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» La Nacion
Fecha: 22/02/2026 14:46
A 75 años de La Colmena: censurado por inmoral y pornográfico, se filtró gota a gota y consagró al polémico Nobel Camilo José Cela Prohibido en España, el libro fue publicado en Buenos Aires en el gobierno peronista; la polémica posición de un autor con claroscuros, a mitad de camino entre los dos bandos en pleno régimen franquista - 11 minutos de lectura' No enviéis ejemplares por bultos grandes que puedan llamar la atención en la aduana de Barcelona o Madrid. Es mejor que el libro se filtre gota a gota, en paquetes de uno o dos ejemplares, para que la censura no pueda confiscar una remesa entera. Aunque parezca, este texto no proviene de una novela de espionaje o de algún intrincado conflicto de política internacional. Es parte de la estrategia clandestina que el escritor español, Camilo José Cela, diseñó para la difusión de su libro, La colmena, prohibido por la censura del régimen franquista. Sin embargo, esta carta que Cela le envía a Bonifacio del Carril, director de la editorial Emecé, con fecha del 10 de abril de 1951, es solo el desenlace del largo derrotero que, hace exactamente 75 años, tuvo que seguir la novela, para ser publicada en Argentina y poder circular por las calles de España. La historia es conocida. Durante la guerra civil, Cela formó parte del movimiento nacionalista en su lucha contra las fuerzas revolucionarias republicanas. A los 21 años, en una carta dirigida al Comisario General de Investigación y Vigilancia del régimen, se declara inútil para prestar servicios militares, pero se considera apto para trabajar como confidente de las autoridades policiales: El que suscribe, Camilo José Cela y Trulock, de 21 años de edad, natural de Padrón (...) respetuosamente expone: Que queriendo prestar un servicio a la Patria adecuado a su estado físico, a sus conocimientos y a su buen deseo y voluntad, solicita el ingreso en el Cuerpo de Investigación y Vigilancia. Que habiendo vivido en Madrid sin interrupción durante los últimos 13 años, cree poder prestar datos sobre personas y conductas, que pudieran ser de utilidad. Que el Glorioso Movimiento Nacional se produjo estando el solicitante en Madrid, de donde se pasó con fecha 5 de Octubre de 1937, y que por lo mismo cree conocer la actuación de determinados individuos. Ejercer esta función le hizo ganar el odio de sus colegas y el apoyo del aparato estatal. Pero, hacia 1946, cuando Cela terminó la escritura de su novela, La colmena, tuvo que enfrentarse a una realidad con la que nunca se había puesto a prueba. Ahora la censura se volvía en su contra y su novela era considerada una obra francamente inmoral y a veces resulta pornográfica y en ocasiones irreverente. Este alegato de uno de sus compañeros censores, el padre Andrés de Lucas, ponía el foco en una serie de escenas de alto contenido erótico que, de todas formas, según la mayoría de los especialistas, no hubiera logrado pasar ninguna censura europea de la época. En este punto se vuelve evidente que el problema principal del régimen franquista no radicaba en un tema de moralidad puritana sino en la realidad social decadente que la novela de Cela ponía de manifiesto. Gran enjambre de personajes La colmena se organiza como un mosaico de personajes -30 principales y más de 300 a lo largo de toda la novela- que deambulan y se cruzan en una complicada red de relaciones familiares, sociales y económicas. La ciudad de Madrid que describe Cela es un ambiente hostil donde poca gente logra superar las condiciones de penuria económica y falta de trabajo y solo sobreviven a través de los suministros o el racionamiento que reciben del régimen: La ciudad es un hervidero de gente que se mueve velozmente, como las abejas en una colmena, pero apenas se conocen. En ese espacio deshumanizado la gente vive y se relaciona, pero tiene una existencia bastante vacía., afirmaba Ceferino Puebla Pedrosa en un artículo de 1998, titulado Incertidumbre vital y relativismo ético de La colmena. Por su carácter fragmentario, la estructura de la novela fue comparada con la de Manhattan transfer (1925), de John Dos Passos, donde se muestra a la ciudad de Nueva York a través de una serie de instantáneas que producen una vertiginosa sensación de collage urbano. Sin embargo, el trasfondo social que Cela deja entrever -y que lo vuelve imperdonable a los ojos del régimen franquista- lo acercan más a las búsquedas de la narrativa europea de posguerra, como pueden ser la novela de Vasco Pratolini Crónica de pobres amantes (1947) o las películas del neorrealismo italiano que, a fines de los años 40 y principios de los 50, comienza a mostrar sus primeras armas de la mano de Vittorio de Sica y Roberto Rossellini. Este posicionamiento político, inesperado en un defensor del régimen, ubica a Cela a mitad de camino entre los dos bandos sin lograr conformar a ninguno de ellos. De un lado se lo critica por mostrar la realidad social y, del otro, por no explicitar los motivos políticos de esa decadencia. Pero si había alguien capaz de sentirse cómodo en este fuego cruzado, ese era Cela, personaje controvertido en su época. En un artículo publicado en 1951, el autor le responde a sus censores: Nadie sospecha la cantidad de agua que eché a mi tinta para que ese reflejo y esa sombra no fueran demasiado violentas, excesivamente reales. Y algunos años más tarde, a los que criticaban por su falta de compromiso político, les dedica unas palabras en la edición de La colmena de 1963: No hay más escritor comprometido que aquél que se jura fidelidad a sí mismo, que aquél que se compromete consigo mismo. La fidelidad a los demás, si no coincide, como una moneda con otra moneda, con la violenta y propia fidelidad al dictado de nuestra conciencia, no es mafia de mayor respeto que la disciplina -o los reflejos condicionados- del caballo de circo. Contacto en Buenos Aires Hoy puede resultar sorprendente que una de las novedades más esperadas de Europa haya tenido su debut con un sello argentino. La realidad de los años 50 era diferente. Explica el investigador José Luis De Diego en su libro Editores y políticas editoriales en Argentina (1880-2010) que entre los años 1938 y 1955, se dio lo que él llama la época de oro del mercado editorial argentino. Esto fue posible por una combinación de factores: la parálisis española producida por la guerra civil, el exilio de intelectuales españoles que fundaron editoriales como Losada, Sudamericana y Emecé y un mercado interno consolidado que permitieron que la industria editorial argentina alcanzara un nivel de producción y calidad que la posicionó como líder cultural en el ámbito hispanohablante. Es por eso que, luego de agotar todas las estrategias posibles para saltarse la censura en su país, la novela del autor gallego terminó viendo la luz en Buenos Aires. Según Adolfo Sotelo Vázquez, uno de los mayores especialistas en la obra Cela, el proceso editorial fue rápido, exigió del autor algunas concesiones a la censura y ciertos favores del Ministro de Relaciones Exteriores de la República Argentina, el peronista Hipólito J. Paz. Finalmente, el 22 febrero de 1951, la editorial Emecé saca a la venta La colmena, con una faja que dice: Prohibida su circulación en España. Un texto que, lejos de disuadir su lectura, la convirtió inmediatamente en un objeto de deseo y contrabando. Este tipo de manejo publicitario era uno de los tantos recursos que Cela utilizaba para la difusión y el posicionamiento de su obra. En una carta del 3 de enero de 1947, el autor ya prefiguraba la idea de publicar su libro con una leyenda: [La colmena] Es un libro sobre el que se ha hablado mucho y sobre el que existe cierta expectación porque, como es lógico, ya me he ocupado cumplidamente de que trascendiesen las vicisitudes de la Censura. Podría llevar una faja en la que se leyesen estas dos palabras: «¡POR FIN!» Sesenta años antes de la creación de Twitter, Cela ya había descubierto las virtudes de la provocación y el escándalo a través de los medios de comunicación. En 1971 presentó su discurso de ingreso a la RAE, donde defendió la libertad del lenguaje y el uso de todas las palabras, incluidas las sucias o escatológicas. Esto lo consolidaba como defensor de la lengua del pueblo frente a la élite académica, al tiempo que lo ayudaba a vender copias de su Diccionario secreto publicado unos años antes. En 1994, luego de ser acusado de plagio por Carmen Formoso, en vez de mantener un perfil bajo Cela utilizó su habitual tono desafiante en los medios, lo que mantuvo a la novela acusada en el foco de atención pública durante años. En 1988, en una famosa entrevista con Javier Gurruchaga, Cela afirmó ser capaz de absorber un litro de agua por vía rectal. Esta declaración, generó un revuelo mediático masivo que reforzó su imagen de personaje excéntrico y transgresor justo un año antes de recibir el Nobel. Camilo José Cela compuso un CJC-personaje para consumo público que fue el que adornó en particular sus últimos años de vida pero que apuntaba ya en las primeras entrevistas que acertaron a hacerle apenas comenzada su carrera literaria. Sumemos los trazos: deslenguado, irónico, cruel, ajeno a cualquier pasión, cerebral, chulesco... ¿Me dejo alguna virtud en el tintero?, afirma Camilo José Cela Conde, su hijo, en su texto Cela, mi padre. Un Nobel incómodo Con antecedentes como estos, la concesión del premio más importante de la literatura universal a una figura como Camilo José Cela solo podía generar controversia. El 19 de octubre de 1989 se hace el anuncio oficial de la Academia Sueca y, desde ese momento, comienza una batalla campal entre detractores y fanáticos. Ese mismo día, el autor de La colmena tenía previsto asistir a un programa de televisión conducido por Jesús Hermida y el anuncio no cambió sus planes. Durante la entrevista, entre otras frases características de su estilo irónico y arrogante, Celá declaró: A mí no me ha sorprendido el Nobel, yo ya sabía que era un genio. Según Francisco Umbral, discípulo de Cela y posterior rival en la arena de las contiendas públicas, esta intervención en el programa de Jesús Hermida marcó el inicio del espectáculo mediático que terminó devorando al escritor. En su libro Cela: un cadáver exquisito, Umbral sostiene que el autor utilizó mal el Nobel porque, en lugar de usar el prestigio del premio para elevar su literatura o retirarse en la cima de su arte, lo usó para convertirse en un personaje de la prensa del corazón: Camilo ha utilizado el Nobel para hacerse rico en las exclusivas y para ser el bufón de la corte mediática. Otros críticos, como el escritor Juan Benet, consideraron que el premio fue fruto de un asedio diplomático y de una estrategia de marketing personal más que el resultado de méritos literarios. Benet llegó a decir que concederle el Nobel a Cela era un error histórico debido a que premiaba un estilo que él consideraba rancio y pasado de moda. A partir de este posicionamiento de Benet, se consolidan dos bandos irreconciliables en España: los celistas que veían al autor de La colmena como el guardián de la esencia del idioma y al último gran prosista clásico y los benetistas, que consideraban a su rival como el arquitecto de una nueva narrativa que conectaba a España con las vanguardias internacionales. Pese a todo esto, y a casi 25 años de su muerte, la obra de Camilo José Cela sigue despertando fascinación. En 2016, luego de ser hallado un manuscrito original que se encontraba en manos del hispanista francés Noël Salomon, se publicó una edición conmemorativa de La colmena con los fragmentos eliminados por la censura franquista. El libro fue un éxito de ventas y logró consolidarse como la edición de referencia que hoy puede encontrarse en cualquier librería. Esto es una clara prueba de la vitalidad del autor, una figura polémica y genial por igual. Otras noticias de Arte y Cultura Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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