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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 22/02/2026 00:07
Un adolescente llora al escuchar por primera vez Bohemian Rhapsody en vivo. Una mujer se estremece frente a La noche estrellada de Van Gogh. Un hombre siente la piel de gallina mientras recita en voz baja unos versos de Borges en el subte. Escenas como estas ocurren a diario y parecen misteriosas: ¿por qué ciertas obras provocan una reacción física tan intensa? Ahora, un grupo de científicos reveló que la predisposición a sentir escalofríos ante el arte está escrita en el ADN. Según un estudio liderado por el Instituto Max Planck para la Psicolingüística (MPI), publicado en la revista PLOS Genetics, cerca de un tercio de la variación en la sensibilidad emocional ante la música, la literatura y el arte visual tiene origen genético. El telltale tingle y su herencia familiar El fenómeno, conocido como escalofríos estéticos, ha intrigado a figuras históricas y actuales. Charles Darwin relató que una vez sintió un placer tan intenso que la columna vertebral le tembló al escuchar un himno en la capilla del Kings College. Décadas después, el escritor Vladimir Nabokov definió esa sensación como el cosquilleo esencial para comprender la genialidad literaria. Ambos ejemplos ilustran una reacción emocional que no todos experimentan de la misma manera. La investigación del MPI analizó a más de 15.500 personas en los Países Bajos que compartían información genética y datos sobre sus respuestas emocionales frente a diferentes formas de arte. Los resultados muestran que alrededor del 30% de la propensión a tener escalofríos estéticos se relaciona con factores familiares, y una cuarta parte de esa influencia proviene de variantes genéticas específicas. La investigación destacó que algunos genes actúan de manera general, aumentando la sensibilidad hacia todas las formas artísticas, mientras que otros influyen solo en reacciones a medios particulares, como la música, la poesía o las artes visuales. Esta diferencia sugiere que los mecanismos biológicos que producen esas respuestas pueden variar según el tipo de estímulo artístico. Según el equipo encabezado por Giacomo Bignardi: Estos hallazgos sugieren que la genética puede ofrecer una vía adicional para entender por qué las personas pueden experimentar de modo tan diferente el mismo mundo sensorial. El estudio también encontró que los rasgos de personalidad, en particular la apertura a la experiencia, suelen estar asociados a una mayor susceptibilidad a los escalofríos artísticos. La tendencia a conmoverse profundamente con el arte no indica mayor inteligencia, sino una mayor sensibilidad emocional, explicó el grupo de científicos. Aunque el estudio del MPI subraya la importancia de la herencia genética, los investigadores advierten que el entorno y el contexto social siguen siendo determinantes. Aún falta mucho por dilucidar sobre la interacción entre la base genética de estas experiencias y la exposición cultural o las dinámicas sociales, señaló el líder del estudio. El trabajo con la cohorte Lifelines, una base de datos multigeneracional del norte de los Países Bajos, permitió a los científicos aislar la influencia genética de otros factores familiares. Así, pudieron diferenciar entre la transmisión de genes y la influencia del ambiente hogareño, como la costumbre de escuchar música, leer o visitar museos en familia. ¿Por qué algunos tienen más cosquillas emocionales que otros? La investigación reveló que los genes relacionados con la sensibilidad artística también se vinculan con un mayor compromiso general con las actividades culturales. El equipo identificó una correlación genética moderada entre la predisposición a escalofríos por arte visual y por música, lo que indica que hay variaciones compartidas que afectan la forma en que el cerebro responde a estímulos artísticos diversos. Algunos genes te hacen generalmente artístico, mientras que otros efectos genéticos son específicos del medio, detalló el estudio. Así, una persona puede tener una fuerte reacción ante la poesía, pero no experimentar lo mismo con una pintura o una melodía. El hallazgo de que la respuesta física ante el arte tiene una raíz biológica comprobable abre nuevas oportunidades para el estudio de la experiencia estética en humanos. Los investigadores del Instituto Max Planck para la Psicolingüística consideran que este es solo el primer paso para desentrañar la compleja interacción entre genética, personalidad y entorno en la apreciación artística. Demostrar que la genética incide en la propensión a los escalofríos por el arte, la poesía y la música abre la puerta a futuras investigaciones sobre los fundamentos biológicos de la experiencia emocional, así como a comprender por qué el arte impacta a algunas personas de forma tan profunda.
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