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Parana » Analisis Litoral
Fecha: 21/02/2026 23:28
El debate público argentino atraviesa una tensión que no es nueva, pero que hoy se expresa con una crudeza particular: el uso de la estadística como arma política antes que como herramienta para comprender la realidad. En ese cruce se inscribe el informe titulado El mapa del trabajo que se destruye, que pone el foco en cierres de comercios, desempleo y crisis productiva en Entre Ríos, en el contexto de las políticas impulsadas por el presidente Javier Milei y acompañadas a nivel provincial por el gobernador Rogelio Frigerio. La pregunta de fondo no es si los datos son incómodos lo son, sino qué hacemos con ellos: ¿los utilizamos para comprender causas y proyectar soluciones, o para reforzar posiciones previas? Allí es donde el periodismo, incluidos quienes escribimos y analizamos desde medios regionales, debe mirarse al espejo. El dato como recorte: lo que muestran y lo que no las estadísticas El informe describe un escenario preocupante: comercios que bajan persianas en el microcentro de Paraná, deterioro del empleo en el Gran Paraná y en Concordia, y un entramado pyme golpeado. Pero también reconoce un límite estructural: la medición oficial se apoya en la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadística y Censos, que cubre solo dos aglomerados urbanos y deja fuera buena parte del territorio entrerriano. Ese punto es clave: toda estadística es un recorte. No invalida el diagnóstico, pero sí obliga a leerlo con prudencia. Cuando el dato se presenta como verdad absoluta, sin explicar su alcance metodológico, deja de ser información y pasa a ser munición discursiva. El riesgo es doble. Por un lado, minimizar señales de deterioro real bajo el argumento de que no están bien medidos. Por otro, amplificar cada cifra como prueba concluyente de un fracaso total. En ambos casos, el lector queda atrapado entre extremos. Crisis real, lectura interesada Sería ingenuo negar que existe tensión económica. La recesión, el ajuste del gasto público y la caída del consumo impactan primero en el comercio y en el empleo informal, que son el termómetro más sensible de cualquier economía regional. Las persianas bajas son un hecho visible, más allá de cualquier discusión técnica. Pero también es cierto que la Argentina arrastra problemas estructurales que no nacieron con esta administración. El propio sindicalismo representado en el informe por voces como la de Daniel Ruberto reconoce que el deterioro laboral viene de largo. Esa admisión introduce un matiz necesario: el presente es crítico, pero forma parte de una trayectoria más extensa de estancamiento productivo. Cuando el análisis se concentra exclusivamente en adjudicar responsabilidades coyunturales, corre el riesgo de simplificar un fenómeno complejo. Y cuando se niega el impacto de las políticas actuales, también. El rol del periodismo: entre la denuncia y la comprensión Aquí aparece el núcleo de la reflexión: el periodismo no puede limitarse a amplificar datos que confirman su inclinación política sea oficialista u opositora. Tampoco puede refugiarse en una falsa neutralidad que ignore el sufrimiento económico concreto. El desafío es doble: contextualizar, explicando de dónde vienen los problemas y qué parte corresponde a decisiones recientes y qué parte a inercias históricas; y traducir, haciendo legible la estadística para un público que no está obligado a interpretar metodologías ni segundas líneas. Cuando el periodismo se transforma en trinchera, el dato deja de iluminar y pasa a confundir. Y en una sociedad fatigada por crisis recurrentes, la confusión es una forma de daño. Reforma laboral y futuro: el debate que recién empieza El trasfondo del informe es la discusión sobre reformas estructurales que el gobierno nacional impulsa como vía para reactivar la economía. Sus defensores sostienen que flexibilizar costos laborales incentivará la formalización; sus críticos advierten sobre mayor precarización. Más allá de las posiciones, la pregunta relevante es empírica: ¿puede una economía regional con consumo deprimido generar empleo solo a partir de cambios normativos? ¿O se necesita una estrategia productiva más amplia? El riesgo del debate actual es que quede reducido a consignas destrucción versus modernización sin evaluar resultados concretos en el tiempo. Una autocrítica necesaria El texto que dio origen a esta reflexión apunta a algo incómodo pero saludable: reconocer que los medios todos operan desde marcos ideológicos, incluso cuando no lo declaran. Asumirlo no debilita al periodismo; lo vuelve más honesto. La tarea no es desterrar la opinión, sino separar claramente información, interpretación y posicionamiento. El lector merece saber cuándo se le presenta un dato, cuándo un análisis y cuándo una postura. Pensar más allá del titular Entre Ríos enfrenta un escenario económico complejo. Negarlo sería irresponsable; exagerarlo sin contexto, también. La estadística debe ser punto de partida para pensar soluciones, no el final de una discusión cerrada de antemano. Si el debate público se reduce a usar números como proyectiles, el resultado no será más empleo ni mejor política económica, sino más polarización y menos comprensión. Y en ese terreno, el periodismo tiene tanto poder de daño como de construcción. La pregunta que queda abierta no es quién gana la discusión narrativa, sino si somos capaces medios, dirigentes y ciudadanos de convertir los datos en herramientas para entender y transformar la realidad, en lugar de usarlos para confirmar lo que ya queríamos creer. Los números del empleo pueden iluminar o convertirse en armas políticas. Entre crisis real, recortes estadísticos y debate por reformas, el desafío es informar con contexto y no desde trincheras. El periodismo también debe hacer autocrítica. #EntreRíos #Economía #Empleo #Periodismo #Datos #DebatePúblico Por Alejandro Monzon
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