Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Es argentina y la confundieron con la novia de un narco ecuatoriano asesinado: No soy una muñeca de la mafia y temo por mi vida

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 23/02/2026 01:44

    Lo que comenzó como un informe televisivo sobre narcocultura en Ecuador terminó convirtiéndose en una pesadilla internacional para una joven argentina que jamás pisó ese país. Micaela Morales es chaqueña, tiene 28 años y desde fines de enero viene siendo señalada públicamente como la pareja de un narcotraficante ecuatoriano asesinado. El error: compartir el mismo nombre y un cierto parecido físico con la verdadera mujer vinculada al criminal. El hecho se desató tras el crimen de Stalin Olivero Vargas, alias El Marino, dentro de una urbanización privada de Samborondón, una de las zonas más exclusivas de Guayaquil. A partir de ese asesinato, el canal ecuatoriano Ecuavisa emitió un informe en el que abordaba el fenómeno de la vida de lujos de algunas mujeres vinculadas a organizaciones delictivas, conocidas en redes como Las Muñecas de la Mafia. En ese contexto, el medio difundió imágenes de Instagram de Micaela Morales, la joven argentina radicada en España, confundiéndola con la verdadera pareja del narcotraficante, una mujer homónima que sí reside en Ecuador y que, según trascendió, tendría antecedentes penales. Actualmente, la justicia la investiga por supuestas funciones activas dentro de las economías criminales, especialmente por lavado de activos, ocultamiento patrimonial y administración de bienes. El inicio del hostigamiento en redes Todo se remonta al 9 de enero, relató Micaela a Infobae. Ese día comenzó a recibir una avalancha de mensajes a través de Instagram y TikTok. La mayoría provenían de usuarios ecuatorianos. Me empezaron a mandar mensajes tratándome de prostituta, diciéndome que mis viajes estaban manchados con sangre, que era narcotraficante, contó. Los insultos y acusaciones hacían referencia directa al hombre asesinado en Guayaquil y a la mujer que había sido señalada como su pareja. La explicación era tan simple como devastadora: la verdadera Micaela Morales de 30 años, con doble nacionalidad ecuatoriana y argentina cerró sus redes sociales tras el crimen. Quienes buscaban información sobre ella encontraron primero el perfil público de la joven argentina que vivía en Barcelona. Las dos nos llamamos Micaela Morales. Las dos viajamos. Yo justo estaba empezando a dedicarme a las redes sociales porque emigré hace un año y medio. Coincidió que fuimos a lugares parecidos y subimos fotos en destinos turísticos similares. Pero obviamente no éramos la misma persona, explicó. Al principio, Micaela intentó aclarar la situación respondiendo uno por uno los mensajes que recibía. Les explicaba que no tenía ningún vínculo con Ecuador ni con el narcotráfico. Creyó que, con el correr de los días, la confusión se disiparía. Pero ocurrió lo contrario. El informe de TV que puso en riesgo su vida Cuando el informe de Ecuavisa salió al aire el 21 de enero y mostró su perfil y sus fotos personales, la situación se agravó. Toda esa gente a la que yo le había dicho que no era esa mujer, al ver la nota en el noticiero nacional, creyó que le estaba mintiendo, recordó. La joven se enteró por un mensaje privado. Un usuario me escribió: En mi país saliste en el noticiero nacional. Yo nunca había estado en Ecuador. No entendía nada. Me quedé en shock, contó. En cuestión de horas, su nombre y su imagen comenzaron a circular asociados al narcotráfico, al lavado de dinero y a una supuesta vida de lujos financiada por actividades ilícitas. La situación escaló rápidamente hacia el terreno de las amenazas. No solo contra ella, sino también contra su familia en Argentina. Me decían que iban a matar a mi papá. El padre de la otra chica falleció, pero las amenazas eran hacia el mío. Yo estaba sola en España y mi papá, que ya había tenido problemas de salud, estaba en Argentina. Fue desesperante, relató. El miedo se volvió cotidiano. En Barcelona ciudad con una importante comunidad ecuatoriana Micaela comenzó a vivir con paranoia. Escuchaba un acento ecuatoriano o colombiano y entraba en pánico. Pensaba que me venían a buscar. Me encerraba para que no me reconocieran, no quería salir, recordó sobre esa hipervigilancia constante que afectó su descanso, su concentración y su bienestar general. Pero el daño no se limitó al plano individual. Su círculo social también se vio alterado. Algunas amigas comenzaron a tener miedo de aparecer con ella en público o en fotos. A mis amigas también les comentaban las publicaciones en las redes. Se vio afectado absolutamente todo, explicó. En ciertos momentos, optó por aislarse para no arrastrar a nadie a una situación que consideraba potencialmente peligrosa. El aislamiento fue, en parte, una estrategia de autoprotección. Canceló viajes que tenía programados, dejó de generar contenido en redes algo que estaba empezando a desarrollar con entusiasmo y redujo sus salidas sociales. La joven, que había llegado a Europa hace un año y siete meses para experimentar la vida fuera de Argentina y trabajar en el sector hotelero, empezó a evaluar regresar antes de tiempo. Mi papá me pidió que me volviera. Me dijo que fuera al consulado argentino y que, si no me daban respuesta, regresara. El pedido de ayuda El 22 de enero, un día después de ver el informe televisivo, Micaela se presentó sola en el consulado argentino. No tenía turno. Apenas podía contener el llanto. Me hicieron escribir una carta contando todo lo que me estaba pasando. No sabía si era una carta de despedida o un pedido de auxilio. Me temblaba la mano, no se entendía la letra, recordó. Cuando la jefa consular la recibió, Micaela rompió en llanto. Allí le explicaron los pasos a seguir: buscar un abogado, realizar una denuncia y preservar todas las pruebas del hostigamiento. Antes de acudir a la vía judicial, Micaela intentó comunicarse con el canal ecuatoriano a través de su perfil oficial de Instagram. No obtuvo respuesta. También contactó a periodistas del medio. Uno de ellos la bloqueó. Encima que me expusieron públicamente, me dieron la espalda, se lamentó. La historia dio un giro cuando los periodistas ecuatorianos Anderson Bocán y Mónica Velázquez difundieron su testimonio en redes sociales. El caso tomó alcance internacional. Recién entonces, el canal emitió una rectificación. Sin embargo, Micaela considera que fue insuficiente. Dijeron que Micaela Morales es argentina, pero no quedó claro a cuál de las dos se referían. Yo esperaba que pusieran la misma foto que usaron para exponerme y pidieran disculpas directamente. Desde la cuenta oficial del medio le enviaron el enlace de la rectificación. Pero cuando más necesité que me respondieran, no lo hicieron, recordó. Las posibles acciones legales y el peso de la exposición Días después, la joven presentó una denuncia en Barcelona. Su abogado analiza intentar un acuerdo extrajudicial con el canal para obtener una nueva rectificación y una compensación por el daño moral y económico. Si no es posible, se va a plantear una demanda, señaló. Más allá de lo legal, el impacto en su vida personal y profesional es profundo. Yo soy licenciada en Psicopedagogía, trabajo con niños. ¿Cómo vuelvo a Argentina y le explico a los padres que lo que vieron en portales internacionales fue un error? Es una mancha difícil de borrar, afirmó. El informe que la involucró hablaba de mujeres investigadas que llevan vidas ostentosas que no condicen con sus niveles de ingresos y realizan viajes por el mundo financiados por organizaciones criminales. Micaela, que compartía fotos de sus recorridos por Europa y rutinas diarias, quedó encuadrada en ese relato. Yo trabajo ocho o nueve horas por día. Mis viajes los hice con mucho esfuerzo. Que me digan que están manchados con sangre es algo que no puedo creer, sostuvo. Incluso, Micaela no termina de entender el por qué de la confusión: La otra chica también es rubia, pero está operada, yo no. No veo otro parecido. Sin embargo, la gente escuchaba y veía lo que quería creer. Si bien el acoso disminuyó con el paso de las semanas, aún no desapareció. Para preservar su integridad, Micaela dejó de publicar contenido en redes: No subo historias. No quiero que sepan dónde estoy. Todavía tengo miedo. Una vida en pausa Su plan original era permanecer en Barcelona durante todo el año y luego regresar a Argentina para ejercer nuevamente su profesión. Ahora, esa decisión está atravesada por la incertidumbre. Yo vine a Europa a experimentar por uno o dos años. Y ahora me pregunto cómo vuelvo. Esto fue una noticia internacional. Llegó a Argentina, a España, a Canadá. No puedo creer lo que hicieron conmigo. La experiencia dejó secuelas emocionales profundas: A veces pienso que es de película. No sé cómo hice para sobrevivir todo este tiempo. Mi familia la pasó peor todavía." El caso de Micaela Morales expone los riesgos de la desinformación y la falta de verificación en contextos sensibles. Una homonimia, algunas fotos similares y la ausencia de controles periodísticos bastaron para convertir a una joven profesional en blanco de amenazas internacionales. Hoy, mientras intenta reconstruir su rutina en Barcelona, Micaela busca algo más que una indemnización. Necesito limpiar mi imagen y seguir adelante, concluyó.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por