argentina, y la verdad que pienso que tal vez tuvimos suerte. ¡Nos hicimos un montón de amigos! Mamás y papás de los compañeros de los chicos, vecinos, también algunos argentinos. Empezamos a tener una vida social muy activa. Y en nuestro caso los españoles nos recibieron muy bien. Estamos en una zona cerca del aeropuerto y descubrimos que nuestros amigos que viven por acá todos vienen de algún pueblo, pocos son realmente de Madrid, hay, pero no es tanta. Entonces entendimos que muchos papás de acá estaban tan solos como nosotros. Estábamos en la misma, necesitábamos red. El colegio, el trabajo y un cambio de vida: Estoy muy contenta A la espera de la homologación de su título, Mechi tomó el arcón de sus deseos profesionales postergados, investigó lo que tenía guardado y decidió que había llegado el momento de hacer lo que antes no había podido. El dolor de dejar su carrera argentina atrás persistía, pero comenzó a escribir libros sobre las experiencias atravesadas en dos décadas trabajando en escenarios colmados de desafíos, armó talleres con padres, formó parte de numerosos voluntariados, ingresó a un grupo de mujeres emprendedoras, comenzó a hacer cursos - entre ellos uno de Recursos Humanos- y, a cada paso, descubrió un mundo desconocido hasta entonces. Madrid, por otro lado, la sorprendió con una escolaridad muy diferente a la Argentina, y una forma mucho más tradicional de abordar todo lo relacionado con el universo académico: El colegio tiene algo que acá se llama conciliación familiar, que es que el chico pueda estar hasta que vos salgas de trabajar, eso implica que vos sabés que están en un lugar cuidado, pero no implica que todas las horas sean de carga académica. La escuela pública es doble turno, el almuerzo es muy económico y todo se vuelve más simple porque no tenés que moverlos tanto. Bruna, por ejemplo, ahora hace teatro, pintura y gimnasia rítmica en el mismo espacio donde cursa sus estudios. Por mi parte, comencé a trabajar en Recursos Humanos, fue por recomendación, algo que pasa mucho acá, aunque no fue el caso de Tomi, que consiguió trabajo en LinkedIn. Así que cuatro años y medio más tarde de haber llegado, estoy haciendo algo totalmente nuevo para mí, en una empresa y la verdad estoy muy contenta. No te enojes con la Argentina `Estás enojada´. Mechi ya no está sentada en un banco. Volvió a casa y aquellas palabras de la terapeuta vuelven a resonar en ella mientras ingresa a su hogar madrileño. No fue lo único que me dijo -piensa para sus adentros-, hubo algo más. Mechi visualiza su tierra de origen, su pasado y su presente, donde se siente como una turista eterna a pesar de los años transcurridos. `No te enojes con la Argentina´, le había dicho la mujer, que parecía saber leerla como si la conociera de toda la vida. `Mirá a la Argentina como el país que te permitió elegir dónde querés vivir para ser feliz´, agregó, y son esas las palabras que se repite Mechi cada vez que los interrogantes la asaltan. Desde que llegué a España estuve muy pendiente de Buenos Aires y de lo que extraño y ahora estoy en un proceso de soltar más, dice pensativa. En mí vive hoy una sensación de libertad enorme, de que ya me fui de mi lugar, ya no estoy en mi lugar de siempre, así que ahora tengo esa libertad indescriptible de decir ¡bueno! puedo hacer lo que quiera, y que lo que hago es una elección. Con sus pros y contras". Eso es lo que significó emigrar para mí: una experiencia que trata de libertad y elecciones; de decisiones y valentía. Que capaz hay personas que pueden vivir todo eso sin dejar su lugar de siempre, pero yo necesité este cambio para poder hacerlo, concluye Mechi con una sonrisa. * Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular; lo recibe la autora de la nota, no los protagonistas. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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