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  • En Uruguay, dos reconocidos arquitectos ensayan una vida más pausada, entre el bosque y el mar

    » La Nacion

    Fecha: 22/02/2026 08:23

    En este lugar, Claudio Ferrari y Nadia Franco tenían un refugio de fin de semana, que con el tiempo evolucionó a residencia permanente - 2 minutos de lectura' Cuando mi familia vino de Italia, se instaló entre Montevideo y Buenos Aires. Así nació la posibilidad de vivir en Argentina con un pie del otro lado del río, dice el arquitecto Claudio Ferrari, exdecano de Arquitectura de la Universidad Nacional de San Martín, titular de una cátedra en la UBA y además conferencista en varias instituciones de América y Europa. Pasaron años de trabajo e idas y vueltas entre países hasta que Ferrari y su mujer, la arquitecta Nadia Franco, decidieran, en 2019, dejar su residencia en San Telmo y aventurarse a seguir sus obras desde un bosque del departamento uruguayo de Rocha, conectados con la naturaleza y con tiempos más humanos. El proyecto tuvo su precuela: una pequeña casa cercana a esta, que nació como mero refugio de verano y se volvió imprescindible durante todo el año, aún sin ellos: Amigos y conocidos nos la pedían prestada para venir a disfrutar del silencio de la zona. Eso nos hizo entender que necesitábamos otro lugar, íntimo, propio y cotidiano, para instalarnos de manera permanente. En otro terreno, construimos un primer bloque en madera a modo de laboratorio y, una vez instalados allí, avanzamos con los otros espacios, cuentan, antes de repasar la pericia que les dio trabajar in situ: una experiencia de exploración tanto material y constructiva como sensible. Construimos la casa viviendo en el actual taller, en pleno contacto con el entorno. Cada amanecer, cada ráfaga de viento, cada cambio de luz nos hizo repensar decisiones que venían atadas al manual arquitectónico urbano. Arqs. Claudio Ferrari y Nadia Franco, dueños de casa Nadia le dio a la casa su identidad más íntima. Nacida en Bolivia, su herencia andina aparece en tejidos y objetos. Y también, claro, están sus pinturas: ventanas emocionales inspiradas en los horizontes que nos rodean, dice Claudio con admiración. El color elegido para el microcemento y la irregularidad de la veta disimulan la arena en este contexto de viento constante. Una premisa que se mantuvo firme fue trabajar con lo que la zona ofrecía. Más de la mitad de la producción económica local gira en torno a aserraderos y carpinterías, así que aprovechamos el recurso y usamos pino para la estructura y eucalipto para los cerramientos y mobiliario fijo. Resguardo productivo El aislamiento, inesperadamente, se volvió una ventaja: trabajar aquí, en silencio y con el mar a unos pasos, nos ofrece un grado de concentración y claridad que nos resultaba imposible en la ciudad. Para reforzar el concepto material que atraviesa toda la casa, la mayor parte del equipamiento móvil es de madera. La galería principal Al pensar en esta casa, vuelvo al filósofo estadounidense Henry David Thoreau y a su frase en Walden: Fui al bosque porque quería vivir deliberadamente. Algo de eso hicimos aquí: construir un lugar donde arquitectura, arte y vida diaria se entrelazan con la naturaleza hasta volverse inseparables. Por más que parezca idílico, hemos confirmado que es muy difícil vivir frente al mar fuera de temporada: se siente como estar todo el día arriba de un barco. Por eso, aunque la playa está a 500 metros, elegimos el resguardo de los árboles. También responde a la zona, más vinculada a lo rural que al turismo. Casa-taller Este espacio fue testigo de infinidad de pruebas y errores. Tomamos la exploración con la madera como un ensayo pedagógico, para nutrir tanto nuestro conocimiento como el de los trabajadores locales, a quienes incentivamos para que materialicen ideas que nunca habían ejecutado, como las estructuras en doble altura, que desafían los límites de las escuadrías y los largos de vigas y tablas convencionales. Ahora, el taller donde solíamos vivir es donde Nadia pinta y hace cerámica. Paso más de la mitad del día aquí. Es lindo y sorprendente poder ensamblar nuestras actividades dentro de la casa. Más recursos locales A la pared oscura la hicimos con mampostería revocada con tierra del lugar, que le dio gran inercia térmica para calefaccionar los interiores y, también, para aprovechar la galería en invierno: sentarte afuera, cerca del calor de ese muro, es muy agradable. Pileta de agua salada Sacando provecho de la mejor orientación, la pileta se extiende como una ría angosta entre canteros de vegetación nativa y su fuga permite mensurar la inmensidad del terreno, que tiene 5.000m2.

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