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  • Mirtha cumple 99: anécdotas, dolores y momentos incómodos que marcaron su vida y su trayectoria estelar

    » La Nacion

    Fecha: 23/02/2026 06:37

    La diva, todo un fenómeno de longevidad, lucidez y vigencia profesional, se convirtió en una leyenda nacional que ya piensa en cómo celebrar su centenario, al frente de su programa - 18 minutos de lectura' No soy anciana, soy una mujer grande, afirmó Mirtha Legrand a LA NACION, hace poco más de un mes, en una entrevista exclusiva luego de grabar su primer programa del verano en la ciudad de Mar del Plata. Su aseveración es irrefutable, aun cuando este lunes 23 de febrero, la diva celebre sus 99 años de vida. La dama poco sabe de los bemoles de la senectud. Indudablemente, se trata de mucho más que un cumpleaños. Aun cuando, en el mundo -y nuestro país no es la excepción- cada vez más hombres y mujeres superan el centenario de vida, no deja de llamar la atención la lucidez de Rosa María Juana Martínez Suárez de Tinayre (tal su nombre real) y, fundamentalmente, su increíble vitalidad para cumplir con una agenda que incluye la grabación semanal de su clásico programa televisivo -nada sencillo de hacer-. También la nutrida actividad social que lleva adelante y que le resulta de gran goce a esta mujer nacida en -ponerse de pie, como lo hace ella- la ciudad santafesina de Villa Cañás. Si de estadísticas se trata, Legrand se lleva unos cuantos lauros; algunos de ellos, estremecen. La Chiqui es anterior al cine sonoro. Cuando la estrella nació, aún restaban ocho meses para el estreno de The Jazz Singer (El cantor de jazz), el considerado primer film sonoro de la historia del cine mundial, que permitió a los espectadores escuchar, todo un acontecimiento, de manera sincronizada la voz de Al Jolson y unos breves diálogos que no superaban los dos minutos de cinta. La actriz, autodefinida como un producto cinematográfico, también fue parte de esa industria que le daría su primera gran proyección popular en nuestro país y en Latinoamérica. Fue celebridad de esa época de oro del pujante cine nacional. Ya en su rol de conductora, es la responsable de un verdadero récord de permanencia. En dos años, su programa cumplirá seis décadas de historia. Si bien, algunos formatos internacionales lograron tal permanencia, ninguno lo hizo con un mismo talento al frente de la conducción. Casi un siglo de vida y más de ocho décadas de labor artística. Mucho se puede decir sobre ella. Coincidir y disentir, pero algo es inobjetable: Mirtha Legrand le ha dado su vida al público. Es tanto la diva que estalló con un ¡Carajo, mier...! que se encargó de capitalizar, y hasta la acercó a la gente, como la conductora que metió la pata más de una vez, como cuando inquirió a la actriz Cecilia Rossetto: Sos muy de izquierda, estás demasiado politizada, o le dijo a la vedette Cris Miró que no sabía si tratarla como hombre o mujer. Más de una vez se disculpó con sinceridad al aire y, con notable inteligencia, supo capear sus propios temporales. A continuación, algunos momentos salientes de su devenir personal y de su trayectoria profesional. Tan solo algunos acontecimientos que hasta llegaron a tener resonancias, ya no solo culturales, sino sociales y políticas. Atravesó ámbitos. Logró lo que nadie logró. Y, meritoriamente, se convirtió en una estrella que trascendió generaciones y que, ya en su madurez, hasta logró la empatía de sus más críticos. Década del 20: Un esfuercito que llega la segunda En 1927, Villa Cañás era un pueblo con aspiraciones de ciudad. Un cuadrilátero de pocas manzanas organizadas en damero. Plaza central y vuelta al perro dominical donde los vecinos se ponían al día sobre las novedades de la última semana. Aquel año, el verano fue especialmente tórrido. El 23 de febrero, el termómetro trepó a los 31 grados, la humedad del 70% potenció la sensación apabullante que la brisa del norte a cinco kilómetros por hora no lograba disminuir. Doña Rosa fue maestra y directora de escuela; Don José, su marido de origen andaluz, era el propietario de un almacén de ramos generales. El matrimonio ya había tenido a José Martínez Suárez, quien había nacido el 2 de octubre de 1925, el hijo mayor que se convertiría, además de realizador de largos y presidente del Festival Internacional de Mar del Plata, en uno de los teóricos y docentes del cine más influyentes de nuestro país. La familia vivía en General López 576, en pleno centro del pueblo, siendo vecinos del cine Dante, donde Josecito, al igual que sus hermanas por llegar, comenzaría a despuntar su afición por el cine. Luego de la Nochebuena de 1926, Rosa Suárez comenzó a sentirse cada vez más incómoda. La fecha de parto se acercaba y, a diferencia de lo que había sucedido con su primer hijo, esta vez sus sensaciones físicas eran otras. Pocas semanas después, en aquel soporoso 23 de febrero de 1927, Rosa Suárez dio a luz a María Aurelia Paula, una bellísima beba de peso considerable. Está claro que la tecnología médica de la época era algo rudimentaria, con lo cual, sin la posibilidad de ecografías previas, poco se sabía de antemano sobre los niños por nacer. María Aurelia Paula bramaba en el pecho de su madre, hasta que algo insospechado ocurrió. Rosa, un esfuercito más que llega la segunda. En ese nuevo pujo quien llegaba al mundo era Rosa María Juana, con menor peso que su gemela. A la más grandota la apodaron Goldy, una sofisticación de gordita, confesó Mirtha más de una vez. Para a quien luego se convertiría en la leyenda del espectáculo argentino el mote fue de Chiquita, en alusión a su escaso peso. Mi hermana me comió toda la comida dentro de la panza de mi madre, suele bromear Legrand. Para que Rosa pudiera cumplir con la crianza de sus hijos y trabajar como maestra, contaba con la ayuda de dos niñeras, una para cada gemela. Bruna era quien cuidaba de la pequeña Rosa María Juana, la niña que no dudaba en indicarle a la hora de elegir el vestuario para salir a pasear: Bruna, ponene el moño más grande a mí. Germen de diva en desarrollo. Década del 30: Le presento a los huérfanos El 19 de enero de 1937, una mala praxis en una operación de úlcera de duodeno pudo con la vida de José Martínez, a sus 37 años. Fue un golpe demasiado fuerte para Rosa, su joven esposa, quien quedaría a cargo de sus tres hijos y con una economía familiar diezmada. Ya entonces, el sueldo docente no permitía vivir con demasiadas comodidades. Vengo a presentarle a los tres huérfanos que hizo, lo conminó Rosa al médico responsable de la fallida intervención quirúrgica. Al poco tiempo, la mujer decidió mudarse con sus hijos al barrio porteño de La Paternal en busca de una holgura económica. La gran ciudad de Buenos Aires también sería el ecosistema propicio para que las niñas Rosa María Juana y María Aurelia Paula pudieran desarrollarse en el mundo del espectáculo, ya con sus seudónimos artísticos de Mirtha y Silvia Legrand. En aquellos primeros tiempos, las gemelas solían desfilar en el imponente corso de la Avenida de Mayo, donde ya lucían sus dotes -estudiaban danzas y declamación- y carisma. Década del 40: Esa nena, soy yo En 1940, las gemelas debutaron en las ligas mayores del cine, pero desde un rol menor que para ellas tuvo resonancias de triunfo. Mirtha y Silvia fueron contratadas como extras para participar en algunas escenas de Hay que educar a Niní, una formidable comedia romántica encabezada por Niní Marshall, entonces una de las grandes estrellas del espectáculo nacional. Con uniforme escolar, se puede ver a las gemelas acompañar a la gran actriz cómica y, precozmente, llamar la atención de la audiencia. Fue al año siguiente de aquella producción cuando una jovencísima Mirtha -de tan solo 14 años- haría su primer protagónico en cine, formando rubro artístico con los reconocidos actores Juan Carlos Thorry y Enrique Serrano. La première del film Los martes, orquídeas se realizó en el Cine Broadway de la Calle Corrientes. Hasta allí llegó Mirtha junto a sus hermanos y su mamá en una fría noche de invierno. Arribaron al centro de la ciudad a bordo de un tranvía que tomaron en la Avenida San Martín y los dejó a metros de la gran sala lindante con el Obelisco. Una multitud casi impedía la marcha sobre la vereda. Así eran los estrenos en aquella época dorada de nuestro cine. A los empujones, Chiquita logró hacerse paso y pararse cerca de los fotógrafos que inmortalizaban el ingreso de las estrellas de la película y de los artistas invitados. Nadie reparó en ella, aún una desconocida. Señor, esa nena de la foto del afiche, soy yo, le espetó a un reportero que prácticamente no escuchó su súplica. Ya buscaba los flashes. Ante la indiferencia, ingresó a la amplia platea y se sentó junto a los suyos sin llamar la atención de nadie. Cuando la proyección finalizó, el público aplaudió a rabiar el film y ovacionó de pie a esa figurita nueva que había descollado. Nos volvimos a La Paternal en un Cadillac que nunca supimos de quién era, suele comentar la actriz. Había nacido la estrella Mirtha Legrand. Década del 50: Les dedicaría más tiempo a mis hijos Hoy ha sido un día inolvidable porque la he conocido, le escribió Daniel Tinayre en una nota que acompañó a un suculento ramo de rosas que envió al departamento que Mirtha Legrand habitaba en el barrio de Palermo, en las cercanías del Jardín Botánico. Corría 1945 cuando el realizador visitó el set donde se filmaba Cinco besos, película protagonizada por la actriz bajo las órdenes de Luis Saslavsky. Legrand no lo conocía, pero quedó deslumbrada por su piel tostada y sus dientes blancos y refulgentes. A los pocos meses, Mirtha, de 19 años, y Daniel, ya con 35 cumplidos, contrajeron enlace. En 1948 nació Daniel Andrés, el primer hijo de la pareja, y dos años después llegó al mundo Marcela. Durante la década del 50, el matrimonio Legrand-Tinayre cumplía con una rigurosa actividad cinematográfica. Muchas veces, las filmaciones se iniciaban a la mañana temprano y no concluían hasta entrada la noche. En no pocas ocasiones, las madrugadas eran el momento del rodaje. Dos niñeras cuidaban de Danielito y Marcela. Alguna vez, me han reprochado la ausencia, pero yo les hacía entender que, gracias a nuestra actividad, podían llevar una vida confortable. De todos modos, si volviera a nacer, les dedicaría más tiempo a mis hijos. Los chicos, cuando vuelven del colegio, quieren ver a su mamá en la casa, confesó, en algunas oportunidades, consciente de esas ausencias forzadas por el trabajo que la alejaron de la crianza cotidiana y el crecimiento diario de sus descendientes. Daniel fue veterinario y Marcela se dedicó al empresariado y, luego, a la conducción televisiva. Década del 60: ¿Comer en televisión? En 1968, Mirtha Legrand fue invitada al programa Sábados de la bondad, que se emitía por el Canal 9, propiedad de Alejandro Romay, y que tenía como finalidad colectas en beneficio de los hospitales públicos. Aquella temporada era animada por Héctor Coire. La actriz participó del ciclo ómnibus mostrándose muy suelta lejos de la letra de un personaje de ficción. Observando su desempeño, Romay la convocó a su oficina y le consultó qué le gustaría hacer en su emisora. Mirtha le respondió que probaría con algún espacio donde fuera ella misma, como lo que hice recién. A las pocas horas, el empresario le ofreció liderar un programa en el que recibiría a 12 comensales (emulando a La última cena bíblica). ¿Comer en televisión?, le respondió la actriz muy sorprendida. Dudó. Lo charló con su marido. Y, finalmente, aceptó. Almorzando con las estrellas, como se llamó originalmente, no contó con 12 invitados, una desmesura al estilo Romay, pero tuvo en su mesa a Daniel Tinayre, Duilio Marcio, Alberto Migré, Leopoldo Torre Nilsson y Beatriz Guido. Cuando el mozo, al aire, le ofreció a Mirtha una presa de pollo, su marido dijo: A Chiquita le gusta la pechuga. Me sentí como en casa, suele contar la diva. Esa confianza estimuló su permanencia. Luego de la primera emisión, Alejandro Romay la llamó por teléfono para felicitarla por el rating. Comenzaba a tejerse el hilado de un récord que sigue vigente en el siglo XXl. Década del 70: Señora presidenta, usted me mandó a llamar En el año 1974, Mirtha Legrand conducía su programa en Canal 13, luego de un altercado con Alejandro Romay que había motivado su salida de Canal 9. En una de las emisiones del mes de septiembre, un comentario político dicho al aire molestó al gobierno presidido por María Estela Martínez de Perón, lo cual generó que, al día siguiente, se le impidiera a la conductora el ingreso al canal, ubicado en el barrio de Constitución. El programa, que hacía años ya se llamaba Almorzando con Mirtha Legrand, había sido levantado. El 2 de octubre de 1974, la animadora fue citada a una reunión privada con la primera mandataria, aunque del encuentro también participó José López Rega, entonces ministro de Bienestar Social. Cuénteme por qué no está en televisión, le inquirió Isabelita. Señora presidenta, usted me mandó a llamar, dígamelo usted, le retrucó Legrand. Más allá del intercambio verbal, la charla fue cordial. La presidenta le pidió a su ministro, verdadera mano derecha del gobierno, que tomara cartas en el asunto para que Almorzando con Mirtha Legrand pudiera volver al aire. No sucedió durante la gestión justicialista. El ciclo regresó a la pantalla en dictadura, una vez asumido el gobierno de facto liderado por la Junta Militar que derrocó a Isabel Perón. Década del 80: No sé si volveré a la televisión A pesar de que el gobierno militar posibilitó la vuelta de Mirtha Legrand a la televisión abierta, fue también quien la sacó, nuevamente, del aire. En 1979, el programa se emitía por ATC (Argentina Televisora Color), flamante señal inaugurada con motivo del Mundial de Fútbol disputado en nuestro país en 1978. ATC ocupaba el espacio del antiguo Canal 7. Un tope en el importe de los salarios de los talentos contratados hizo emigrar a muchas figuras que, en ese tiempo, habían logrado que el canal tuviera muy buena audiencia, pero los costos no permitían continuar con sueldos cotizados en dólares. Mirtha Legrand y Daniel Tinayre meditaron la decisión y consideraron que los honorarios previstos para la diva no estaban en relación con su estelaridad. La diva que, cada fin de año, amagaba con su frase no sé si volveré a la televisión, se vio casi obligada a despedirse del medio. Con la llegada de la democracia no le fue mejor, el gobierno presidido por Raúl Alfonsín tampoco estimuló su regreso al aire. Ya con rango de diva nacional, Legrand despuntaba su presencia frente a las cámaras en ciclo emitidos por la televisión paga, en tiempos donde el cable aún no tenía injerencia ni masividad. Un verano, en un desfile realizado en la ciudad de Punta del Este, La Chiqui se cruzó con el gobernador de La Rioja, Carlos Saúl Menem, quien le dijo: Señora, si soy elegido presidente, usted vuelve a la televisión abierta. Menem lo hizo, diría el slogan. Ya bajo la presidencia del riojano, Legrand volvió al aire con Mirtha para todos, un ciclo semanal nocturno y, posteriormente, con sus tradicionales almuerzos diarios. Aún hoy repite la frase el año que viene no sé si volveré a la televisión, pero ya nadie le da importancia a la sentencia. Década del 90: Esto es la soledad Daniel Tinayre murió el 24 de octubre de 1994, víctima de una complicación en un cuadro de hepatitis. Horas antes de fallecer se encontraba acompañado por su esposa y su amigo y socio, Carlos Rottemberg, en una suite de un prestigioso centro de salud porteño. Con una consciencia atroz sobre su final, miró a ambos y les indicó, quitándose la máscara de oxígeno: Carlitos, cuidámela a Chiquita, Chiquita, el lunes andá al canal y hace el programa. Tinayre falleció un domingo y su esposa se tomó 15 días antes de regresar al ruedo televisivo. Algunas semanas después de la muerte de Tinayre, Mirtha Legrand recuperó el hábito de cenar los sábados a la noche con algunos amigos. En esas tertulias solía estar acompañada por el capocómico Juan Carlos Calabró y su esposa Coca, Héctor Ricardo García y el empresario Carlos Rottemberg y la actriz Linda Peretz, quien, por entonces, eran matrimonio. Luego de aquella primera cena, los Calabró la condujeron en su vehículo hasta el departamento de la diva sobre Avenida del Libertador. Cuando Legrand introdujo la llave en la cerradura, abrió la puerta de su piso y encendió la luz del amplio living que se encontraba en penumbras -rol que cumplía con caballerosidad su marido- se dijo a sí misma: Chiquita, esto es la soledad. En 1999, otra tragedia, seguramente la más cruel que le tocó vivir, la volvería a sacudir. Ese año, luego de un breve período de convalecencia, falleció su hijo Danielito, quien había decidido hospedarse en casa de su madre para transitar el duro cuadro acompañado por ella. En ese momento, Mirtha suspendió todas sus actividades y fue recién a los seis meses cuando decidió volver a la televisión y ofrecer Almorzando con Mirtha Legrand por la pantalla de América TV, el canal que la tenía contratada desde hacía un tiempo. El regreso contó con muy buen rating y, al igual que lo hizo luego de la muerte de su esposo, transitó su duelo junto a su público, haciendo lo que la sostiene aún hoy: trabajar. Década del 2000: ¿Se viene el zurdaje? Mirtha Legrand ya era otra. Se había convertido en una mujer incisiva, punzante, que dejaba tambaleando a algunos de sus invitados, sobre todo, a los políticos que ocupaban su mesa para defender una gestión o difundir una candidatura. Aún hoy, es mejor ir preparado para enfrentar a La Chiqui. Por los almuerzos pasaron todos. Afines y no tanto. Mirtha siempre fue clara en su posición política, pero eso no le impidió invitar a referentes de movimientos que no comparten su ideología. Con algunos con los que se llevaba bien, luego se llevó mal. Como símbolo de las incomodidades provocadas por la conductora podría citarse aquella pregunta que le hizo al matrimonio de Néstor y Cristina Kirchner: ¿Se viene el zurdaje?. Una frase poco feliz, pero que resonó fuerte. A los Kirchner no les gustó nada. Tampoco Mauricio Macri y su entonces esposa, Juliana Awada, la pasaron cómoda: No ven la realidad, les retrucó la diva. A Javier Milei, cuando noviaba con Fátima Flórez, le dijo: Ustedes son raros. Todos se atragantaron por igual. Década de 2010: Lo tengo que decir En 2018, Almorzando con Mirtha Legrand celebró sus cinco décadas en el aire. El formato ya se emitía por la pantalla de eltrece y salía en una versión nocturna sabatina (La noche de Mirtha) y, los domingos, en su horario tradicional del mediodía. Nacho Viale y Diego Palacio, fundadores de la productora StoryLab, ya estaban a cargo de los destinos del programa y fueron quienes organizaron una gran celebración. A la presencia de las celebridades invitadas de primerísimo nivel se le sumaron momentos emotivos como una carta leída por Silvia Goldy Legrand que contenía un poema que las gemelas Martínez Suárez recitaban en su infancia. Sin embargo, el gran momento de la noche fue otro. A poco de comenzar el ciclo, y por primera vez en público, Mirtha Legrand confesó su edad, rompiendo una suerte de mito que ella misma se encargó de incentivar. No me gusta decirlo, pero lo tengo que decir. El 23 de febrero de 2019, esta persona que ustedes ven aquí, me voy a poner bien erguida para decirlo, va a cumplir 92 años. Década de 2020: No me olviden, les he dado mi vida Si Rosa María Juana Martínez Suárez de Tinayre exhibe una vitalidad y lucidez envidiables, no menos elogiable es la vigencia de Mirtha Legrand. La mujer que ya camina rumbo a su centenario esgrime una sagacidad a la hora de conducir su programa que no tienen muchos de sus colegas con menos edad (todos tienen menos edad que ella). Actualizada, deconstruida en unos cuantos aspectos, inclusiva, la diva siempre supo, con notable inteligencia, como reconvertirse y acompañar el devenir de los tiempos. Mirtha no huele a naftalina y ese sea, quizás, uno de los grandes secretos de su permanencia. Desde el moño más grande que le pedía a su niñera hasta sobresalir en el corso de la Avenida de Mayo. De la niña que entró a los codazos al estreno de su primer protagónico a la mujer que se convirtió en celebridad del cine nacional. De aquella conductora naif que mostraba las rosas rococó rosadas a la mujer que cometió más de un error al aire, pero que también tuvo la grandeza de pedir perdón. Hoy, a los 99 años, es historia y es presente. Es leyenda. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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