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Parana » AnalisisDigital
Fecha: 21/02/2026 13:18
El desafío, entonces, es ordenar el sistema impositivo para que sea más justo, más eficiente y más coherente. Roberto Schunk Entre Ríos necesita discutir en serio su estructura tributaria. No desde consignas ni prejuicios, sino desde la realidad concreta que viven todos los días nuestros productores, comerciantes, trabajadores y jubilados. Hoy, gran parte de la recaudación provincial descansa sobre impuestos que gravan el consumo y la producción. Es decir, sobre la actividad económica cotidiana. Esto genera un problema evidente: quienes trabajan, producen o consumen terminan sosteniendo la mayor parte del esfuerzo fiscal, independientemente de su nivel de ingresos o patrimonio. Sin embargo, nuestra Constitución provincial es clara. Establece que el sistema tributario debe asentarse sobre impuestos directos, es decir, sobre la verdadera capacidad contributiva de las personas. Esto no es una interpretación ideológica: Es un mandato constitucional. El desafío, entonces, es ordenar el sistema impositivo para que sea más justo, más eficiente y más coherente con ese principio. En ese marco, el impuesto a la herencia aparece como una herramienta válida y necesaria. No se trata de un impuesto que castigue el trabajo ni la inversión. Tampoco afecta la producción ni la generación de empleo. Se aplica en el momento en que se transmite un patrimonio, no cuando se lo construye. Eso es clave: no grava el esfuerzo, sino la transmisión gratuita de riqueza. En cualquier sociedad que aspire a la igualdad de oportunidades, es razonable que quien recibe un patrimonio significativo sin haberlo generado pueda realizar una contribución a la comunidad. No se trata de penalizar a nadie, sino de equilibrar un sistema que, de otro modo, tiende a reproducir desigualdades a lo largo del tiempo. Además, bien diseñado, este impuesto puede tener mínimos no imponibles elevados y contemplar situaciones particulares, como la vivienda familiar o las pequeñas y medianas unidades productivas. El objetivo no es afectar a las clases medias ni poner en riesgo emprendimientos, sino focalizarse en los grandes patrimonios. La discusión de fondo es otra. Es si queremos seguir financiando al Estado principalmente con impuestos que recaen sobre la producción y el consumo, o si queremos avanzar hacia un esquema más equilibrado, donde quienes tienen mayor capacidad contributiva aporten en mayor medida. Una reforma tributaria inteligente debería ir en ese sentido: aliviar la carga sobre la economía real y fortalecer los instrumentos que mejoran la equidad. Entre Ríos tiene la oportunidad de dar ese debate con madurez. No para aumentar la presión fiscal, sino para distribuir mejor. No para enfrentar sectores, sino para construir un sistema más justo, más razonable y más sostenible. Porque, en definitiva, no se trata solo de recaudar. Se trata de cómo queremos organizarnos como sociedad. (*) Contador Público Nacional. Exministro de la Producción de la provincia de Entre Ríos. Docente e investigador
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