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  • Carta pastoral del obispo de la Diócesis de Concordia - Noticias - Elentrerios.com

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    Fecha: 21/02/2026 18:26

    A continuación, el texto difundido por la Diócesis de Concordia: Generar procesos de encuentro, propiciar la escucha, valorar a cada hermano para ser una Iglesia viva, sanadora, en comunión y participación 1. Queridos hermanos: al comenzar el tiempo de Cuaresma deseo llegar a Uds. para saludarlos e invitarlos a vivir intensamente este tiempo de gracia. Ciertamente, la Cuaresma es un tiempo litúrgico en el que la Iglesia nos llama fuertemente a la conversión. Según el evangelista Marcos, Jesús comienza su misión predicando El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca. Conviértanse y crean en la Buena Noticia (Mc.3,15). Es un llamado a volver al Evangelio, a dejarnos reconciliar con Dios mediante el abrazo de su misericordia, y es tiempo de reconciliación con el hermano. No habrá ninguna posibilidad de anunciar convincentemente el Evangelio sin el testimonio de una comunidad reconciliada, fraterna y solidaria. 2. Por otra parte, quiero animarlos a comenzar un nuevo año pastoral. Esta Iglesia particular, nuestra diócesis de Concordia, a través de todas sus parroquias y comunidades tiene una rica e intensa vida pastoral. La misión de la Iglesia es anunciar y testimoniar la enseñanza y la misericordia de Jesucristo. Por eso, deseo que, después del buen descanso del tiempo de vacaciones, animados por el Espíritu, tengan el corazón entusiasmado para recomenzar la maravillosa tarea de evangelizar ¡Qué nunca nos cansemos de anunciar a Jesucristo y la belleza del Evangelio! 3. Para este año desearía reflexionar con Uds. algunas ideas sobre la meta Afianzar el acompañamiento y revitalizar todos los sectores parroquiales para generar procesos de encuentro, propiciar la escucha, valorar a cada integrante de la comunidad y como hermanos ser una Iglesia viva, sanadora, en comunión y participación, que quiere responder al clamor El Pueblo de Dios clama ser escuchado. El Bautismo, fuente de la identidad cristiana y de la corresponsabilidad pastoral 4. En primer lugar, para revitalizar todos los sectores parroquiales y escucharnos, valorarnos y ser una comunidad fraterna y testimonial, es necesario una renovada conciencia del valor del Bautismo. Ser bautizado no es un trámite o un acontecimiento del pasado, tampoco una convención social o compromiso familiar. Es fuente de la identidad cristiana. Recibir el Bautismo es una decisión fundada en la fe en Jesucristo que una persona adulta o una familia hace para sus hijos, con el deseo de ser incorporados a la comunidad eclesial donde se vive como discípulos la corresponsabilidad pastoral. El Bautismo nos ha liberado del individualismo y nos ha insertado en una comunidad de creyentes. Por eso, sólo quien vive una espiritualidad bautismal, la de ser discípulo, puede reconocer que los otros tienen la misma dignidad y, por lo tanto, con ellos comparte la oración, escucha a todos con atención y respeto, dialoga, discierne, decide y misiona. Es imposible revitalizar una comunidad eclesial en la que se comparta la oración, el servicio evangelizador y la corresponsabilidad pastoral, sin volver a valorar el sacramento del Bautismo. 5. Les comparto algunos textos del Documento Final del Sínodo (DFS) de 2024 que merecen ser leídos y reflexionados: Del Bautismo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo brota la identidad del Pueblo de Dios. Se realiza como llamada a la santidad y envío en misión para invitar a todos los pueblos a acoger el don de la salvación (cf. Mt 28,18-19). (cfr. DFS,15). El camino sinodal de la Iglesia nos ha llevado a redescubrir que la variedad de vocaciones, carismas y ministerios tiene una raíz: «todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo» (1 Cor.12,13). El bautismo es el fundamento de la vida cristiana, porque introduce a todos en el don más grande: ser hijos de Dios, es decir, partícipes de la relación de Jesús con el Padre en el Espíritu. No hay nada más alto que esta dignidad, concedida por igual a toda persona, que nos hace revestirnos de Cristo e injertarnos en Él como los sarmientos en la vid. En el nombre de «cristiano», que tenemos el honor de llevar, está contenida la gracia que fundamenta nuestra vida y nos hace caminar juntos como hermanos y hermanas. (cfr. DFS, 21). 6. Invito a todos los agentes de pastoral a que durante este año puedan promover espacios comunitarios de estudio, reflexión y oración, para renovar la gracia y comprender la grandeza del sacramento del Bautismo, fundamento de la vida cristiana1. Considero que esto es esencial para nuestra conversión personal y comunitaria. Si pretendemos ser una Iglesia cercana a todos, particularmente a los alejados, a los pobres y a los indiferentes; si queremos ser una comunidad con relaciones sanas y sanadoras, en la que nos tratemos con vínculos familiares y amigables, es necesario reconocer la dignidad de cada uno y de todos. Esa dignidad infinita es don del Bautismo, que nos ha hecho hijos de Dios, discípulos de Jesucristo, miembros de un pueblo santo, llamado a caminar en la fe y la caridad fraterna. Renovadas estructuras y organismos de comunión que garanticen una real participación de todos los bautizados 7. En la Carta Pastoral del año pasado les decía que, para generar encuentro, escucha mutua y respetuosa y alimentar la corresponsabilidad, es necesario la renovación de las estructuras de comunión: consejos pastorales, consejos económicos, equipos de áreas y servicios, comisión de capillas, etc.2 También el Documento Final del Sínodo nos dice: la sinodalidad es el caminar juntos los cristianos con Cristo, hacia el Reino de Dios, en unión con toda la humanidad; orientada a la misión, implica reunirse en asamblea en los diferentes niveles de la vida eclesial, la escucha recíproca, el diálogo, el discernimiento comunitario, llegar a un consenso como expresión de la presencia de Cristo en el Espíritu, y la toma de decisiones en una corresponsabilidad diferenciada La sinodalidad es un camino de renovación y de reforma estructural para hacer a la Iglesia más participativa y misionera, es decir, para hacerla capaz de caminar con cada hombre y mujer irradiando la luz de Cristo (cfr. DFS, 28). 8. Para fomentar una mayor y más efectiva experiencia eclesial de comunión y de corresponsabilidad pastoral, hemos pensado en organizar una Asamblea diocesana en el año y realizar Asambleas zonales y parroquiales. El objetivo es que más bautizados puedan participar de estos momentos intensos de comunidad discipular y misionera. La Asamblea diocesana quiere ser una expresión concreta de nuestra Iglesia particular que se reúne para vivir la comunión de todas las comunidades en la tarea evangelizadora de la Diócesis, y en la puesta en marcha de las metas pastorales3 que la Iglesia diocesana ha elegido para los próximos años. La Asamblea zonal pretende fortalecer el conocimiento y la comunión de los agentes de pastoral de las parroquias que conforman las distintas Zonas Pastorales. También, es un ambiente propicio para que las Parroquias de esa Zona pastoral se ayuden mutuamente a encontrar los modos de encarnar las metas pastorales de la Diócesis en sus propias realidades. La Asamblea parroquial debería afianzar la vida comunitaria invitando a toda la comunidad a orar juntos, a dedicar un tiempo adecuado para escuchar a los participantes y para informar, rendir cuentas y evaluar las acciones pastorales de la Parroquia realizadas o programadas para su realización. 4 Además, será una instancia de reflexión, discernimiento, decisión y evaluación del camino pastoral diocesano para implementarlo en cada comunidad parroquial. Opino que la realización de las Asambleas en estos tres niveles de la vida pastoral diocesana, nos ayudarán a integrar el trabajo pastoral de las comunidades parroquiales con las otras parroquias de cada Zona Pastoral, y con toda la Diócesis, favoreciendo la participación de más bautizados y haciendo a todos más protagonistas de las decisiones pastorales de nuestra Iglesia particular. Este compartir de la instancia diocesana con las Zonas Pastorales y de éstas con las parroquias, y viceversa, nos debería ayudar a que todos juntos, como Pueblo de Dios que camina en esta Iglesia de Concordia, seamos corresponsables de la misión. La misión, que involucra a todos los bautizados, es anunciar a Jesús, su Evangelio y su caridad, a través de la cercanía fraterna con todos los hermanos a quienes deseamos compartirles nuestra alegría de haber sido encontrados por Jesucristo y haber experimentado su ternura y misericordia. 9. También, el Miércoles de Cenizas he promulgado el Estatuto de los Consejos Parroquiales de la Diócesis y el Domingo de Pascua, promulgaré el Estatuto de los Consejos de Asuntos Económicos de las parroquias de nuestra Iglesia particular. Después de un largo proceso de escucha, diálogo, discernimiento y decisión, hemos redactado estos instrumentos que nos indican el modo de funcionamiento de estos Consejos en toda la Diócesis. Ha sido una redacción verdaderamente sinodal, han intervenido en su elaboración el Consejo Presbiteral y cada Zona Pastoral, habiendo recibido aportes de todos los sacerdotes y de los integrantes de los actuales Consejos Pastorales y Económicos. En el caso del Estatuto de los Consejos Pastorales Parroquiales, también ha sido revisado y enriquecido por los miembros del Consejo Diocesano de Pastoral. Así hemos llegado a tener Estatutos elaborados con el aporte de pastores, religiosas y laicos. Al haber sido elaborado por muchos, seguramente serán instrumentos de gran valor para la vida pastoral de nuestras comunidades. Sobre estos organismos recordemos lo que nos dice el Documento de Aparecida: Los Consejos Pastorales Parroquiales tendrán que estar formados por discípulos misioneros constantemente preocupados por llegar a todos. El Consejo de Asuntos Económicos, junto a toda la comunidad parroquial, trabajará para obtener los recursos necesarios, de manera que la misión avance y se haga realidad en todos los ambientes. Invito a todos los agentes de pastoral a leer, reflexionar atentamente y asumir estos Estatutos. Pido que, durante este año 2026, el Consejo de Pastoral Parroquial y el Consejo de Asuntos Económicos se constituyan o se renueven en cada Parroquia y aquellas Capillas que, por circunstancias especiales e intensa vida pastoral, así lo requieran. Es de esperar que, a fin de año, todas las comunidades tengan funcionando estos organismos de comunión y participación. Para ser una comunidad fraterna y participativa es necesaria una espiritualidad de la comunión 10. Todo este camino de comunión no será posible sin el desarrollo de una espiritualidad de comunión que debe ser el alma de todos los organismos y estructuras eclesiales. El Papa Juan Pablo II nos enseñaba: Espiritualidad de la comunión significa capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como «uno que me pertenece», para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad. Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un «don para mí», además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente. En fin, espiritualidad de la comunión es saber «dar espacio» al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias. No nos hagamos ilusiones: sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento. 11. Queridos hermanos: para ser una Iglesia discipular, fraterna y misionera, según la voluntad de Jesús, necesitamos disponer el corazón. Para hacer realidad en todas nuestras comunidades la meta pastoral a la que he dedicado la reflexión de esta carta, necesitamos de nuevas estructuras de comunión que ayuden a la participación y corresponsabilidad de todos los bautizados, pero fundamentalmente necesitamos de conversión personal y comunitaria. La conversión requiere la escucha de la Palabra de Dios, la contemplación, el silencio y el arrepentimiento de nuestros pecados; particularmente de nuestras actitudes que ofenden a los hermanos y dañan la comunión. Cuaresma es un tiempo de gracia, especial para suplicar el don de la conversión, para que seamos cada vez más una comunidad de bautizados conciente de ser una Iglesia viva, sanadora, en comunión y participación. Con mi deseo de una feliz Pascua de Resurrección, les envío un saludo afectuoso y mi bendición.

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