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  • La invasión rusa: Lucía Caram, la monja argentina que en cuatro años de guerra logró llevar casi 200 ambulancias donadas a Ucrania

    » Clarin

    Fecha: 23/02/2026 12:36

    Como muchos, la monja argentina Lucía Caram no podía creer que Rusia había comenzado a invadir Ucrania. Indignada, se sumó en Barcelona a una manifestación por la paz en la que pudo ver los rostros desencajados de los miembros de las primeras familias ucranianas que habían escapado del horror. Allí mismo dijo que algo tenía que hacer más allá de clamar por el fin de la agresión. A cuatro años del inicio de la conflagración, está cerca de llegar a las 200 ambulancias que consiguió por donaciones y haberlas llevado ella misma a Ucrania. Con el inicio la semana pasada del 42° del corredor humanitario que encabezó, Lucía se encaminaba a sumar 21 vehículos sanitarios y de apoyo a las 163 ambulancias ya entregadas. Partió de las inmediaciones de la imponente iglesia Sagrada Familia el mismo día en que se le colocaba la cruz a la turre central y se convertía en el templo católico más alto del mundo. La despidieron el alcalde de la ciudad, Jaume Collboni, y el arzobispo local, cardenal Juan José Omella. Y se leyó un mensaje de aliento del Papa León XIV. En diálogo telefónico con Clarín durante el viaje, la religiosa cuenta que con un grupo que participa de sus obras solidarias a través de la Fundación Santa Clara se fueron a Ucrania a poco de iniciarse la invasión. Cuando llegamos a los hospitales, los heridos no querían escuchar discursos, sino que nos pedían ambulancias. Nos decían que muchos compañeros, al resultar heridos y no ser evacuados a tiempo, morían desangrados, relata con vehemencia. Dice que otros se colocaban torniquetes de emergencia y, al no recibir atención rápida, terminaban amputados. Que había personas con infecciones, con fiebre, con heridas abiertas que en cuestión de horas perdían la vida por falta de transporte sanitario. Y que a dos meses del inicio de la invasión, ella y su gente empezaron a abrir corredores humanitarios para trasladar heridos a España y a su vez llevar las ambulancias. Detalla que, además, seguimos enviando material sanitario, desfibriladores, generadores y ayuda humanitaria. Pero señala que la falta de calefacción demanda otras ayudas. En este momento -añade- hemos enviado también dos tráilers de sacos de dormir preparados para soportar temperaturas de hasta menos 15 grados y dos tráilers de edredones (abrigos de cama rellenos de plumas o lanas) y mantas para el frío extremo. Cuenta que días pasados un general de la Guardia de Frontera le dijo que están viviendo el peor momento desde el inicio de la invasión porque Rusia está atacando las infraestructuras energéticas. Putin, ante la dificultad de ganar territorio, está atacando a la población civil. Quiere que el frío sea insoportable. Pero el pueblo ucraniano, lejos de quebrarse, se siente más fuerte para resistir, afirma enérgica la monja. El carácter apasionado que evidencia Lucía -famosa en España por sus intervenciones vehementes en los medios y en sus mensajes en las redes- ya lo manifestaba siendo adolescente. Cuando en su Tucumán natal le dijo a su padre -un médico formado en un catolicismo conservador- que quería ser monja, él le respondió que estaba en contra porque consideraba que era muy rebelde como para tomar los hábitos. Pero Lucía se salió con la suya. A los 18 años ingresó a la congregación de las religiosas dominicas y estuvo seis años en un convento de clausura de Buenos Aires. Pero su perfil contemplativo dio un vuelco a partir de que una superiora la envió a España. En un convento de Valencia descubrió que mi claustro es el mundo -como titula uno de sus libros-, dejó la clausura y comenzó su gran obra solidaria. Uno de sus hermanos, Ernesto, contó hace unos años que como las instalaciones del convento eran enormes y solo había cuatro monjas resolvió dividirlo en varias partes, en las que creó centros de atención a indigentes, adictos y refugiados. Al principio fue muy resistida por sus superiores, poco menos que la querían excomulgar, pero finalmente aceptaron su enorme obra, señaló. Ernesto aseguró que Lucía llamaba todos los días a su madre, por entonces de 91 años. Y que estaba en contacto permanente con el Papa Francisco, quien la alentaba a seguir adelante. Lucía tiene mucha fuerza y encima Francisco le mete más ficha, comentó en aquel momento. Ahora ella está abriendo un canal de diálogo con León XIV, quién la recibirá en los próximos días. Mientras tanto, Lucía no se cansa de decir que el mundo parece haberse olvidado de Ucrania y que Europa vive como si la guerra no existiera. Y agrega que Rusia habla de una guerra santa porque acusa a Europa de haber perdido los valores cristianos y la Iglesia Ortodoxa Rusa se alineó con el poder político y justifica una invasión que parece no tener fin. Por eso, a la par que agradece toda la ayuda que recibe para su campaña en favor de Ucrania, clama para que no naturalicemos la guerra, para que no nos acostumbremos al horror. A la vez que asegura que mientras haya heridos que pidan ambulancias nosotros responderemos. Sobre la firma Newsletter Clarín

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