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  • Diez vinos blancos diferentes para animar las reuniones de verano

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 21/02/2026 15:19

    Durante el verano, antes, durante y pos vacaciones, el disfrute del vino se ve alterado, no solo por el cambio de hábitos que impone el momento más relajado del año, sino también por el clima. No por casualidad, las bebidas frescas y livianas copan la parada durante la temporada. En vinos, esto significa que se potencia el consumo de los espumosos, impulsado a fin de año por las celebraciones, y también el del rosado que, generalmente, muchos lo olvidan a lo largo del año. Pero son los blancos los que más se lucen. No solo porque ya ostentan una calidad similar a la de sus pares tintos, sino también por la diversidad que ofrecen y la capacidad de adaptarse, en situaciones informales, a muchos tipos de comida. Pudiendo ser un vino de aperitivo que acompañe la picada, como así también el vino serio que en la mesa se luzca con algún pescado a la parrilla. Se sabe que más allá de los gustos personales, a la hora de elegir un vino para descorchar, hay que tener en cuenta la ocasión. Pero además del cuándo y del dónde, la temperatura de servicio marcará la pauta del placer a la hora de beber un vino cuando hace calor. Y como los blancos se sirven bien frescos, se convierten en los más indicados para sorprender a los demás y disfrutar mejor. Hasta hace poco tiempo, casi nadie hubiera imaginado que uno de los mejores vinos argentinos sería blanco. ¿Qué cambió en el país donde el tinto y la carne reinaban? Obviamente los hábitos, al tiempo que se derribaron muchos mitos. Pero especialmente la calidad de los vinos blancos. Más difíciles de elaborar, por tratarse sólo del jugo de uva, sin participación del hollejo como en los tintos. Y eso los hace más frágiles. Sin embargo, con las variedades adecuadas y, sobre todo, en las alturas ideales, las uvas maduran con una acidez tan firme que dan vinos con personalidad propia y longevidad. El Chardonnay es el blanco más prestigioso del mundo, y aquí no es la excepción; pero son muy recientes los grandes exponentes. A fines de los 90 eran concebidos a imagen y semejanza de los americanos. Densos, golosos, maduros y con mucha influencia del roble, aunque el paradigma siempre fue la Borgoña francesa, con todas sus delicadas austeridades. Hoy, para hacer los mejores Chardonnay, se buscan parcelas especiales dentro de las viñas con suelos más profundos, donde las rocas predominen y el carbonato de calcio aporte lo suyo. Aprender a regar fue fundamental, para darle a la planta sólo el agua que necesitaba. Y luego en bodega tocó animarse a dejar que el vino se expresara sin vestirlo de antemano. Pueden fermentar en barricas, pero seguro serán usadas, para evitar las notas del roble. También en piletas de cemento, sin miedo a la acción de la oxidación. Porque los enólogos ya saben que esos colores amarronados que imparten miedo luego devienen en cristalinos y brillantes tonos amarillos al decantar naturalmente. Todos estos hallazgos han permitido que hoy algunos blancos estén en el podio de los vinos argentinos. Y ya son varios los blancos de guarda y alta gama que hay en el mercado. Vinos muy delicados e ideales para la buena mesa, como así también para guardar por muchos años. Y lo mejor, es que de a poco los límites se van ampliando hacia nuevos terruños y también otras variedades. Por ejemplo, Torrontés, un blanco aromático que empieza a ser protagonista en vinos más serios, vinificado y con muchos cuidados, incluso con crianza en madera, pero buscando mantener sus aromas y sabores inconfundibles. Otra uva que está de regreso, es la Semillon. Introducida a mediados del siglo XIX junto con las demás variedades francesas, supo ser implantada entre vides de Malbec para poder aportar frescura y estabilidad a los tintos de la época. En el mayor momento de consumo de vinos en la Argentina, el vino Semillon inundó bares y pizzerías. Pero su fama se diluyó rápidamente, al ritmo de la caída del consumo de los vinos de mesa. Luego llegó la reconversión y los vinos nacionales empezaron a incrementar su calidad con las exportaciones en la mira. Y fue allí que muchos viñedos de Semillon fueron injertados con variedades más comerciales. Por suerte, algunas viñas viejas quedaron en pie, y hoy esta uva vuelve a ser protagonista. En los exponentes que nacen de viñas viejas, los rendimientos son bajos y su carácter es marcado, más allá de dar un blanco austero símil al Chardonnay. Pero no solo se trata de un clásico de clásicos en plena recuperación, sino de uno de los mejores vinos argentinos en la actualidad. Pero hay más blancos para descubrir; algunos a base de uvas consagradas en otras partes del mundo como Viognier (Francia), Albariño (España), Pinot Grigio (Italia) o Gewurztraminer (Alemania), por solo nombrar algunas, y otros elaborados con uvas tradicionales recuperadas, como la Pedro Gimenez. Y a todas ellas se le suman los white blends, blancos elaborados con dos o más variedades que buscan, a partir de la mezcla, ofrecer diferentes sensaciones. Así, la diversidad de los blancos originales y poco conocidos se potencia, y es en esta época, el momento ideal para descubrir varios vinos que pueden llegar a convertirse en los preferidos de muchos a lo largo del año. 10 Vinos blancos para conocer antes que finalice el verano Nina Gran Viognier, Semillon Nina, La Rioja, Valle de Aminga $14.000 Es la última novedad de la bodega. Un blanco de buen cuerpo, casi denso. De carácter floral bien de Viognier, con la frescura integrada y bien apoyado en su fuerza de fruta. Es equilibrado y bien pensado para la mesa, con leves dejos florales y melosos que persisten en boca. A Contramano Pedro Gimenez Jorge Rubio Vinos de Autor, Mendoza, San Rafael, Oasis Sur $15.000 Sin dudas, el enólogo Jorge Rubio ve en esta línea una buena oportunidad para elaborar vinos varietales jóvenes, también con variedades alternativas como esta, que ofrece aromas con carácter propio y un paladar franco. Está lo rustico de la variedad, con buena frescura y notas de pasto seco, miel y algo floral, con final leve oxidado. Ferus Blanc de Blancs Familia Falasco, Mendoza, Valle de Uco $15.000 Pablo Sánchez, el enólogo responsable de los blancos (rosados y espumosos), ha logrado un blanco fragante a partir de un original blend. A base de Viognier, Sauvignon Blanc, Semillón y Torrontés, todos del Valle de Uco, donde cada uno cumple un rol específico. Y algo de eso se siente en este refrescante, en el que las frutas blancas dominan su carácter. De trago ágil y expresivo. La Belle Marguerite Semillon The Wine Plan, Mendoza, Zona Este $20.000 El enólogo Luigi Perocco es uno de los pocos jóvenes hacedores que tiene mucha experiencia elaborando Semillón (de su paso por Mendel). Y algo de eso se percibe en este blanco de aromas equilibrados, con algo de frutas blancas y miel seca. Paladar fresco y en sintonía. No es muy persistente, pero sí preciso en su carácter. Miras Loca Blanca (Vino Liviano) Familia Miras, Río Negro, Alto Valle de Río Negro, Mainqué $20.000 Al Torrontés que se adaptó a la zona (por correrse menos) la llaman Loca Blanca, y es una de las uvas más plantadas en la provincia. La viña, cuenta el hacedor, fue plantada en el año 1958, pero en los noventa pasó al olvido por culpa del Semillón, la Chardonnay y la Pinot Noir. La familia posee casi 80 hileras. Y si bien empezaron haciendo solo un Naranjo, como los viñedos se recuperaron nació este exponente de la línea Liviano con solo 10 grados. Hay dejos maduros y algo de manzana asada, de trago fresco y texturado. Casa Boher Agrelo Viognier Rosell Boher, Mendoza, Luján de Cuyo $22.500 Elaborado 100% con uvas de la finca de Agrelo, la misma que rodea el Rosell Boher Lodge, un pequeño paraíso en Mendoza. Es un blanco que vuelve a sorprender por lo bien lograda que está su tipicidad. Porque sus aromas florales nítidos hablan bien de la variedad. En boca es amable sin llegar a ser untuoso, gracias a su buena frescura. De paladar franco y con buen cuerpo, ideal para lucirse en la mesa con platos a base de carnes blancas. Mendel Semillon Mendel, Mendoza, Valle de Uco, Paraje Altamira $25.500 Utilizando uvas de un viñedo plantado en 1957, Roberto de la Mota elabora este Semillón que se ha convertido en un emblema de la variedad. Si bien sus aromas son austeros, en boca despliega su buena frescura y carácter varietal. De paladar franco con cierta estructura y texturas que le permiten acompañar bien platos elaborados con salsas cremosas. Livvera Semillon Escala Humana, Mendoza, Valle de Uco $30.000 El enólogo German Masera es reconocido por su mano e interpretación, y por ser uno de los que llevó esta variedad a otro nivel. Acá, en su versión más joven, logra un blanco limpio y tenso, con la fruta blanca bien austera. De buen volumen y trago vivaz, con carácter. No hay complejidad ni potencial de guarda, sino un muy buen blanco para disfrutar. Rutini Gewurztraminer Rutini Wines, Mendoza, Valle de Uco $44.100 Este vino blanco no se destaca por su esbelta botella, tampoco por ser de una variedad original, sino por sus atributos. De aromas limpios y bien definidos, paladar refrescante y, en esta cosecha, sin las notas de combustión que reflejan cierta madurez. Por el contrario, son los sabores florales y melosos los que dominan en boca. Voluptuoso y con texturas que amplifican su mensaje propio. Un gran vino para lucirse en la mesa o sirviéndolo con una buena selección de quesos. Matervini Blanco Matervini, Mendoza, Valle de Uco, Los Chacayes $66.000 Sigue siendo un muy original blend blanco, por dentro y por fuera. Elaborado a base de Marsanne (57%) y Viognier (47%) sin Roussanne en esta cosecha, ambos de Los Chacayes, pero inspirado en el Ródano. Mantuvo con la estiba la intensidad en sus aromas, con notas de crianza oxidativa que hablan de complejidad. En boca es fresco y diferente con buen cuerpo, y se va soltando en la copa. Bonus Track Pulenta Estate Sauvignon Blanc, $21.000 Color amarillo verdoso con atractivos tonos acerados. De excelente intensidad aromática. Recuerda a flores blancas y notas finas a manzanas verdes, pomelo y piña. En boca, posee un equilibrado balance entre estructura y acidez que le aportan gran persistencia. Es un vino fresco, joven pero de gran personalidad

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