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  • Esto es amor por las vacas: la historia de 3 generaciones que resisten en el tambo

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    Fecha: 23/02/2026 18:32

    Cada 23 de febrero se celebra en Argentina el Día del Tambero, en conmemoración a la creación en 1920 de la Unión General de Tamberos, entidad gremial que nucleó a los productores lecheros del país. La fecha fue instituida por el Decreto Nº 3192 del 3 de abril de 1968, con el objetivo de reconocer a quienes sostienen una de las actividades más exigentes y constantes del entramado agroindustrial argentino. Leé también:Cooperativas cordobesas reclaman previsibilidad y menor presión fiscal para sostener al productor En ese marco, la historia de Pablo Tosolini condensa la épica silenciosa de la lechería. Es tercera generación de tamberos en el paraje Los Quebrachitos, en el departamento San Justo, al norte de Tránsito, en el este cordobés. Allí, donde el trabajo no conoce feriados ni fines de semana, la vida gira alrededor de las vacas y del reloj biológico del ordeñe. De ordeñar a mano a un tambo modelo Mi abuelo (Anselmo Tosolini) empezó ordeñando a mano, 15 vacas por día. En los primeros años de la década del 70 vendían la leche a la cooperativa SanCor, recordó Pablo. Aquella escena fundacional el balde, el banquito, la madrugada fría marcó el inicio de un camino que luego continuó su padre, Ernesto Tosolini, quien en 1989 tomó la posta y dio un paso más: comenzaron a producir quesos con marca propia, apostando a integrar la cadena y capturar mayor valor. El salto hacia la integración productiva no quedó solo en la elaboración de quesos. Con el tiempo consolidaron marcas propias Los Quebrachitos, El Quebrachal y El Campo bajo las cuales comercializan sus productos, especialmente dulce de leche. Leé también: En una láctea santafesina esperan que aparezca un inversor que pague sueldos y apueste a la producción El crecimiento fue sostenido durante años. Hoy el establecimiento produce alrededor de 35 mil litros diarios de leche y llegó a contar con 2300 vacas en ordeñe; actualmente son unas 1700. Estamos vendiendo pero no estamos reponiendo, porque no es rentable, explicó Tosolini, con la voz atravesada por una mezcla de orgullo y preocupación. Las vacas son propias y el tambo se consolidó como un modelo productivo que genera empleo para unas 100 personas. Costos que asfixian y futuro incierto Sin embargo, el presente volvió a tensar la ecuación. Tuvimos un 2024 y parte de 2025 muy buenos, pero ahora estamos en una situación complicada, parecida a la de 2023. Subieron los costos y la leche hace dos años que no sube, señaló. Según detalló, el precio histórico de referencia rondaba los 33 centavos de dólar, pero hoy quedó retrasado frente a una estructura de gastos que no da tregua: gasoil, energía eléctrica, insumos, alimentación. Es insostenible sostener estos números. Son 365 días al año y nadie te valora, afirmó. La decisión de dejar de producir quesos fue un punto de inflexión: No era rentable, nos estábamos fundiendo. Hoy hacemos dulce de leche y derivamos producción para otros lados. Si no tuviéramos la fábrica, no tendríamos tambo. Leé también: Una láctea santafesina en crisis: empleados se movilizaron ante la paralización y deuda salarial La dimensión emocional atraviesa cada frase. A mi abuelo siempre le gustaron las vacas de tambo. Era un apasionado. Esto tiene que gustar, dijo. El amor por la vaca lechera, transmitido de generación en generación, es el hilo que sostiene el proyecto familiar aun en tiempos adversos. Uno se encariña con los animales. Esto es amor por las vacas de campo. El productor no esquiva las definiciones políticas. Sostuvo que las actuales condiciones macroeconómicas volvieron a golpear al sector y que las perspectivas hacia adelante no son buenas. Tenía ganas de seguir creciendo, pero hoy no te dan ganas, confesó. También cuestionó la falta de respuestas concretas desde los gobiernos provinciales y nacionales. Leé también: Granizo y vientos arrasaron el sudeste cordobés y piden la emergencia agropecuaria En 2023, cuando expuso la situación en medios de comunicación, se le acercaron funcionarios para dialogar. Pero el tiempo pasó y, según explicó, las soluciones estructurales no llegaron. Le pediría a los gobernantes que pongan foco en la vida del tambo, en el sacrificio que implica. Es un negocio muy bastardeado y cada vez somos menos. La lechería argentina arrastra una larga historia de ciclos de expansión y crisis. A diferencia de otras producciones, el tambo no puede cerrarse de un día para el otro: las vacas deben ordeñarse todos los días, el personal debe sostenerse, la infraestructura no se detiene. Cuando la rentabilidad se evapora, el desgaste es físico, económico y emocional. Leé también: Productores del suroeste cordobés lanzaron el grito de Sampacho contra la tasa de guías ganaderas En el Día del Tambero, la historia de Tosolini resume esa tensión entre tradición y supervivencia. Entre el legado del abuelo que ordeñaba a mano y el desafío de sostener un establecimiento que emplea a un centenar de personas. Entre la pasión por la vaca lechera y una planilla de costos que no cierra. Me gustaría que algún dirigente nacional del sector pueda reunirse con nosotros para mostrarle los números reales y explicarle la situación compleja que estamos viviendo, planteó. Sostuvo que muchas veces las decisiones se toman lejos del territorio y sin conocer el impacto concreto en los establecimientos productivos. Que entiendan el sacrificio que hay detrás, insistió. Mientras tanto, en el este cordobés, el ordeñe vuelve a empezar antes de que amanezca, como hace más de medio siglo. Porque más allá de las crisis, el tambo no se detiene.

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