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» Clarin
Fecha: 24/02/2026 07:33
Tengo ganas, pero no puedo. Esta sensación difícil de explicar lleva a muchas personas a hacer una consulta sexológica. No se trata de falta total de deseo, y tampoco es apatía sexual o rechazo a la sexualidad. Es un estado de cansancio erótico, o fatiga sexual, donde algo del deseo parece estar, pero no logra desplegarse, explica a Clarín Elizabeth Schulz, psicóloga, sexóloga clínica y presidenta de la Federación Sexológica de Argentina (FESEA). Desde la psicología y la sexología clínica, hablamos de cansancio erótico cuando la experiencia del deseo pierde vitalidad, disponibilidad o continuidad, no porque el cuerpo o la mente fallen, sino porque están saturados. El cerebro -insiste- es el primer órgano sexual: el deseo, la fantasía y la intención del encuentro nacen allí. Sin embargo, advierte que el deseo no es solo una idea ni una fantasía aislada; es una experiencia psicocorporal. ¿Qué significa esto? Que pueden aparecer fantasías, interés, incluso curiosidad o ganas, pero el cuerpo está cansado, tenso, sobreestimulado o desconectado. No es una contradicción, sino una desincronía interna, describe Schulz. El sistema nervioso puede estar en modo alerta, estrés o exigencia permanente, y en ese estado el cuerpo no se dispone al erotismo, que requiere relajación, disponibilidad y registro sensorial. No es que la cabeza quiere y el cuerpo no, como si fueran entidades separadas, sino que el deseo no logra encarnarse. Elizabeth explica que no es igual hablar de falta de deseo, apatía sexual y cansancio erótico: en la falta de deseo, el impulso sexual no aparece o disminuye al mínimo; y en la apatía sexual, existe un desinterés constante e indiferencia hacia el sexo. En el cansancio erótico, por su parte, el deseo está presente, pero la persona está agotada, presionada o inhibida por el contexto emocional, mental o vincular. En el cansancio erótico no hay necesariamente rechazo al sexo, sino falta de energía erótica disponible. Muy frecuente Es mucho más frecuente de lo que se dice, sentencia la psicóloga, también presidenta de la Asociación de Educación Sexual y Sexología Regional de Bahía Blanca (AESYS). Aparece como una consulta habitual dada la exigencia y saturación de la vida cotidiana, que hace difícil conectar con el placer. Está presente en todas las edades y géneros, aunque dice que las mujeres suelen consultar más debido a la sobrecarga mental y de roles. En los varones, Schulz observa que el cansancio suele expresarse a través de la ansiedad o la evitación. En las parejas, el cansancio erótico suele generar lo que se llama asincronía sexual: uno tiene deseo, el otro no; uno busca, el otro se corre. Por eso, cuando esto no se habla, aparecen consecuencias frecuentes: conflictos reiterados, reproches silenciosos o explícitos, exigencias (deberías tener ganas), tácticas coercitivas (presión o manipulación emocional), sentimientos de culpa, rechazo o fracaso. El deseo, cuando se vuelve obligación, se apaga más, dice Elizabeth (@carmentafem). Incluso advierte que las personas sin pareja experimentan este agotamiento, que va de la mano con el modo de vida, y no solo del vínculo. Errores comunes y qué hacer Schulz destaca que intentar reactivar el deseo por la fuerza suele ser contraproducente, ya que el deseo no responde bien a la presión ni al rendimiento. Algunos errores típicos incluyen forzar encuentros para no perder a la pareja, medicalizar rápidamente sin escuchar el contexto, comparar el deseo actual con el del pasado, interpretar el cansancio como falta de amor o desinterés, o suponer que el problema es puramente hormonal. Para revertir esta situación, el primer paso es dejar de pelear con el síntoma. Schulz propone varias claves fundamentales: - Hablar del tema sin culpas ni diagnósticos; - Correrse del objetivo tener sexo y volver al contacto; - Habilitar caricias, cercanía e intimidad sin exigencia (la oxitocina es el antídoto natural del cortisol); - Recuperar espacios de descanso real, mental y corporal; - Revisar la carga cotidiana, no solo la vida sexual; - Volver al cuerpo: respiración, sensorialidad, registro. En el espacio de terapia, el trabajo no comienza con técnicas sexuales. El foco se pone en comprender qué área está agotada: el cuerpo, el vínculo, la disponibilidad emocional, la autoexigencia, o la historia personal con el deseo. Y cierra: El objetivo no es volver a tener ganas rápido, sino recrear las condiciones para que el deseo vuelva a sentirse seguro. El deseo no se fuerza. Se cuida. Se acompaña. Y cuando encuentra espacio, vuelve. Newsletter Clarín
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