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  • Falleció el conductor radial victoriense Carlos Palmer

    Crespo » Paralelo 32

    Fecha: 20/02/2026 10:40

    El jueves 19 en horas de la tarde enmudeció una voz que durante décadas supo acompañar amaneceres, siestas y noches en Victoria y en un vasto mapa de Entre Ríos. Falleció Carlos Garcilazo, el hombre al que el aire conoció como Carlos Palmer, uno de los nombres que ayudó a modelar el carácter sonoro de AM LT39 y FM 90.3 (de la misma empresa), y a forjar su identidad más entrañable. Tenía 77 años. Decir que fue un hombre de radio resulta casi una obviedad para una vida tan dedicada. Carlitos Palmer no trabajaba en la radio: la habitaba. La recorría como quien camina su propia casa, con la naturalidad de quien sabe dónde cruje el piso y dónde entra mejor la luz. En los estudios de ambas emisoras su voz se volvió una presencia familiar, una brújula diaria para oyentes de Victoria, Nogoyá, Gualeguay, Diamante, Rosario, y tantos otros pueblos donde la radio todavía late en los hogares. Las más leídas Su territorio predilecto fue la música. Allí desplegó su sensibilidad y su oído paciente en programas que ya forman parte de la memoria afectiva de la emisora, como Tangorama e Iracunmanía. En el primero, el dos por cuatro, encontraba una voz que lo entendía; en el segundo, los temas del inolvidable Eduardo Franco adquirían relato y contexto. Palmer no pasaba temas: los presentaba como si los invitara a sentarse a la mesa. Detrás de cada cortina musical había una historia, un dato preciso, una anécdota rescatada de la trastienda de los discos. Pero su pasión por la comunicación oral lo llevó mucho más allá de los estudios cerrados y los guiones prolijos. Fue movilero cuando la calle reclamaba presencia, cronista cuando el pulso de la ciudad exigía inmediatez, compañero solidario en transmisiones especiales, festivales y coberturas comunitarias. Si hacía falta salir bajo la llovizna o quedarse hasta que terminara el último acto, allí estaba. La radio, para él, era servicio y compañía. Desde hacía un tiempo, razones de salud lo obligaron a abandonar el estudio de la radio, aunque su pasión le dio fuerzas para continuar un tiempo más desde su casa. Hoy el silencio pesa distinto en los pasillos de la emisora, su ausencia de los últimos años pesa en el corazón de su audiencia. Se ha ido una de esas voces que, sin buscar protagonismo, terminan siendo parte de la biografía íntima de un pueblo. A su familia, a sus colegas y a esa audiencia dispersa que lo siguió durante años, les queda el consuelo de haber compartido tiempo y aire con un profesional apasionado. No se fue de las emisoras, quedó en su historia porque las voces verdaderamente radiales no mueren, permanecen en el éter, en memoria colectiva, y en este caso, en recuerdos que vuelven cada vez que suena un tango o las inmortales melodías de Los Iracundos.

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