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» Clarin
Fecha: 21/02/2026 15:20
Thorstein Veblen, economista y sociólogo estadounidense, escribió La teorÃa de la clase ociosa (1899) (según John Kenneth Galbraith, uno de los dos libros estadounidenses del siglo XIX que vale la pena seguir estudiando aún hoy en dÃa), en donde se refiere al consumo conspicuo como la porción de bienes y servicios que las personas demandan no para atender sus necesidades fÃsicas sino las que atañen al lujo y placer. El área de interés de Veblen fue un reflejo del clima de la época que atravesó Estados Unidos a fines del siglo XIX. A medida que el ingreso promedio de las personas aumentó, la cultura del consumismo como exhibición pública del poder económico se instauró rápidamente. De ese modo, las personas con capacidad de poder de compra exhibÃan su status social. El aporte de Veblen como crÃtica del sistema capitalista se hizo relevante a medida que la producción global se expandÃa y la proporción del gasto de las personas que no atendÃa a sus demandas básicas aumentaba. Sin embargo, el foco de Veblen sobre este aspecto del consumo constituye una de las partes del libro La teorÃa de la clase ociosa. Este hijo de inmigrantes noruegos, que vivÃan en la pobreza, fue más allá con su análisis. En ese mismo libro Veblen hace zoom y se explaya sobre el segmento de la producción de los bienes, distingue entre la noción de trabajo productivo y no productivo que se lleva adelante en las fábricas, algo en verdad ya desarrollado por el teórico francés Henri de Saint Simon varias décadas antes. Pero señala que los empresarios se habÃan organizado de tal manera que podÃan hacer dinero fabricando productos con el menor esfuerzo posible, de manera que lo más importante de la sociedad moderna era alcanzar la eficiencia industrial. Sin embargo, agrega Veblen, ese pasaje estaba reservado solo para empresarios honestos y no egoÃstas. O sea, no para todos. El principal obstáculo según Veblen para alcanzar ese punto residÃa en lo intrÃnseco del sistema capitalista. A pesar de ir a la Universidad de Chicago, no estaba en todo desacuerdo con el análisis de Karl Marx: el motivo por el cual muchas veces los empresarios no alcanzaban el zénit de la eficiencia era precisamente la existencia de una clase que alentaba el consumo conspicuo. De ese modo, según Veblen, la industria y el negocio iban por carriles separados. El máximo de producción al mÃnimo costo era el objetivo de la industria. Y el arte de vender tratando de ganar lo más posible, el del negocio. Sostuvo que los capitanes de la industria, un término que se utilizaba para los emprendedores como Carnegie o Rockefeller, eran miembros de una clase parasitaria, hombres astutos en vez de ingeniosos y que su liderazgo era más pecuniario que industrial. De hecho, Veblen escribió un paper llamado Los capitanes de la industria y su trabajo, pero que nunca se publicó como cuenta John Cassidy en un reciente libro y que dos años después saldrÃa a luz con un nuevo tÃtulo, La teorÃa de los negocios empresariales. Para Veblen, el empresario-dueño es el que está cerca del mostrador a la venta y al mismo tiempo monitorea el proceso mecánico de producción sin desentenderse, digamos, del área de producción. Pero lo cierto es que a medida que el tiempo transcurrió, la escala de los negocios aumentó y los procesos productivos se hicieron más especializados, el foco de atención del hombre de negocios se desplazó cada vez más a pensar cómo redistribuir las inversiones de las empresas con menos ganancias a las más redituables y llevar adelante un control estratégico de los negocios a través de alianzas con otros hombres de negocios y en marcos regulatorios más exigentes. El término Capitanes de Industria (Captains of Industry) fue acuñado originalmente por el ensayista y filósofo escocés Thomas Carlyle en su libro Past and Present (1843). Carlyle usaba el término de manera positiva. Para él, estos lÃderes industriales (dueños de fábricas y empresarios) eran los nuevos héroes de la era moderna, destinados a organizar la sociedad de forma productiva. Veblen, casi medio siglo más tarde y cuando la producción capitalista sufre una crisis de sobreproducción apalancada por una burbuja financiera, utilizó el término para relacionar el mundo industrial de los Vanderbilt con el financiero de los JP Morgan. Según Veblen, la financiación de la economÃa cambiarÃa la moral bajo la cual se harÃan los negocios de ahora en más y la práctica de eliminar la competencia, establecer el poder monopólico y aumentar los precios, se volverÃa algo cada vez más extendido. De hecho, una nueva era comenzarÃa: el estudio del fenómeno de los monopolios pronto ganarÃa espacio dentro de la teorÃa económica. Pero para Veblen el monopolio era más una evolución del capitalismo industrial que una aberración como muchos crÃticos decÃan. Era algo natural. Como dice un amigo: un empresario no es más que un monopolista frustrado. Sobre la firma Newsletter ClarÃn
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