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  • A veces nos intoxicamos y fue un descuido propio: Bromatología de la municipalidad advierte sobre errores frecuentes en el manejo de alimentos

    Concordia » Despertar Entrerriano

    Fecha: 23/02/2026 06:14

    A veces nos intoxicamos y fue un descuido propio: Bromatología de la municipalidad advierte sobre errores frecuentes en el manejo de alimentos En medio de noticias y advertencias difundidas en las últimas semanas sobre el consumo de bebidas y productos enlatados en mal estado, nos reunimos con Claudio Martín Ledesma, técnico en control bromatológico y técnico superior en tecnología de alimentos, quien actualmente está a cargo de la Dirección de Bromatología. La idea fue clara: ir directo a la fuente y entender, sin alarmismo pero con información concreta, qué debemos tener en cuenta para evitar intoxicaciones, infecciones y riesgos innecesarios, no solo en verano sino durante todo el año. Calor, latas abolladas y envases sucios: el combo que puede jugar en contra El verano no perdona. Las altas temperaturas aceleran procesos que durante el resto del año pasan más desapercibidos. Los factores son varios, pero principalmente en este época del año. El calor hace que proliferen insectos y roedores y que la descomposición de los alimentos sea más rápida, explica Ledesma. Uno de los puntos que más preocupa tiene que ver con los envases. No tanto el contenido en sí, sino el recorrido previo que ese producto hizo antes de llegar a nuestras manos. Si uno compra una lata de la que va a tomar directamente apoyando la boca, o una botella, hay que tener en cuenta que antes estuvo en un depósito. Y en estos depósitos puede haber roedores, insectos o incluso animales domésticos. El consejo es simple, pero no siempre se cumple: lavar los envases antes de consumirlos, especialmente los de contacto directo. La advertencia no es exagerada. Es fundamental por el tema de la leptospirosis, que puede transmitirse por el contacto con orina de roedores en las superficies, remarca. En cuanto a las latas abolladas o infladas, el mensaje es contundente. Cuando una lata está golpeada pierde la capa aislante interna que funciona como barrera entre el metal y el alimento. Eso hace que el producto se contamine mucho más rápido. El resultado puede ir desde una intoxicación leve hasta una infección más severa. Y a eso se suma otro clásico que muchos normalizan: productos expuestos al sol. Es muy común ver mercadería en vidrieras donde el sol da directo o cajas en la vereda. Incluso pasa que el consumidor compra algo refrigerado y lo deja horas dentro del auto antes de llegar a su casa. Ahí se pierde la cadena de frío y los microorganismos proliferan rápidamente. Lo que Bromatología detecta en las inspecciones (y que el consumidor también puede ver) Los controles son diarios. El equipo de inspectores recorre zonas predeterminadas, pero también adapta las prioridades según la época del año. En verano priorizamos heladerías, bares y rotiserías. En Semana Santa vamos a pescaderías. Y también actuamos según denuncias de los vecinos, detalla. Entre las falencias más frecuentes aparece una que pasa desapercibida para muchos clientes: la pérdida de cadena de frío en supermercados. Es muy común que cuando llega el distribuidor dejen bandejas con lácteos o productos refrigerados fuera de la heladera más tiempo del debido mientras los acomodan. Eso hace que pierdan frío y se alteren. Pero más allá de los controles oficiales, Ledesma insiste en que el consumidor tiene un rol clave. Hay que prestar atención a cómo está el producto en góndola, que el envase esté sano, que el rótulo esté completo con fecha de vencimiento, datos del elaborador y número de registro. La observación básica puede evitar problemas. Si compramos un paquete de fideos, mirar si tiene gorgojos, si está abierto o rajado. Parece obvio, pero muchas veces no lo hacemos. También recomienda elegir comercios habilitados. Cuando compramos en un lugar que está supervisado por el municipio tenemos una cierta garantía de que el establecimiento fue controlado y que el personal hizo el curso de manipulación de alimentos. En el caso de la venta ambulante, el criterio debe ser aún más atento. No está mal comprar en un carrito o food truck, pero hay que observar que los productos no estén al sol, que la mayonesa o las salchichas estén refrigeradas, que la persona tenga higiene adecuada y que el puesto esté habilitado. Del supermercado a casa: los errores que cometemos sin darnos cuenta Muchas intoxicaciones no ocurren en el comercio, sino en el hogar. Y ahí también hay responsabilidad compartida. Si compramos productos que requieren frío, hay que mantenerlos juntos en la misma bolsa para que conserven temperatura y volver rápidamente a casa. No dejarlos sobre la mesada durante horas, advierte. En la cocina diaria, los descuidos son más comunes de lo que parece. Hay que evitar la contaminación cruzada. Si usamos un cuchillo para cortar carne cruda, no podemos usarlo para cortar algo dulce sin lavarlo antes. Separar productos cocidos de crudos y guardarlos en recipientes cerrados. La organización interna también importa. Primero en entrar, primero en salir. El producto que compramos primero es el que debemos consumir primero. Eso evita vencimientos y acumulación innecesaria. En esta línea, menciona otra advertencia reciente que generó consultas: la miel en bebés. Desde el punto de vista médico se prohíbe el consumo de miel en menores de un año porque puede contaminarse con Clostridium botulinum y producir botulismo. Los bebés no tienen todavía las defensas necesarias. Incluso algo tan cotidiano como el bidón de agua merece atención. Con las altas temperaturas es fundamental evitar que estén al sol. Sugerimos que los repartos se hagan temprano y siempre verificar que el envase esté limpio, bien sellado y provenga de un establecimiento habilitado. La conclusión no apunta al miedo, sino a la conciencia. Las intoxicaciones alimentarias muchas veces no tienen un único responsable. Pueden ser consecuencia de una cadena de pequeños descuidos: un envase que no se lavó, una lata abollada que se ignoró, una bolsa que quedó demasiado tiempo fuera de la heladera. Como resume Ledesma, a veces nos intoxicamos y no sabemos a quién culpar, y en realidad fue un descuido propio en el tiempo que pasó entre que compramos el producto y lo guardamos en casa. Fuente: Despertar Entrerriano

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