21/02/2026 12:37
21/02/2026 12:37
21/02/2026 12:37
21/02/2026 12:37
21/02/2026 12:37
21/02/2026 12:37
21/02/2026 12:37
21/02/2026 12:36
21/02/2026 12:36
21/02/2026 12:36
Parana » AIM Digital
Fecha: 21/02/2026 09:46
Una figura casi milagrosa, contemporánea del inicio de la reforma protestante, consiguió siglos después el aplauso de marxistas y nazis, aunque por razones diferentes. Florian Geyer von Giebelstadt fue un noble de Franconia, en el sur de Alemania, que en 1525 se unió a la guerra campesina que se saldó con unos 130.000 muertos, entre ellos el mismo Geyer. Federico Engels, en su libro "La guerra campesina en Alemania" (Der deutsche Bauernkrieg) eleva a Geyer a la categoría de héroe porque a pesar de estar habituado a los lujos propios de su condición social los abandonó para sumarse con tropa propia a los campesinos sublevados, a los que Lutero llamó "hordas asesinas y ladronas" En 1933, casi al mismo tiempo que el ascenso de Hitler al poder, el historiador Günther Franz publicó un libro también titulado "Der deutsche Bauernkrieg", como el de Engels casi un siglo antes. Franz -que fue funcionario nazi, se sometió a la "desnazificación" después de la guerra y recuperó su cátedra- sostuvo que en aquella gran revuelta los campesinos seguían las tradiciones legales germánicas que la nobleza suprimió cuando adoptó el derecho romano. Para Franz, Alemania involucionó gravemente al mandar a la tumba a tantos campesinos, que no tuvieron voz en la historia salvo la tenebrosa concepción del mundo que se instaló entonces en el pueblo alemán. El derecho consuetudinario germano, que los nobles habían suprimido poco antes, contemplaba la propiedad comunal de la tierra a diferencia del romano, que reconocía solo la propiedad privada absoluta y generó así un desequilibrio social que fue el caldo de cultivo de la guerra. El derecho basado en la costumbre admitía la propiedad comunal de las aldeas y la gestión comunal de bosques y pastos. Geyer se sumó a la causa de los campesinos con la "Schwarzer Haufen", compañía negra por el color de sus uniformes, que según Engels aportó una disciplina militar de que carecían los campesinos. Para el ladero de Marx, Geyer es un ejemplo temprano de un miembro de la clase dominante que se puso al servicio de los oprimidos. Según Engels, la "cuadrilla negra" de Geyer tuvo participación destacada en la toma de la ciudad de Weinsberg, donde hubo miles de muertos, seguido por la captura del conde Luis von Helfenstein y la condena a muerte de él y varios de sus seguidores. Posiblemente bajo la influencia del teólogo inglés John Wyclife, que se adelantó a la reforma protestante y dos siglos antes había preguntado desafiante: cuando Adán araba y Eva hilaba, ¿el noble dónde estaba? cuestionando la utilidad de la clase dominante, Geyer se había negado a pagar una deuda histórica al clero, lo que le valió ser excomulgado. Poco antes de la derrota definitiva en Ingolstadt, los campesinos aceptaron negociar como recomendaba Geyer, pero ya era tarde. En junio de 1525 dos enviados de su cuñado, Wilhelm von Brumbach, manifestaron intención de ayudarlo cuando la guerra estaba perdida. Viajaba con ellos cuando lo apuñalaron en el bosque de Gramschatz, cerca de Wurzburg, en Baviera, e hicieron desaparecer el cadáver. Tenía 35 años. Según la leyenda, a quien se aventure en una noche de luna por los bosques que rodean al castillo de Giebelstadt podría sorprenderlo un llanto de mujer. Es la queja sin tiempo de la novia de Geyer. La memoria de Geyer se sostuvo en el pueblo hasta ser tomado como modelo por la izquierda y la derecha política en el siglo pasado. La letra de la marcha "Wir sind des Geyers schwarzer Haufen", (somos la cuadrilla negra de Geyer) dice sobre la base de un poema de Heinrich von Reder: "somos los caballeros oscuros de Haufen y lucharemos contra los tiranos; ¡pongamos el gallo rojo (el fuego) en el techo de los monasterios! Florian Geyer es nuestro capitán; él lleva la bandera de la gente con escudo y casco". Y para terminar von Reder formula una esperanza: "nuestros nietos lucharán mejor". Quizá en el fondo esté la idea del progreso: nuestros anhelos se realizarán en un futuro mejor que el presente, encarnados en descendientes que han mostrado menos, y no más, capacidad para luchar. De la Redacción de AIM.
Ver noticia original