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» Clarin
Fecha: 22/02/2026 13:40
¿Qué hacer para sorprender a mi nieto que está creciendo rodeado de juguetes comprados de los más diversos y variados? Rememorando mi infancia, a la cual me lleva él con sólo verlo, decidí hacerle un barrilete. Afloraron en mi mente recuerdos inolvidables: las cañas de algún vecino, papel de diario, hilo de alguna carpeta vieja tejida por la abuela con hilo macramé y como pegamento engrudo de harina y agua. Se remontaba por la calle, las casas eran bajas. Reminiscencias que llevan a pensar en el barrilete para Octavio, quien es chico todavía, cerca de los 2 años, pero mis tiempos son otros. Consideré deslumbrarlo con algo hecho por mí. Conseguí las cañas indicadas que no alcanzaron, por eso lo hice hexagonal y de color verde. Una de las primeras palabras pronunciadas por Oti referidas al color. No se le escapaba nada de este color repitiendo con énfasis e vede, y por ello elegí este color. Compré el papel, el hilo y el pegamento en una librería y decidí volver a mi infancia, en la cual había que ingeniárselas con lo poco que teníamos. Hoy es diferente. Podríamos comprar cualquier barrilete hecho en China que los hay muy lindos. No me parece igual. Trataré de hacerlo y lo hice con paciencia y sorpresa de mi parte de que conservo bastante manualidad que fuera parte del trabajo con mi profesión de cirujano. Con letras de color amarillo escribí OTI y OPA. Cuando lo vio por primera vez no le dio mayor importancia, pero aprendió a decir barrilete del OPA (abuelo en alemán). Estábamos de vacaciones en Pinamar. El tiempo feo, lluvia, vientos intensos, frío. No obstante ni bien paró, salimos a la playa a probar el prototipo. Con dificultad el viento impedía sacarlo del baúl, difícil sujetarlo sin que se rompa. Al fin lo sacamos ileso. La playa desolada el viento intenso. Oti expectante, feliz. La playa y el viento le agradan, lo alegran. Al fin lo soltamos, rápidamente se elevó y allá fue arqueado por el viento rogando que no se rompa. Parecía una botella. Oti a mi lado teniendo conmigo el hilo y diciendo e vede el barrilete. Con dificultad lo bajamos, si no se lo llevaba el viento hacia el mar. Tiraba demasiado y al fin aterrizó con varias heridas en el papel. Al día siguiente volví a la librería por más papel para repararlo. La empleada, quien me reconoció, me preguntó cómo nos fue. Le conté las vicisitudes y la emoción del nieto por lo que le hice. Le comenta a un señor que estaba a mi lado que yo, con 87 años, le hice un barrilete a mi nieto. Dirigiéndose a mi me dijo: Yo le compré un autito con control remoto. Me la dejó picando. Yo también puedo comprarlo, pero me parece mejor enseñarles a crear y crecer valorando lo simple y no en el consumismo donde sólo hace falta dinero y no imaginación. Con varios parches y nuevas ataduras volvimos a la playa. Después de la lluvia y con intenso viento nos estaba esperando Oti contento. Único barrilete en el cielo llamando la atención de unos pocos. Se me acercó una señora a preguntar qué significan las letras OTI (sobrenombre de Octavio, mi nieto) y OPA (abuelo en alemán). Con una sonrisa se alejó oteando el barrilete, el cual de pronto se inclinó, comenzó a caer de costado y con dificultad y suerte lo recuperamos. Se había soltado uno de los tiros de la cola, por eso la inestabilidad. Nuevamente atadura, agregado de un trozo más de cola para compensar y arriba con fuerte viento. A esta altura ya soy experto en aerodinamia. Nos aguardaba una gran sorpresa. Nos acompañó un arco iris impresionante, rodeando al barrilete con un marco excepcional. Nos estaba esperando. El arco iris parece acompañar los más cálidos acontecimientos de mi vida. En esa zona, con ese cielo paradisíaco y el arco iris, me asaltó un loco y súbito deseo de colgarme de él y chau. ¡Qué esperar! El cielo nos prestó esta emoción inimaginable, profunda hasta el llanto. Que felicidad imborrable. Recuerdo el barrilete ondeando en el cielo, el arco iris detrás. Oti contento, a mi lado Karina sacando fotos para atestiguar este relato. A nuestro regreso quedó el prototipo colgado de la pared de nuestra casa de la playa. Un amigo que lo vio dijo: ¿Cuántos parches?, y sí es un sobreviviente. Jorge Iza / MÉDICO CIRUJANO GENERAL DEL HOSPITAL PIROVANO / jorgeiza1932@gmail.com EL COMENTARIO DEL EDITOR Por César Dossi Ese lazo de calidez familiar En el 1752, Benjamín Franklin , remontó un barrilete un día de tormenta, atrajo la carga eléctrica de las nubes y la electricidad recorrió el hilo que estaba unido en la tierra a un recipiente especial llamado botella de Leyde, el recipiente se cargó con la electricidad de las nubes y entonces se pudo comprobar que los rayos son descargas eléctricas. Así inventó el pararrayos. Hubo gente que intento volar en barriletes, ¡y lo logró! También, las primeras fotografías aéreas de la historia se tomaron desde un barrilete a fines del siglo pasado. Se elevó una cámara fotográfica en un barrilete a más de 200 metros de altura y se obtuvieron imágenes de una ciudad francesa. En la misma época la mayoría de las estaciones meteorológicas se valían de cometas a más de 6 kilómetros de altura. Hay varias historias del origen del barrilete. Una cuenta que fue inspirado por el vuelo errante del sombrero de bambú de un campesino, arrancado por un fuerte viento, o por la vela de un navío que abandonó el mástil para subir al cielo. Otra historia asegura que nació con cometa con forma de pájaro construido por el filósofo Mo Ti. Lo cierto es que los chinos también lo utilizaban como elemento de meditación y como método de pesca. Un significado espiritual del barrilete cuenta que representa la tradición de hilos de vida, un lazo de calidez familiar y recuerdo, uniendo el arte con el misticismo. Hoy niños y adultos siguen fabricando y remontando por pura diversión, como lo hizo Jorge, valiéndose de sus dotes en sus manos hábiles de cirujano, para darle a su nieto una de las mejores sorpresas de su vida. ¿Y usted, estimado lector y lectora, con qué se divertía cuando era niño? Newsletter Clarín
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