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  • Entre vapores e inmigrantes: Cuando el corazón de Gualeguaychú estaba en su puerto

    Gualeguaychu » El Dia

    Fecha: 21/02/2026 20:31

    Durante más de un siglo, el puerto fue el centro económico y social de la ciudad: por allí entraban y salían pasajeros, mercaderías del resto del mundo e inmigrantes que llegaban a hacer la América. El vínculo histórico de nuestro pueblo con el río y los avatares de los siglos XIX y XX redefinieron el escenario con el que nos encontramos hoy. Desde hace ya varias décadas, el Puerto de Gualeguaychú es entendido y habitado como un lugar de paseo y recreación; una continuidad de la turística Costanera. Este rol se consolidó a raíz de las plazas y espacios verdes cercanos, su hermosa vista al río, la puesta en valor de su infraestructura histórica y -sobre todo- por el uso que se le ha dado a los Galpones del Puerto para desarrollar las más diversas actividades culturales y deportivas: desde la realización de torneos, eventos y ferias hasta la construcción de las carrozas estudiantiles. Sin embargo, durante gran parte de la historia de la ciudad, el puerto no cumplió ninguna de estas funciones, pero sí otras que resultaron fundamentales para la transformación de Gualeguaychú en un enclave comercial, integrado al modelo agroexportador nacional y protagonista del desarrollo económico regional. Los primeros antecedentes portuarios datan de comienzos del siglo XIX. En 1808 ya existía un embarcadero muy precario conocido como Puerto de Petisco. Pero los registros formales del puerto se remontan a 1821, cuando se organizó formalmente su administración bajo la figura del Cabo de Rentas, un funcionario que concentraba las tareas de control, seguridad y cobro de aranceles. Desde la fundación de las distintas villas entrerrianas y hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX, la ausencia de caminos convirtió al río en la única vía segura de comunicación. En un territorio surcado por arroyos y cursos de agua, el caballo era prácticamente el único medio de transporte terrestre en su interior, mientras que las carretas tiradas por bueyes resultaban lentas y costosas. A modo de ejemplo, basta decir que recién en 1858 comenzó a funcionar la primera diligencia entre Gualeguaychú y Concepción del Uruguay. Por otra parte, hasta la construcción de los puentes en el último tercio del siglo XX, la vía fluvial era la única alternativa para salir de la provincia. En ese contexto, el puerto se convirtió en el eje del abastecimiento y la economía local. Casi todos los productos llegaban en barco desde Buenos Aires, Montevideo o directamente de Europa. La industria local era prácticamente inexistente, con excepción de los saladeros, que producían carne vacuna, grasa, velas de sebo y derivados. Los registros de la época muestran un movimiento portuario modesto pero constante: embarcaciones que traían sal, azúcar, ginebra, tabaco, madera, arroz, baldosas, muebles, instrumentos musicales y artículos de imprenta, entre muchos otros productos. La mayoría regresaba con leña, cueros, lana o productos saladeriles. El nivel de vida de la población era austero, como lo reflejan testamentos y crónicas de la época. El verdadero punto de inflexión llegó a partir de 1851 y 1852, cuando Justo José de Urquiza elevó a Gualeguaychú al rango de ciudad y proclamó la libre navegación de los ríos tras su triunfo en la batalla de Caseros. La Ley de Aduanas de 1835, dictada por Juan Manuel de Rosas, perjudicaba a los puertos del interior al obligar a que las mercaderías ingresaran por Buenos Aires. Al romperse el monopolio portuario, Gualeguaychú se convirtió en un activo puerto de cabotaje, que dio inicio a una etapa de prosperidad. Las más leídas A su vez, en 1857, la Ley de Derechos Diferenciales favoreció aún más el ingreso directo de buques a los puertos del interior. Hacia 1858 podían encontrarse hasta quince barcos extranjeros simultáneamente en el puerto, incluso antes de que existiera el muelle de piedra, construido en 1863. Con la apertura fluvial comenzó también la llegada masiva de inmigrantes europeos -vascos, italianos y franceses, entre otros- quienes dinamizaron la economía con nuevas industrias, técnicas agrícolas y oficios. El comercio creció, surgieron agencias navieras, fondas, hoteles, astilleros y almacenes navales en torno a la zona portuaria, que se convirtió en el centro comercial más activo de la ciudad. Es así que hacia fines de la década de 1860 aparecieron las primeras actividades bancarias para acompañar el crecimiento del mercado interno. Tiempo después, en 1878, se crearía un Asilo de Inmigrantes en la zona de la actual Plaza Almeida (ex Plaza Colón), sostenido en gran parte por la solidaridad vecinal. Un dato digno de mencionar es que poco antes de toda esta transformación, hacia 1850, se construyó la Capitanía del Puerto, también conocida como Casilla del Resguardo: un pequeño edificio octogonal ubicado frente a la Plaza Almeida que sigue en pie al día de hoy y constituye la edificación más antigua que se conserva en el Puerto de Gualeguaychú. En ese momento, las funciones portuarias de control de mercaderías, seguridad y cobro de aranceles estaban concentradas en una misma autoridad. El edificio cumplía precisamente ese rol: desde allí se supervisaba el ingreso y egreso de embarcaciones, se registraban cargas y se garantizaba el cumplimiento de las disposiciones aduaneras. El resto de la infraestructura portuaria fue mejorando progresivamente: en 1863 se construyó el muelle de piedra; en 1889, con la llegada del ferrocarril a la ciudad y su conexión directa con puerto, el transporte de mercaderías se modernizó e integró; en 1894, en tanto, comenzó la construcción del Muelle Nacional de madera; y en 1904 se concretaron finalmente el dragado y la canalización del río, obras largamente reclamadas para evitar varaduras en la desembocadura. El crecimiento exponencial fue tal que en 1914 el puerto superó las 600 embarcaciones despachadas. Salían vapores en línea regular con destino a Concordia-Carmelo-Montevideo-Buenos Aires y cargas que salían directamente a Cuba, EE.UU. y Europa. Luego, hacia 1916, comenzó a operar la emblemática grúa a vapor, esencial para descargar materiales pesados. Algunos años más tarde se ejecutaron otras dos obras claves, vinculadas al río y el puerto: la inauguración del puente en 1931, que permitió integrar definitivamente el Parque Unzué a la vida urbana, y la obra de la Costanera en 1935. Por otro lado, hasta mediados del siglo XX existían los barcos a vapor para el transporte de pasajeros. De todos los que surcaron el río Gualeguaychú, sin dudas el más emblemático fue el Vapor Luna. Construido en 1889 y adquirido por el empresario Nicolás Mihanovich hacia fines del siglo XIX, comenzó como vapor a caldera y en 1933 fue transformado en motonave, es decir, con un motor de combustión interna. Tenía unos 40 metros de eslora, cuatro camarotes, salón comedor y una amplia toldilla. El Luna realizaba viajes nocturnos a Buenos Aires, lo que resultaba muy conveniente: partía alrededor de las 21 horas y llegaba temprano a destino, permitiendo aprovechar el día completo. Esta modalidad fue clave en su éxito. La partida del Luna era un verdadero acontecimiento social, ya que, aunque muchos no viajaran, iban al puerto para ver la salida. El movimiento de pasajeros, changarines, equipajes, despedidas y la sirena marcando la zarpada formaban parte de la fiesta del puerto. Fue el último gran vapor de pasajeros que hegemonizó el transporte fluvial en las décadas de 1940 y principios de 1950. El declive de la actividad portuaria comenzó progresivamente después, en las décadas de 1960 y 1970, cuando las comunicaciones terrestres desplazaron al transporte fluvial, un proceso que se vio acentuado por la construcción de grandes complejos viales como el túnel subfluvial Paraná-Santa Fe y el puente Puerto UnzuéFray Bentos. En los años 80 el puerto dejó de operar y el área fue ocupada por areneras, que posteriormente fueron trasladadas. Finalmente, a partir de 1997, se impulsó la reconversión del espacio como atractivo turístico, y es así que hoy el Paseo del Puerto forma parte del nuevo perfil económico de la ciudad, orientado al turismo.

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