Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • El camino inspirador de Agostina Hein, la chica dorada de la natación: esfuerzo, familia y sueños olímpicos

    » Clarin

    Fecha: 21/02/2026 07:44

    A sus 17 años, Agostina Hein está en el límite entre la promesa y la realidad. Sus condiciones y triunfos en todo el mundo la catapultan como la gran figura de la natación argentina. Tuvo un 2025 brillante y en este año que recién empieza se perfila para seguir escalando. Sus logros, que datan desde que competía en categorías infantiles, trascendieron al ambiente de la natación y llamaron la atención del deporte en general. Hace tiempo que se venía murmurando sobre su rendimiento, pero su medalla de oro en los 400 metros combinados en el Mundial Juvenil de Otopeni, Rumania, el año pasado, confirmaron su presente. Marcó un tiempo de 4m34s34 y superó la marca nacional y sudamericana de la también argentina Georgina Bardach en los Juegos de Atenas 2004, con 4m37s51. Además se quedó con la medalla de plata en los 800 libres. Entonces, también hay futuro. Hay futuro porque uno de sus objetivos es clasificar para los Juegos de Los Ángeles 2028 en un deporte de larga historia en la Argentina: a la mencionada Bardach se le agregan Lilian Harrison, Jeanette Campbell, Cecilia Biagioli y Delfina Pignatiello como grandes referentes de distintas épocas. Nacida el 24 de abril de 2008 en Campana, provincia de Buenos Aires, se inició en el Club Ciudad de Campana y luego en Independiente de Zárate. Con 16 años fue la atleta más joven de la delegación argentina en los Juegos Olímpicos de París (2024). Llegó al encuentro máximo del deporte a puro esfuerzo: en tiempos de pandemia, cuando no podía ir a entrenar a la pileta del club por la cuarentena, sus padres (Ivana y Enrique, empleados de la empresa que suministra el servicio de agua en Campana) apelaron a un método casero. Le armaron una pileta de lona en el pequeño patio de su casa en invierno, arriba le pusieron un gazebo para disminuir aunque fuera un poco el efecto del frío y le ataron la cintura a una soga para que pudiera mantenerse a flote y practicar los movimientos de nado. Mientras, se alternaban para agregar agua caliente. Tenía 13 años. A los 14 viajó a competir a Europa por primera vez. Y no paró de viajar ni de juntar medallas. Secretos de Vikinga Aquellos momentos fueron durísimos, pero ahora los veo como algo muy positivo, le dice Hein a Viva. Está sentada con las piernas cruzadas y el cuerpo liviano, como relajado. La sonrisa es una marca registrada en el rostro de esta chica que cursó el colegio secundario a distancia (cuando iba presencial, llegó a tener 65 faltas en un año por la natación), que sale poco los fines de semana porque tiene que cuidar el físico y que ya parece ciudadana del mundo. Se acostumbró a viajar por todos lados para competir. Cuando no viaja, prefiere quedarse junto a los suyos en la casa familiar de las afueras de Campana para escuchar discos de AC/DC, leer o ver partidos de su querido River. Aunque, por corazón zarateño y campanense (Zárate y Campana son limítrofes), admira a Adrián Maravilla Martínez, el delantero estrella de Racing, que también es de la zona. Pocas cosas, dice, la ponen de mal humor. Antes me malhumorada más, pero trabajé mucho ese tema, explica. En ese cambio fue fundamental la presencia de la psicóloga Agustina Mayer, quien la atiende desde sus 13. Mayer forma parte de un equipo de trabajo compuesto, además, por el entrenador Sebastián Montero, el preparador físico Nicolás Bogado, el médico deportólogo Santiago Kweitel, el nutricionista Gabriel Fantuzzi, el kinesiólogo Pablo Miranda y la cardióloga Eliana Filosa. A partir de ese aporte, Hein aprendió a lidiar con entrenamientos que no salen tal como esperaba o con la locura cotidiana de la gente. Sobre todo en una Buenos Aires tan ruidosa y urgente a la que debe viajar al menos dos veces por semana para entrenar en la pileta del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD). Cuando subís a la Panamericana ya se nota el cambio de onda. En Buenos Aires todo es muy loco. Tal vez por su espíritu guerrero, no en vano la apodan la Vikinga. Ese apodo se lo puso su entrenador. Ella se cortaba las patillas de tal manera que quedaba como pelada. Parecés una vikinga, le decía Sebastián. Y le quedó, cuenta Ivana, la mamá. El camino de una estrella Para finales de agosto pasado, Hein se había vuelto una figura requerida por la prensa. Después de destacarse en el Mundial, la esperaba una nube de periodistas en el CENARD con entrevistas agendadas. También estaban los funcionarios del deporte. Algo desconocido para ella y su entorno. Apenas unas horas de descanso y de nuevo a competir. A Rumania le siguió Río de Janeiro, Brasil, donde se disputó el Sudamericano juvenil. De las setenta medallas argentinas, diez las consiguió Hein: ocho de oro y dos de plata. Pero antes de Rumania, en los Juegos Panamericanos Junior de Asunción, Paraguay, había logrado tres de oro, cuatro de plata y una de bronce. Hein no para, además, de mejorar marcas personales con tiempos de nivel internacional. Se levanta a las 6 de la mañana. Lunes, miércoles y viernes nada en un solo turno que va de 8 a 10. Después, gimnasio. Y para los días en que entrena en doble turno cuenta con un monoambiente en el centro de Zárate que le alquilaron sus padres: allí puede dejarse caer sobre un colchón y relajar. Pero no siempre fue así. Llegué a dormir siestas en la camioneta de mis viejos para descansar aunque fuera un ratito, recuerda. En el medio, la escuela virtual del Liceo Militar, en la que se inició en 2023 y en la que cursó el secundario. Fue más flexible en horarios, pero igual exigía que me sentara, leyera los foros de participación y completara las tareas. Recién a fin de año tuvimos los exámenes presenciales. Al menos -exhala- no me tengo que levantar a las cinco de la mañana como antes para ir a la escuela presencial. Fue un poquito más de relajo, dice y suelta una sonrisa, casi su marca registrada. Sus padres, aclara, le son fundamentales. Desde su entorno, le cuentan a Viva que siempre priorizaron a la hija por sobre la deportista. Enrique Hein tiene 64 años e Ivana Pinkas, 49. Se conocieron en la compañía en la que trabajan. Él tenía dos hijos, hoy de 40 y 38 años. Son mis hermanos, se jacta Agostina antes de contar que hay una tercera: Emma, que es mi hermana del corazón y a quien mi padre crió desde chica. Es más grande que yo. Siempre practicó deportes. Se embebió del fútbol por herencia paterna. Alguna vez jugó al handball, pero a los 6 se inclinó por la natación. Mis papás querían que aprendiera a nadar y entonces era natación o natación, no era un tema muy negociable Paralelamente hizo otros deportes, pero su crecimiento de nivel en la pileta la pusieron en una encrucijada: o se metía de lleno en un deporte (y se animaba a los rigores de la alta competencia) o seguía en varias disciplinas a modo recreativo. Tenía 7 años cuando decidió dedicarse a la natación. Hubo otras piletas y otros entrenadores, pero ninguno tuvo el ojo clínico de Montero, quien la fue llevando de a poco. Fue él quien se sumó al acompañamiento en la pandemia. Entonces llegaron las primeras competencias por medallas. Para 2022, la cosa ya iba en serio. De los sudamericanos juveniles pasó a los mundiales. Aparecieron otros torneos internacionales. Selectivos. Medallas, trofeos. Hein fue ganando su lugar. A veces, cuando miro hacia atrás, pienso que todo pasó muy rápido. Desde los 13 o 14 en adelante casi que no paré. Pero a la vez me tranquiliza que todo haya sido cuidado como para que se respeten los procesos, dice. En la pared de su habitación hay un cuadro con una camiseta de River en cuya espalda se lee su apellido. Se la dieron una tarde en la que fue invitada a un partido en el estadio Monumental. Fue una de las tantas cosas hermosas que me dio la natación. Hasta ahora, todo estuvo muy lindo. Estoy feliz, disfruto al 100%. En las ligas mayores El deporte de alta competencia puede asemejarse a un tren embalado y cuesta frenarlo. A Agostina Hein la obligaron a parar cuando, tras unas vacaciones, tuvo que operarse de urgencia de los adenoides. Me habían surgido algunos problemas de presión en la pileta. Tuvimos que correr al Hospital Austral (en la vecina localidad de Pilar) y se descubrió que tenía un problema en la respiración. Se me habían inflamado los cornetes, así que me operaron de urgencia y estuve dos semanas fuera del agua, lamenta. El regreso fue con todo: compitió en San Pablo, Brasil, y pudo al menos igualar sus propias marcas. Ahí nos sentamos con Sebas, mi entrenador, y hablamos sobre el futuro. Decidimos entonces que íbamos a dejar algunos torneos de categorías juveniles para meternos en las mayores. La explosión mediática da vueltas en su cabeza. Salió del anonimato para destacarse en redes sociales y medios de comunicación masivos. Hay canales de TV que se adelantan a sus pasos: la ven como la estrella del deporte que todavía no quieren que sea en su equipo de trabajo. Desde los 9 años trabajo con apoyo de mucha gente idónea. Nutricionista, psicóloga, kinesiólogo Somos varios en el equipo, y todos me ayudan a mantener las ideas en orden, asegura con una madurez que asombra. Aún le llama la atención la repercusión que tuvieron sus logros en el último Mundial Juvenil de Otopeni: Fue una rueda de prensa agotadora. Tres horas de entrevistas en las que se suele decir siempre lo mismo o hay que aguantar para las cámaras, define. Mi psicóloga ya me había ayudado a prepararme para este tema desde antes para no marearme, dice. En el juego de ese equipo que la banca también destaca, desde luego, a sus padres y su buen humor constante. De ese buen humor vengo yo, afirma. De momento, escribir su nombre en Google y ver el abultado resultado es algo que se toma de manera muy natural. Insiste con que ella sólo hace natación porque le gusta y que tiene claro que hay que tomarse las cosas con calma, sobre todo las redes sociales. Cuenta que no está pendiente de lo que opinen de ella, y que a veces son sus amigos quienes la cuidan de los comentarios desubicados o malévolos. Su cuerpo adolescente-adulto tiene ya varios tatuajes. Aunque su papá reniegue, ahí están las patitas de sus perras, unos peces, un tocadiscos (es fanática de los vinilos), una tortuga y un 136, que es su número de clasificación para la delegación argentina de los Juegos de París. No más tatuajes hasta sus 18, le avisaron en su casa. Este año, entonces, cuando los cumpla, se hará los otros que tiene pensados. Al mostrar parte de su habitación, destaca algunos de sus discos. Tengo mil discos de vinilo, literalmente, se jacta. Una discoteca de colores, agrega. Además de álbums de AC/DC, hay de Guns N Roses, Deep Purple, Pink Floyd. Gustos musicales poco comunes en su generación. La causa: su padre, quien la marcó con su influencia. Escuchar rock -aclara- me ayuda y me ayudó un montón en cuanto a la concentración. También escucha otros géneros pero, explica, nada como las letras y la música rock, que son distintas a todo. De hecho, tenía muchos pósters de mis bandas preferidas, que las escuchaba de chica con papá, pero los saqué para poner la camiseta de River. Se le abren los ojos al mencionar a ese padre que admira tanto como a su madre porque hacen un montón de esfuerzos para que ella pueda competir. También admira a su colega Georgina Bardach y a Manu Ginóbili, el basquetbolista de una trayectoría increíble que es crack de verdad y que siempre da pelea. Con Georgina compartió charlas, como aquella en la que le aconsejó que disfrutara y que aprovechara las oportunidades que le podían aparecer. Me quiere mucho y yo también la quiero mucho a ella, dice. Aún no pudo cruzarse con Manu, pero, quién sabe, alguna vez se pueda dar, se ilusiona. Ama los dulces, como los helados, pero los consume cada vez menos por la salud y el peso. La natación es sacrificada, ríe. No me cuido por algo estético sino por una cuestión deportiva. Está de novia con un futbolista de las divisiones inferiores de CADU, el club de Zárate que juega en el ascenso argentino. Los dos se complementan para cuidarse en las comidas. En 2022 tuvo una crisis interior por las exigencias de la natación: Soy muy autoexigente, pero hubo un par de veces en que las marcas no eran las ideales y tuve ganas de largarlo todo. El diálogo con su equipo de profesionales y el descanso la ayudaron y le marcaron un nuevo camino. Aprendí que la autoexigencia no debe superarme. Si no, todo será demasiado complicado. A los golpes entendió que se puede equivocar, pero que no hay nada que no se pueda revertir o que no se pueda mejorar. Tras el descanso, regresó con todo. Cada vez que aparecen esas tormentas internas, además de a sus padres y al equipo de trabajo, apela a su novio: Como los dos somos deportistas, entendemos bien lo que nos puede pasar y nos complementamos. Entonces buscan actividades extradeportivas en las que canalizar las tensiones. A ella le gusta jugar con sus perras y es probable que siga la carrera de veterinaria. Me imagino trabajando y estudiando; la natación es una actividad en la que voy a continuar siempre y cuando la disfrute, dice. Ya no es la niña atada a la pileta de la pandemia ni la pequeña de una futura delegación olímpica. Como está para mucho más, el objetivo es subir de categoría y afianzarse entre los mayores. Por eso apunta al Mundial de Budapest 2027. Y para el 2028 irá de nuevo por los Juegos Olímpicos. Sabemos que el futuro es impredecible. Pero el presente muestra que Agostina Hein tiene todo para sumarse a las mujeres que hicieron historia en la natación argentina. E.M. Sobre la firma Newsletter Clarín

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por