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Fecha: 23/02/2026 17:48
La limpieza del hogar muchas veces se centra en los espacios que más entran en contacto con la suciedad, como la bacha de la cocina o el inodoro. Sin embargo, los interruptores de la luz son uno de los elementos que más bacterias acumulan, y la gran mayoría de las personas los ignoran a la hora de higienizar la casa. Leé también: Limpiar el inodoro con agua oxigenada: qué efecto tiene y cuándo conviene hacerlo Ahí se produce un efecto similar al que ocurre con el celular: al estar de manera constante en contacto con las manos, se llenan de bacterias y de microorganismos que pueden resultar nocivos para la salud. Sin embargo, al ser de uso tan cotidiano, casi nadie piensa en ellos a la hora de limpiar. Tomar consciencia de la enorme cantidad de bacterias que se acumulan en estos espacios es fundamental para no exponerse de manera innecesaria a estos patógenos que transmiten infecciones y enfermedades. Por qué es importante limpiar de forma regular los interruptores de la luz Mantener la casa limpia es clave para cuidar la salud y no sólo por una cuestión estética. Los gérmenes y bacterias se acumulan y se reproducen generando colonias en algunas áreas sensibles, como la bacha, el inodoro, el bidet, grifería y canillas, cortinas de baño y hasta en frascos y saleros. Muchos de esos objetos se higienizan con regularidad, aunque los interruptores de la luz, uno de los objetos que más microorganismos peligrosos guardan, suelen pasar desapercibidos. Siempre que se ingresa al hogar desde la calle con las manos sucias después de tocar las llaves, picaportes de las puertas y hasta los pasamanos del transporte público, lo primero que se hace es encender la luz. En ese acto tan cotidiano y aparentemente inofensivo se trasladan millones de patógenos microscópicos que se alojan en esa superficie. De ahí la importancia de incorporar a los interruptores a la rutina de limpieza. Leé también: Por qué no hay que rellenar las botellas de plástico con agua En los que se encuentran en la cocina la situación se torna incluso más sensible, ya que ahí se manipula carne cruda y luego se apaga o se enciende la luz sin lavarse las manos. Con el sencillo hábito de limpiar esas pequeñas superficies, una tarea que no lleva más que unos pocos minutos, se reduce drásticamente el riesgo de contaminación cruzada que puede poner en peligro la salud de todos los integrantes del hogar. Limpiar los interruptores de la luz es muy fácil. Tan sólo hace falta humedecer un paño de microfibra con cualquier solución desinfectante suave y pasarlo tanto por los botones como por el marco. Para las áreas más inaccesibles alcanza con recurrir a un hisopo. Aquellos que prefieran una opción más natural para no acudir a productos químicos, pueden optar por una mezcla de agua y vinagre blanco, que tiene prácticamente la misma eficacia. Sea cual sea el método elegido para limpiarlos, es clave nunca utilizar rociadores directamente sobre el interruptor para reducir los riesgos de sufrir un accidente eléctrico. Cuáles son los otros cinco elementos del hogar que más bacterias acumulan La esponja de cocina encabeza el ranking de los objetos más contaminados del hogar. Su estructura porosa, húmeda y en contacto con restos de comida, crea el ambiente ideal para la proliferación de bacterias. Diversos estudios detectaron en ella concentraciones microbianas superiores a las de muchas superficies del baño, especialmente cuando no se reemplaza o desinfecta con frecuencia. Leé también: Pocos lo hacen: por qué es importante lavar el kiwi aunque no te comas la cáscara Las cortinas de baño también funcionan como reservorio de microorganismos. La humedad persistente y la ventilación insuficiente favorecen la aparición de moho y bacterias que se adhieren al material plástico o textil. Algo similar ocurre con los controles remotos, manipulados a diario y rara vez limpiados, que acumulan suciedad en botones y ranuras. Los auriculares y los teléfonos celulares completan la lista. El contacto directo con la piel, el sudor y las manos facilita la transferencia de gérmenes. La falta de limpieza periódica convierte a estos dispositivos de uso cotidiano en focos invisibles de contaminación doméstica.
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