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Fecha: 23/02/2026 18:17
Pasaron cinco años desde que un centenar de animales quedaron a la deriva, encerrados en jaulas diminutas, sin mejoras estructurales, sin un plan concreto que les garantizara algo parecido a una vida digna. Muchos de ellos nacidos en cautiverio. Otros provenientes de circos. Todos atravesados por el mismo patrón: encierro, depresión y cuerpos sin tonicidad muscular por la falta absoluta de espacio. En septiembre del año pasado tuvo que llegar la organización internacional Four Paws para que empezara a planificar seriamente una misión de rescate. Un cambio de paradigma que viene gestándose desde hace años: - primero la prohibición de animales en circos - después el debate sobre los zoológicos tradicionales - luego la transformación en ecoparques Pero la meta final es otra: que los animales salvajes dejen de vivir como piezas de exhibición y puedan recuperar algo de su naturaleza, aunque nunca hayan conocido la vida silvestre. Leé también: Pusieron en marcha la primera etapa del operativo para rescatar a 60 animales del zoológico de Luján Hoy comenzó el capítulo inicial de un operativo que apunta a trasladar a más de 60 animales a distintos santuarios internacionales. Los primeros casos prioritarios fueron Gordo, Florencia y la tigresa Flora. Gordo y Florencia son dos osos pardos de 17 y 18 años. Llegaron siendo cachorros desde Batán, en la provincia de Buenos Aires. Pasaron prácticamente toda su vida encerrados. Su estado de vulnerabilidad aceleró la decisión. Embarcaron rumbo a Frankfurt y desde allí fueron derivados al santuario de osos en Belitsa, a 167 kilómetros de Sofía, en Bulgaria. Ese santuario fue creado especialmente para albergar a los llamados osos bailarines, una tradición cruel que durante décadas existió en países como Albania, Serbia, Rumania y Bulgaria. Los entrenaban desde cachorros: los colocaban sobre planchas calientes mientras sonaba música, y al quemarse las patas se erguían y bailaban. Para dominarlos, les atravesaban la nariz con un aro, aprovechando una de las zonas más sensibles del animal. El espectáculo era celebrado. El sufrimiento, naturalizado. Muchos de esos osos terminaron en Belitsa, donde hoy viven en grandes extensiones boscosas, con supervisión veterinaria y procesos de rehabilitación conductual. Allí convivirán ahora Gordo y Florencia con otros ejemplares también rescatados. Leé también: Video: el impactante rescate de más de 20 perros en un criadero clandestino en La Plata No será simple. Primero atravesarán un período de adaptación. Tendrán que aprender o reaprender conductas básicas: trepar árboles, desplazarse en terrenos amplios, explorar, regular su alimentación, enfrentar el clima. Los osos pardos no son especialmente gregarios, pero aún así deberán incorporar nuevas dinámicas y recuperar instintos dormidos durante años de encierro. El caso de Flora es distinto, pero igual de dramático. La tigresa sufrió múltiples cirugías en sus patas. Las condiciones paupérrimas de su encierro hicieron que sus uñas crecieran hacia adentro hasta encarnarse en un nivel extremo. Lograron salvarla después de varias intervenciones. Es extremadamente tímida, se esconde, le cuesta vincularse. Será trasladada a un santuario especializado en grandes felinos en los Países Bajos, donde también convivirá con otros animales rescatados. El jefe de la misión es Amir Khalil, veterinario egipcio con décadas de experiencia en rescates en zoológicos abandonados, circos, manos privadas y hasta en contextos de guerra. Su objetivo en Luján es claro: trasladar a más de 60 animales y cerrar definitivamente un capítulo de abandono. Leé también: Se acabó el cautiverio de elefantes en la Argentina: Kenya llegó a Brasil y terminó con 136 años de encierro Esto recién empieza. Quedan decenas de especies esperando su oportunidad. Y el operativo en marcha demuestra que el cambio es posible. No es solo un tema de animales: es un avance de la sociedad. Es revisar prácticas que durante años hemos naturalizado y entender que la dignidad no puede ser selectiva. Lo que ocurra con los que aún permanecen en el exzoológico de Luján también nos interpela. Porque la forma en que tratamos a los animales habla directamente de la humanidad que queremos construir. Y hoy, por primera vez en mucho tiempo, esa humanidad comienza a estar a la altura de esos valores.
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