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» La Nacion
Fecha: 20/02/2026 14:20
Es distinta, especial, es parte de la historia de la tierra. Es un imán, atrae a curiosos, científicos y viajeros. Es inmensa; hace diminuto a cualquiera. Es salvaje, fría y caliente a la vez. Es extrema, desafía. Con esta información y un plan de viaje de siete días, cargamos la 4x4 para comenzar una travesía por Catamarca. El viaje se inicia en la capital de Tucumán. Matías, el guía, repasa el cargamento de la camioneta antes de partir. En la caja hay alimentos, cuatro bidones de nafta, kit de primeros auxilios y el equipaje particular. Con el check in listo, tomamos la ruta nacional 38 hacia el oeste. Para llegar a la frontera con Catamarca, primero debemos cruzar los campos de caña de azúcar y limones, luego ascender el cordón del Aconquija, un sistema montañoso de 100 kilómetros de longitud que divide a las provincias. Sobre el límite político yace el Parque Nacional Aconquija de 94 mil hectáreas y una de las áreas protegidas con mayor biodiversidad del país. Aquí coexisten las yungas (selva de montaña) y los Altos Andes, con cumbres de hasta 6000 metros de altura. Durante el ascenso, rodeados de una densa vegetación, apreciamos las cumbres. En el descenso, ya en Catamarca, avanzamos por una zona de transición de montaña, de sierras áridas y montes. No es el Valle Calchaquí central ni la Puna de altura, sino más bien un área andina de transición a la pradera/estepa. La travesía continúa por la cuesta de la Chilca, un tramo de montaña que conecta los valles con la Puna. El camino es sinuoso, escénico, de cerros áridos y quebradas profundas. Por la ventana dimensionamos la pendiente, sus curvas cerradas y el amplio horizonte. La cuesta se destaca por ser una histórica vía de comunicación regional y por sus formaciones geológicas que ilustran la transición entre diversos ambientes del noroeste argentino. A media jornada y bajo un sol radiante, realizamos un leve desvío en el pueblo de Londres para visitar el sitio arqueológico El Shincal de Quimivil. El museo forma parte del complejo arqueológico inca. Se exhiben piezas y restos que narran la historia de esta antigua capital administrativa y ceremonial del Imperio Inca en el sur del Tawantinsuyu (siglos XV-XVI). Tras una dosis de historia y cultura incaica, seguimos viaje. De noche y con 500 kilómetros en el haber, arribamos a El Peñón, en el departamento de Antofagasta de la Sierra, base de nuestras próximas salidas. Base en El Peñón El Peñón posee una ubicación estratégica, cuenta con servicios básicos y una distancia práctica a los principales atractivos de la Puna catamarqueña. Desde aquí y durante los próximos tres días salimos a descubrir sus sitios icónicos. El primer día, a hora temprana, visitamos los volcanes Jote, Alumbrera y Antofagasta; los tres comparten el color negro y conicidad. Luego nos detenemos en las piedras campanas, unas rocas de origen volcánico basalto que nos hacen viajar en el tiempo. La ruta nos lleva a Antofagasta de la Sierra, a 3300 metros de altura, principal localidad de la Puna catamarqueña. La urbe está asediada por volcanes, lagunas de altura, salares y campos de lava. A corta distancia, desde un mirador en altura, visualizamos la Salina de Antofalla, una de las más elevadas y extensas del país. El gigantesco manto blanco contrasta con las montañas de su alrededor de color naranja, violeta, verde, amarillo, negro y marrón. Resguardados del viento y con el hambre golpeando la puerta, desplegamos un picnic al margen del salar. En el almuerzo, el guía presenta la fauna de la puna, donde la vicuña, el guanaco, la llama, la vizcacha y el zorro andino son habitués, no así el puma. El siguiente hito natural es el salar de Antofalla. A pie visitamos los Ojos de Campo, un conjunto de pequeñas lagunas naturales de tonos naranjas, azules, negro y celeste. Se originan en el agua subterránea salada presente en la depresión de la salina. En un nuevo día, siguiendo los imperdibles, partimos hacia el volcán Galán, un tapado de la región. Posee una enorme caldera volcánica de casi 45 kilómetros de diámetro, de las más grandes del planeta. En su interior hay campos geotermales con fumarolas, formaciones volcánicas, extensas planicies de altura y lagunas de color diamante. Por la tarde visitamos la laguna Pabellón y la laguna Grande, ambas en altura, de aguas frías y salobres, hogar de flamencos y aves andinas. El tercer día en El Peñón culmina con el volcán Carachi Pampa y su laguna. El paisaje contrasta fuertemente: de un lado, el agua y las montañas rojas; del otro, la grava negra del volcán. El camino discurre por un extenso desierto de canto rodado hasta el Campo de Piedra Pómez. El famoso accidente geográfico se formó hace más de 100.000 años por la erupción explosiva del volcán Blanco o Robledo, que expulsó grandes cantidades de lava espumosa. Este material se enfrió rápidamente, atrapando burbujas de gas que crearon roca porosa y ligera, la cual fue modelada por el viento y la erosión durante milenios. El viaje continúa por la Cuesta de las Papas en dirección a Fiambalá, donde la transición del desierto árido y de altura se fusiona con los valles verdes y rocosos. En el descenso, a mediodía, realizamos una parada en unas termas naturales para disfrutar y almorzar. Con los últimos haces de luces atravesamos en varias ocasiones un río pedregoso que nos lleva directo al valle de Fiambalá. Camino a Fiambalá La base de operación en la segunda etapa de la travesía es Fiambalá, icono del oeste catamarqueño. A 1500 msnm es la puerta de entrada a la cordillera y a la Ruta de los Seismiles. Su identidad rural se basa en la producción vitivinícola artesanal, el cultivo del nogal y el olivo. La minería contrasta con el arrieraje andino. El clima es seco y soleado. En los alrededores sobresalen las dunas de Saujil y Tatón, enormes médanos de arena fina ideales para practicar sandboard. A media hora visitamos las Termas de Fiambalá, con sus piletones naturales de aguas cálidas y minerales, ideales para contemplar el valle y el cielo azul de Catamarca. También nos adentramos en la Ruta del Adobe, un circuito cultural y arquitectónico de 55 kilómetros que une Tinogasta y Fiambalá. Aquí yacen construcciones coloniales de más de 300 años capillas, casonas, estancias edificadas con barro, paja y estiércol, dando frescura en verano y calidez en invierno. La última etapa nos somete a lo más profundo de los Andes. Por un camino de ripio y un relieve estepario, avanzamos hacia el Balcón del Pissis, a 4200 msnm. Este famoso mirador de alta montaña se expone a las vistas más impactantes de la cordillera. Desde aquí observamos un paisaje de ensueño sobre lagunas de colores. Con una paz abrumadora, apreciamos los gigantes cordilleranos: el monte Pissis (6793 m), el Ojos del Salado (6893 m), el Tres Cruces (6749 m), Bonete Chico (6759 m) y Incahuasi (6638 m). Todas cumbres de élite y reconocidas mundialmente. Luego llegamos a Laguna Verde para ver un nuevo campo de mar y una vista privilegiada al volcán Los Patos y al Ojo del Salado. La ruta de regreso a Tucumán nos lleva por la Cuesta de Capillita. Este histórico camino de montaña, centro de Catamarca, une los valles con la región minera de Capillitas. El camino sinuoso asciende entre cerros de tonos rojizos y ocres, pastizales de altura y rebaños de ovejas. Tras alcanzar la cima, ingresamos a Mina Capillitas, yacimiento minero histórico del país, conocido por la rodocrosita, piedra semipreciosa emblema de la provincia. Explotada desde tiempos prehispánicos y con mayor desarrollo a partir del siglo XX, la mina fue clave para la economía regional y hoy conserva un fuerte valor patrimonial, asociado a la historia minera y a la identidad cultural de Capillitas. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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