20/02/2026 10:28
20/02/2026 10:28
20/02/2026 10:27
20/02/2026 10:25
20/02/2026 10:25
20/02/2026 10:25
20/02/2026 10:25
20/02/2026 10:23
20/02/2026 10:23
20/02/2026 10:22
» Clarin
Fecha: 20/02/2026 08:13
En la columna anterior hablamos de cómo la obsesión corporal (esa convicción persistente de que el propio cuerpo es defectuoso y debe corregirse) puede impulsar a quienes la sufren a tomar decisiones riesgosas para la salud. En tiempos en que la cultura erige a la "nueva delgadez" (delgada, atlética y tonificada) como meta aspiracional, hoy quiero hablarte de eso: ¿como se internalizan estos ideales y los comportamientos que de ellos derivan? Deseo de belleza En nuestra cultura Homo Videns (u "hombre que ve", de Giovanni Sartori) el deseo de verse y sentirse bello abarca a personas de todas las edades, géneros y nacionalidades. Aunque esta fascinación muy arraigada por la delgadez es mundial, en Argentina el fenómeno es más permeable. Y no es inocuo: aumenta el peligro de desarrollar algún tipo desregulación alimentaria (dietismo, salteo de comidas, atracones o comida emocional), especialmente entre mujeres jóvenes, acompañado de prácticas de ejercicio extremo e innecesario (dos horas de gimnasio todos los días de la semana o ultramaratones, por ejemplo). Esto se ve reforzado socialmente porque, según la evidencia, las personas atractivas tienen mejores resultados en su vida personal, laboral o en la elección de pareja. Los seres humanos tienden a reaccionar de forma más favorable ante ellas, lo que impulsa a mucha gente a desear alcanzar los estándares de belleza dominantes. Y para alcanzar esos ideales se someten a estrategias no siempre seguras o saludables. Adolescencia, una edad crítica La adolescencia y la juventud son períodos críticos en los que somos más vulnerables a la influencia de los ideales, debido a que se atraviesan cambios físicos, se consolida la identidad y cambia la manera de vincularse con los otros. Los ideales de belleza se internalizan principalmente a través de las relaciones sociales desde la infancia, por influencia de la familia, amigos, pareja y medios de comunicación (redes sociales, medios tradicionales, cine, series), mediante la visualización repetida y frecuente de imágenes perfectas y jóvenes en las publicidades. La internalización de ideales genera que se incorporen y acepten como valor cultural, a tal punto que pueden afectar la propia imagen corporal y/o comportamiento personal. El aprendizaje social por modelado u imitación por observación permite que los hijos copien comportamientos como la dieta de los padres, la expresión de insatisfacción acerca del propio peso, o el ejercicio obsesivo para modificar (tonificar o intervenir) el cuerpo. Desde la primera infancia los chicos pueden sentirse insatisfechos con sus propios cuerpos y son sensibles a las normas sociales de peso y apariencia de sus cuidadores, que impactan negativamente sobre su autoestima. Los padres, en particular las madres, desempeñan un papel fundamental en cómo sus hijos, especialmente las hijas, piensan y sienten sobre su cuerpo, la alimentación y el peso. ¿Cómo influyen las madres o abuelas en la infelicidad corporal? En general, las mujeres padecen mayor ansiedad social, prejuicios y desigualdad en función de la apariencia. La internalización de la delgadez como ideal las lleva a emular dicho mandato y, de no lograrlo, surge la insatisfacción con el propio cuerpo. Por lo tanto, las mujeres de la familia están atravesadas por la cultura de la delgadez y el dietismo y desde su propio conflicto impactan sobre sus hijos. Las madres, de hecho, transmiten ideas sobre apariencia física a través de sus propios patrones de dieta y ejercicio más que los padres. El modelado materno del peso, la forma corporal y las conductas alimentarias es potente. Tan potente como la mirada de los padres, cuidadores y adultos que, aún sin palabras, carcome la mente adolescente y taladra sus emociones y autoestima. Una mayor presión sobre la apariencia y el discurso dietante (sobre cuerpo y gordura) se asocia con mayor insatisfacción corporal, restricción alimentaria y conductas bulímicas ( sin ser una bulimia nerviosa). Además, la presión sobre la apariencia de madres y/o abuelas aumenta la probabilidad de las mujeres jóvenes de realizar comparaciones de apariencia e internalizar el ideal de delgadez, lo cual aumenta la insatisfacción corporal. Para complicar el panorama, al estudiar las interacciones madre-hija en las redes sociales se observa que el modo en cómo la madre se presenta en las redes sociales influye en la imagen corporal que tenga su hija, su autoestima y su comportamiento alimentario. Las hijas imitan el comportamiento de la madre comparando su apariencia, lo posteado sobre dietas, y pérdida de peso. ¿Y las parejas? Las parejas también tiene una influencia directa sobre cómo las personas se perciben a sí mismas y a su propia imagen corporal. En particular, las parejas masculinas en las mujeres heterosexuales ejercen una mayor presión para que posean un cuerpo ideal delgado, lo cual genera mayor preocupación. ¿Y los medios y redes? Los medios y las redes construyen realidad. Y luego esa realidad se constituye en la norma social a seguir, por más mortífera que sea. Todos estos bombardean con estereotipos irreales de cuerpos, llevando a la comparación social, la autoexigencia y conductas extremas para alcanzar ese modelo. Nos comparamos con aquellos percibidos similares pero siempre con el que es, muestra o tiene más que nosostros, y eso lo potencian redes y nuevamente la publicidad. En las plataformas es tendencia el fitspiration, que tiene el objetivo de generar el deseo de comer saludable y hacer ejercicio promoviendo imágenes de personas atléticas. Si bien esto suena inocente y positivo, puede generar presión y deseo de delgadez y muscularidad, además de problemas emocionales. Si bien ha surgido el movimiento de bodypositivity (movimiento social que promueve la aceptacion de todos los cuerpos) que desafía los ideales dominantes, independientemente de su forma, tamaño, y características. Su impacto ha sido apenas una suave brisa en comparación con la obsesión por la delgadez y la muscularidad. Las redes sociales son hoy la principal fuente de información. Estas plataformas impulsan a los usuarios a crear perfiles personales y compartir, ver, comentar y dar "me gusta" al contenido generado por pares. Cómo cortar la cadena Tal vez la clave para cuidar nuestra salud, trabajar nuestra autoestima y nuestro bienestar sea revalorizar todo lo que somos, además de un cuerpo. No hay un único cuerpo cómodo ni una sola manera de quererse, cuidarse y valorarse. *** ¿Te perdiste alguna cita al consultorio? Encontrá las últimas acá: *** ¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com Sobre la firma Newsletter Clarín
Ver noticia original