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Fecha: 22/02/2026 06:00
La figura de Tyra Banks volvió a estar en centro de la escena con una producción de Netflix que no celebra su irrupción en el mundo de la moda de los años 90 y desafió a una industria aferrada a un único canon de belleza, convirtiéndose en un ícono global y referencia para las mujeres afroamericanas de la época. En un desesperado intento por borrar una mancha indeleble en su exitosa carrera, ella misma desciende del pedestal y se expone al terreno más incómodo: expone su mea culpa sobre lo que ocurrió en el detrás de cámara del reality que creó y dirigió por casi dos décadas, Americas Next Top Model Leé también: Moda, cuerpos y miedo: The Beauty, la serie que pregunta hasta dónde llegarías por ser bello Reality Check: Inside Americas Next Top Model reabrió viejas heridas. Aunque el programa fue un éxito global en los años 2000, los testimonios de exconcursantes y del material reexaminado, evidenciaron prácticas calificadas como tóxicas e inhumanas, que en su momento se presentaron como parte de la exigencia formativa del show. En esta docuserie, la empresaria y conductora ensaya una autocrítica, pero también atribuye parte de las decisiones creativas a las demandas de la audiencia y a los estándares de la industria. Su acto de expiación no alcanza para silenciar a quienes hoy toman distancia, como sus excolaboradores Jay Manuel, J. Alexander y Nigel Barker. Tampoco consuela a varias exparticipantes que desde sus relatos expusieron ser víctimas de abusos, racismo, maltrato psicológico y body-shaming, entre otras graves acusaciones. Para sus detractores, los argumentos de la protagonista diluye su responsabilidad como creadora y productora del formato, que en su afán por sostener un imperio millonario y altos niveles de rating, impulsó dinámicas extremas para jóvenes incautas que soñaban con oportunidades dentro del mundo de la moda. Los casos más controversiales expuestos en la docuserie sobre Americas Next Top Model Shandi Sullivan (Temporada 2) Su historia es hoy considerada uno de los capítulos más oscuros del formato: contó que en un viaje a Milán en 2004, mantuvo un encuentro íntimo con un modelo mientras estaba en un estado de embriaguez, por lo que no dio consentimiento. Denunció que la producción no la protegió y se editó el incidente como una infidelidad para generar impacto. Denunció que la producción aprovechó su fragilidad emocional para forzar una confesión televisada a su novio, cuando según afirma, no había sido una infidelidad, sino un episodio en el que no dio consentimiento. Lo peor ocurrió cuando fue eliminada del reality: enfrentó un fuerte linchamiento público y pese al intento de perdón, la pareja se desmoronó. Keenyah Hill (Temporada 4) Relató que sufrió acoso sexual por parte de un modelo durante una sesión en Sudáfrica y que, al manifestar su incomodidad, recibió como respuesta que debía utilizar sus encantos femeninos para manejar la situación, una reacción que, según su testimonio, minimizó y desestimó la gravedad de lo ocurrido. Adrianne Curry (Ganadora temporada 1) Se convirtió en una de las voces más críticas al denunciar que las concursantes se morían de hambre a diario y que eran sometidas a un desgaste extremo para potenciar el drama televisivo. Además, ella cuestionó que ni la conducción ni la producción cumplieron con los premios prometidos tras su victoria. Las sesiones de fotos más degradantes a lo largo de las 24 temporadas de Americas Next Top Model En los ciclos 4 y 13 de Americas Next Top Model, el programa realizó sesiones en las que las concursantes fueron maquilladas para parecer de otras etnias, una práctica que en su momento fue defendida por Tyra Banks como un homenaje a la diversidad, pero que hoy es ampliamente cuestionada por reproducir estereotipos raciales bajo una estética glamorosa. El ciclo 8 también quedó bajo la lupa por la llamada glorificación de la violencia, cuando las modelos debieron posar como víctimas de crímenes. El caso más sensible fue el de Dionne Walters, quien fue obligada a representar a una mujer herida de bala, pese a que la producción sabía que su madre había quedado paralítica tras un hecho similar. En el desarrollo de esta serie, se concluyó que las fobias y traumas personales de las modelos eran usados como grandes ideas editoriales: por ejemplo, Kahlen Rondot posó dentro de un ataúd en un cementerio apenas un día después de la muerte de una amiga. Otras jóvenes sortearon sesiones con plagas como arañas o cucarachas y situaciones límites como una toma subacuática en la que algunas padecieron hipotermia sin presencia médica en el set. A ello se suman otros desafíos en condiciones insalubres, como la producción en un matadero donde las participantes vistieron prendas hechas con carne cruda y algunas sufrieron infecciones o desmayos que la edición atribuyó a falta de compromiso. El peor secreto que Tyra Banks sacó a la luz en su disculpa televisada A lo largo del documental, Tyra Banks sostiene que su apuesta por mostrar la belleza americana real abrió el camino para que hoy influencers y figuras de realities encuentren oportunidades laborales. Su intención, afirma, era desafiar los cánones tradicionales de la moda. Sin embargo, esa postura convivía con una defensa explícita de las reglas del sistema. La contradicción se profundiza al recordar que, cuando se retiró de las pasarelas y ganó peso, Banks fue blanco de críticas y respondió con mensajes de autoaceptación en distintos programas de televisión. No obstante, en su propio show persistían dinámicas de presión sobre el cuerpo y la imagen. En la serie, varias exmodelos sostienen que, mientras para la conductora todo era una cuestión de rating, para ellas se trataba de supervivencia. Muchas provenían de contextos familiares complejos, situaciones económicas precarias y veían en el show una oportunidad real de ayudar a sus seres queridos o cambiar su destino. Sin embargo, hacia el final del documental, Banks admite que el reality no garantizaba ese salto profesional y reconoce que las agencias solían descartar a las participantes por el estigma que pesaba sobre las figuras de televisión. Cuando una exconcursante la enfrentó 15 años después de su participación por este tema, la respuesta de la presentadora fue escueta y distante: No te correspondí lo suficiente. Aun así, el formato se mantuvo durante 24 temporadas. En el cierre del documental, Tyra sostiene que hoy puede aprender de su propia ceguera frente a prácticas que antes se consideraban normales y ahora se leen como abuso. Presenta el escándalo como una lección pública y un signo de evolución personal. Sin embargo, voces críticas, incluida la del medio The New York Times, advierten que su retórica parcial que traslada responsabilidades al contexto o a terceros no alcanza para cerrar una herida que, para muchas exconcursantes, sigue abierta.
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